#YolandaGarcés - Reminiscencia de una pandemia

Yolanda Garcés. Trabajadora Social

Porque pasará y, cuando volvamos la vista atrás recordaremos lo verdaderamente esencial; la vida. Esa vida que te permite sentir, abrazar, amar, pasear, ayudar, ser uno más de un engranaje que la mayoría de las veces se muestra perfecto; la sociedad.

Porque el ser humano se crece frente a la adversidad, porque por nuestras venas corre sangre de valientes que se tuvieron que enfrentar a peores monstruos que el coronavirus y también supieron lo que es vivir sin libertad, pasando necesidades, no pudiendo enterrar a los suyos o no poder despedirse de su ser amado, antes de partir a una guerra a sangre fría. La nuestra, la pandemia actual, se lucha con otro tipo de armas; con solidaridad, con ayuda, con generosidad, con el esfuerzo conjunto, de la mano de la ciencia y no de las armas, junto a nuestro vecino, al otro lado de un dispositivo móvil que nos permite estar más cerca de la familia o de la persona amada. Se combate con un sistema público sanitario que cuida y atiende con una entrega mucho más fuerte e intensa que el soldado que decide apuntarse a filas voluntariamente; con un equipo humano de fuerzas armadas y servidores públicos dispuestos a proteger al otro, a velar por la paz y no por la guerra, a ejercer control sobre esas ovejas negras que nunca ven el peligro de apartarse de la senda, y por un conjunto de la sociedad que una vez más, demuestra ser generosa, altruista, y capaz de mitigar los efectos de una situación imprevista, confusa, que provoca desasosiego y un terrible nudo en el pecho que no te deja respirar.

No es la primera vez que al ser humano le toca superar circunstancias traumáticas y hacer frente a las adversidades de la vida, transformando el dolor en la fuerza motora para superarlas y salir fortalecido de ellas. Hasta en el campo de batalla, crecieron las flores al llegar la primavera…
  
Pasará, la tormenta pasará. Se cobrará muchas vidas, como cualquier guerra, nos hará pasar por dificultades, nos generará sentimientos y sensaciones nunca vividas antes. Pero así como nuestros mayores resistieron y siguieron hacia delante, trabajando, levantando un país para hacerlo libre de sus verdugos; nosotros también lo haremos. Ahora nos toca a esta generación, defender y proteger lo importante. Alejarnos del materialismo y volver a la esencia del ser humano, a la ayuda desinteresada a no pensar sólo en uno mismo, sino también en la persona de al lado. Nos toca, hacer el mayor ejercicio de resiliencia de nuestras vidas. Porque no es la primera vez que al ser humano le toca superar circunstancias traumáticas y hacer frente a las adversidades de la vida, transformando el dolor en la fuerza motora para superarlas y salir fortalecido de ellas. Hasta en el campo de batalla, crecieron las flores al llegar la primavera…hasta en el desierto más extenso hay un oasis de agua; hasta en la tormenta más fuerte, brilla el sol de nuevo. En esta pandemia también. Tenemos las armas más poderosas del mundo: la personas.


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