La última generación: El futuro de la juventud bajoaragonesa ante la pandemia

Annabel Roda - periodista freelance
junio 2021 ACTUALIDAD | EDUCACIÓN | PANDEMIA CORONAVIRUS | JÓVENES

Marta Aznar, Sandra Lasmarias y Pilar Franco estudiantes del IES Bajo Aragón de Alcañiz nos dieron para este reportaje la mirada de la juventud bajoaragonesa. // A. Roda


La última generación


“¿Qué pasa si mañana ya no es mañana? / Si ya no queda tiempo para esa casa / Todo lo que ve’ ya no vale nada / La herencia que dejas es para olvidarla” canta C Tangana, el icono musical de la generación millenial y Z, en su éxito ‘La última generación’. Unas letras a ritmo de trap que son el vivo espejo y sentir de una generación que no ha parado de saltar de una crisis a otra. Una crisis que comenzaba en el 2008 y que ha continuado retorciéndose hasta la crisis de la COVID-19.

“No tengo ni idea de qué hacer con mi vida. Pero con este horizonte no veo que tenga más posibilidades. Ahora todo es más estricto, más difícil conseguir trabajo, más exigente con el curriculum. Te piden experiencia, te piden de todo. Cada vez piden más cosas, el paro sube cada vez más… Pues muchas expectativas no tengo”. Al otro lado del teléfono me explica con voz dubitativa y con el “no sé” constante su visión del mundo Inés Cortés (18), caspolina y estudiante de grado medio de Administración en el IES Mar de Aragón. A través de un llamada de Zoom converso con Marcos Rollo (17), alcorisano y estudiante de bachillerato en el IES Pablo Serrano de Andorra. Ante la pregunta ‘¿vivirás mejor que tus padres?’ su respuesta vislumbra cierta esperanza en un presente lleno de incertezas. “Estamos a tiempo aún de vivir diferente pero con la misma calidad de vida que la de nuestros padres. Si todo sigue como hasta ahora: la crisis climática, las desigualdades en aumento, la inestabilidad de las pensiones, el paro... Todo va a afectar al mercado laboral. Cada vez va a ser más difícil encontrar trabajo y la verdad, asusta”.

Cuando hablamos de jóvenes en ocasiones viene a la mente la palabra ‘futuro’. Un término que, sin embargo, puede llegar a desesperar, más aún en una pandemia global. “Te hace sentir incertidumbre no saber lo que pasará, te agobia porque a lo mejor estás haciendo algo ahora que luego no te servirá. No sabes si podremos seguir igual que antes o no”, dice Carla Agud (17), valderrobrense y estudiante de bachillerato en el IES Matarraña. Otra caspolina, Inés Barato (17), estudiante de bachillerato en el IES Mar de Aragón de Caspe, espera y desea que el futuro no se le complique pero admite que aún sabiendo que todo parece difícil “estoy concentrada en lo que pasa ahora”.

En este “ahora” lleno de mascarillas, limitaciones de aforo y hasta hace pocos días, toques de queda, la vida de los jóvenes también se ha visto alterada en sus clases donde muchos han asistido semipresencialmente al instituto y también en su crecimiento personal. “Nos dicen que son los mejores años de nuestra vida y están siendo los más aburridos, sin poder hacer nada”, cuenta Marcos. Si sienten que les están robando la juventud, la valderrobrense Carla admite que sí que nota ese robo. No ha podido llevar a cabo el viaje final de curso con sus compañeros y compañeras y asume que es una experiencia perdida. Y en esta resignación no solo se trata de un simple viaje sino de una época vital en la que se ansia el descubrimiento de nuevas experiencias, el goce de la autonomía y la independencia, en este último año frustrados.

Salud mental


—En mi clase si que ha habido bastantes ataques de ansiedad pero en la propia aula —dice Sandra.

—En casi en todas las clase ha pasado —añade Marta.

—En el segundo trimestre me acuerdo que un día cada mes veía a una persona que le estaba dando un ataque de ansiedad. Es algo muy alarmante, que este año esté haciendo perder tu salud… —sigue Sandra. Pilar las mira y sus ojos parecen asentir lo que explican sus compañeras.

Estamos en la biblioteca del IES Bajo Aragón en Alcañiz, las ventanas están abiertas y aunque haga calor es un símbolