#JoséRamónVillanueva - La «agostada» de 1874 y la «Heroica Ciudad de Alcañiz»


La «agostada» de 1874 y la «Heroica Ciudad de Alcañiz»


Verano de 1874. El Bajo Aragón estaba viviendo por aquel entonces con toda intensidad la III Guerra Carlista: los partidarios de Carlos VII se habían hecho prácticamente con el control militar de toda la comarca. Tras la caída de Caspe, tan sólo Alcañiz permanecía en manos de las fuerzas liberales y ello se debía a que la ciudad era sede de un Gobierno Militar, razón por la cual contaba con una considerable guarnición permanente del ejército, compuesta tanto por unidades de infantería como de caballería. Además, se habían realizado en Alcañiz diversas obras de fortificación como el arreglo de las antiguas murallas, el tapiado de la zona de huertas próximas al ex - convento del Carmen o la construcción de fortines periféricos.

Alcañiz, amenazada por la reacción carlista

Así las cosas, se presentará en el Bajo Aragón un potente ejército carlista con la intención de apoderarse de la ciudad. Su importancia estratégica se debía a que, al tratarse del último enclave liberal en la comarca, impedía a los carlistas su ansiado deseo de lanzarse contra Zaragoza y, de lograr conquistar la capital aragonesa, las fuerzas carlistas habrían logrado la unión territorial de sus dos zonas de operaciones: la vasco-navarra y la levantino-aragonesa, con lo cual la insurrección de los partidarios de Carlos VII hubiera adquirido renovados bríos.


El ejército carlista que se dirigía con la intención de hacerse con el bastión de Alcañiz estaba al mando del Infante Alfonso-Carlos de Borbón y Este, hermano del pretendiente Carlos VII, y estaba compuesto por tropas carlistas procedentes de Cataluña, Valencia y Aragón, así como la unidad de élite del Infante, los “zuavos”. Este ejército había recorrido triunfalmente Cataluña, saqueado con brutalidad la ciudad de Cuenca y, tras su fracaso ante la ciudad de Teruel, que no logró conquistar, iba a intentar desquitarse apoderándose de la fortificada Alcañiz. Para ello, en los primeros días de agosto se unieron a las tropas del Infante Alfonso-Carlos las principales unidades carlistas que estaban operando en el frente de Levante comandadas por Segarra, Pallés, Mosén Josep Tolodella (a) “el cura de Flix” y por el famoso general maellano Pascual Gamundi y Catalán. Todos ellos, tras reunirse en Calanda, se decidieron a avanzar hacia Alcañiz.

El momento elegido para el ataque coincide justo en unas fechas en las cuales la mayor parte de la guarnición se hallaba operando contra los carlistas lejos de la ciudad. Sólo quedaban en Alcañiz algunos soldados del Regimiento de Córdoba y las compañías de Reserva de Astorga y Ávila, razón por la cual la documentación de la época señalaba que “no había más de 800 soldados para defenderla”1, lo que nos daría una idea de la importancia militar de la ciudad cuando contara con toda la guarnición acantonada tras sus murallas. A estas tropas habría que añadir, además, las compañías de la Milicia Nacional que, al mando de Casimiro Cabañero, estaban compuestas por los liberales, progresistas y republicanos alcañizanos.

Desde el mismo momento en que el Infante Alfonso-Carlos se aproximó a los muros de Alcañiz, se organizó rápidamente la defensa: se movilizó a la guarnición y a la Milicia Nacional a la vez que el Gobernador Militar de Alcañiz, Francisco López Lacambra, asumió todos los poderes, tanto militares como civiles de la ciudad. Igualmente, se entregaron armas a todos los “emigrados” liberales de diversos pueblos aragoneses que se habían refugiado en la amurallada Alcañiz huyendo de las amenazas de que eran objeto en sus localidades de origen por parte de los carlistas. Será precisamente a estos “emigrados” liberales a los que se encomendó la defensa de las tapias de la zona del ex – convento del Carmen, uno de los puntos más vulnerables de la ciudad.

Por su parte, los carlistas empezaron a preparar el ataque: Mosén Josep Tolodella (a) “el cura de Flix”, fanático guerrillero carlistas, ocupó con sus hombres los molinos y fábrica de harinas situados al otro lado del puente del río Guadalope, junto al Camino de Zaragoza, la principal vía de acceso a la ciudad. Mientras tanto, Pascual Gamundi situó a sus tropas entre el convento de Dominicas y el molino de los Abinajas, los carlistas comandados por Pallés lo hicieron por la parte de huertas existentes frente al ex – convento del Carmen y, finalmente, los soldados del Infante Alfonso-Carlos se desplegaron desde el Cabezo del Cuervo hasta el barrio de Cantarerías, con lo cual quedaba cerrado el cerco de Alcañiz.

Los defensores, convencidos de la inminencia del ataque, construyeron barricadas en las bocacalles que conducían a la muralla “por si desgraciadamente llegase el enemigo a apoderarse de alguna parte del recinto”2. Igualmente, se preparó precipitadamente un segundo reducto defensivo que permitiría, en caso necesario, la retirada escalonada de los defensores hacia el castillo calatravo que, dada su posición, era el principal y último punto defensivo de la ciudad.


Tres noches de insomnio

El primer intento de asalto carlista se inició hacia las 0:30 horas de la noche del 13 al 14 de agosto. Por ello, el Ayuntamiento Constitucional, temiendo que la oscuridad existente pudiera convertirse en aliada para con los propósitos carlistas, ordenó la inmediata iluminación de todas las fachadas de las casas “bajo multa de 25 pesetas”3 en caso de no hacerlo.

Mientras tanto, los carlistas habían iniciado el ataque contra las zonas más débiles del recinto defensivo, esto es, las tapias de las huertas  y otras defensas construidas precipitadamente “apenas concluidas el día anterior”4. Sin embargo, los ataques de Gamundi y Pallés, aunque llegaron a escalar las defensas de la ciudad, fueron rechazados hacia las tres de la madrugada.

Finalizado el primer ataque, los defensores aprovecharon para evacuar a todos los heridos, los cuales recibieron asistencia por parte de la llamada “Asociación benéfica de la Cruz Roja”, que, por lo visto, por aquellas fechas ya estaba establecida en Alcañiz como consecuencia de la guerra carlista.

Durante este ataque, al igual que en los que se sucedieron con posterioridad, tuvieron una activa participación en las tareas de organización de la defensa de la ciudad tanto el anteriormente citado Casimiro Cabañero, Comandante en Jefe de la Milicia Nacional, como por parte de Manuel Mar, el alcalde constitucional de Alcañiz. De éste último se señaló que permaneció siempre en las zonas de mayor peligro desde donde “ha hecho cuantos disparos ha podido”5. En una de estas acciones, cuando un grupo de voluntarios al mando de Manuel Mar pretendía derribar los muros del fuerte exterior situado en el Monte Calvario que había sido ocupado por los carlistas y desde el cual se hostilizaba a las defensas de la zona del ex – convento de San Francisco, una de las balas le atravesó su gorra de capitán de la Milicia Nacional, aunque no sufrió ninguna herida.

Durante la mañana y la tarde del día 14 los carlistas no se decidieron a atacar de nuevo, tiempo que los defensores aprovecharon para reparar las fortificaciones. Sin embargo, a las 11 de la noche los carlistas volvieron a lanzar un nuevo ataque nocturno “con más intensidad que el del día anterior”, el cual se prolongó hasta las 2 de la madrugada, tal y como se indica en la documentación del Ayuntamiento de Alcañiz, reunido en Sesión Permanente durante aquellos días en que la ciudad estaba siendo atacada. Fracasado de nuevo el asalto a las defensas alcañizanas, el día 15 lo volverán a intentar de nuevo las tropas comandadas por el Infante Alfonso-Carlos de Borbón y Este, el cual tuvo lugar entre las 9 de la mañana y el mediodía. Sin embargo, los defensores lograron mantener sus posiciones mientras que los carlistas no lograron ningún resultado práctico a pesar de su superioridad numérica. Aun así, en la noche del 15 al 16 de agosto intentaron, por tercer día consecutivo, otro ataque nocturno contra la ciudad, aunque en esta ocasión los ánimos carlistas estaban un tanto decaídos y este intento de asalto tuvo menos virulencia que los de las noches anteriores.

La denodada resistencia que ofrecieron los defensores de Alcañiz convenció finalmente al Infante Alfonso-Carlos de la imposibilidad de apoderarse de la ciudad, por lo cual ordenó la retirada hacia Valdealgorfa, dejando, sin embargo, tropas en los alrededores de Alcañiz con la misión de hostilizarla y mantenerla bloqueada.

Ante estos hechos, los defensores permanecieron en actitud de alerta “por lo que no podían abrirse las puertas de la fortificación haciéndose nada más alguna salida para entrar agua”6. Igualmente, durante este asedio, se enviaron, con grave riesgo para sus vidas, emisarios a Zaragoza e incluso a Madrid para solicitar auxilios militares tanto al Capitán General de Aragón como al General en Jefe del Ejército del Centro respectivamente que viniesen en auxilio de la amenazada ciudad de Alcañiz, sometida a un férreo bloqueo por parte de las tropas carlistas. Los demandados refuerzos llegaron finalmente el 31 de agosto cuando una columna del ejército logró entrar en Alcañiz tras desalojar de los cabezos que circundan la ciudad a los carlistas que habían hostilizado a la ciudad desde la retirada del grueso de las tropas comandadas por el Infante Alfonso-Carlos. Finalizaban, de este modo, los 18 días de amenaza carlista sobre Alcañiz.


La recompensa

La actitud de los defensores durante aquellos difíciles días fue ampliamente elogiada. Así, conocidos estos sucesos en Madrid, el Presidente del Poder Ejecutivo, general Serrano, felicitó al Gobierno “por el triunfo obtenido en Alcañiz”. Por su parte, el Consejo de Ministros se planteó la posibilidad de conceder a la ciudad el título de “Invicta”. Sin embargo, la justa recompensa en reconocimiento por la defensa de Alcañiz no llegó hasta un año después de ocurridos estos hechos, cuando, concluido el período conocido como Sexenio Democrático (1868-1874), ya se había restablecido la dinastía borbónica en la figura de Alfonso XII. Así, el 4 de agosto de 1875, el Ayuntamiento de Alcañiz, a la vez que decidió celebrar con festejos populares el primer aniversario de la defensa de la ciudad, solicitó al gobierno de Antonio Cánovas el que, “con objeto de perpetuar tan heroicos hechos, se concediese un título honorífico a la ciudad y una medalla a sus dignos defensores”. Las razones en las cuales se fundamentaba tal petición eran que,

“merced a la heroica defensa hecha en aquellos días por la guarnición, voluntarios y emigrados que se prestaron gustosos a ella, se debió el que esta ciudad no cayera en poder de las fuerzas carlistas, ni sufriera los horrores y desastres que sufrió la de Cuenca…”

Esta solicitud fue tramitada por Francisco Santa Cruz, destacado político conservador turolense de la época. Gracias a “su poderosa iniciativa y activas gestiones”, como señala la documentación del consistorio alcañizano, se consiguió que, el 31 de agosto de 1875, Alfonso XII firmase un Real Decreto mediante el cual se concedía a la ciudad de Alcañiz el título de “Heroica” y cuyo texto literal era el siguiente:

“En atención al relevante mérito que contrajo en el año próximo pasado la Villa de Alcañiz, soportando los rigores del cerco que las facciones del centro la pusieron, y rechazando con valor los repetidos ataques de que fue objeto.

Vengo a concederle el título de “Heroica” del que se ha hecho digna.

Dado en Palacio a treinta y uno de agosto de 1875

Alfonso”

Pese al error de denominar a Alcañiz como “villa” y no como “ciudad”, el cual será días más tarde rectificado, este título honorífico fue recibido, tal y como relata el Ayuntamiento alcañizano,

“con gran satisfacción al ver concedido a esta ciudad tan glorioso como merecido timbre, que era sin duda alguna el honroso premio de la inmortalidad otorgado a la heroica defensa de esta plaza contra las numerosas huestes carlistas en el memorable sitio sufrido”7.

Por otra parte, esta distinción se celebró en la ciudad con un repique general de campanas, así como con diversos festejos populares como “la salida de cabezudos acompañados de la dulzaina”.

A partir de entonces, el Ayuntamiento de Alcañiz lucirá con orgullo en todos sus documentos el preciado título pasándose a denominar “Ayuntamiento Constitucional de la Heroica Ciudad de Alcañiz”. 

Sin embargo, con el paso de los años irá decayendo su uso hasta que, debido a diversas circunstancias y, sobre todo a la losa que supuso la dictadura franquista, tan honroso título llegó a desaparecer totalmente de la documentación municipal y de la memoria ciudadana.


Recuperar nuestra memoria

Hoy, 147 años después de aquella heroica defensa de la ciudad, cargada de significación política de signo progresista, considero que sería bueno recordar de alguna manera lo que supuso la “Agostada” de 1874. En este sentido, podríamos citar el ejemplo de la ciudad de Zaragoza, que tiene a gala haber recuperado la tradición y la fiesta de la Cincomarzada, originada como consecuencia de un acontecimiento bélico similar a los ocurridos en Alcañiz en aquel agosto de 1874: el frustrado intento de asalto nocturno llevado a cabo por el general carlista Juan Cabañero y Esponera, natural de Urrea de Gaén, contra la capital de Aragón el 5 de marzo de 1838, esto es, durante la I Guerra Carlista.

Por todo ello, considero que sería bueno recuperar y divulgar el título de Heroica en todos los acontecimientos y menciones que hagan referencia a nuestra ciudad, así como en la identidad corporativa de nuestro Ayuntamiento. Sería este el mejor homenaje a la memoria de aquellos alcañizanos que lucharon por la defensa de los valores constitucionales frente a la reacción carlista que pretendía aplastarlos. Además, con ello recuperaríamos una parte de nuestra historia, tan olvidada a veces, al mismo tiempo que reafirmamos la vigencia y fortaleza del constitucionalismo democrático, fundamento de todo Estado de Derecho, algo especialmente necesario en estos tiempos en que emergen de nuevo, los negros espectros de la reacción y el neofascismo.

 

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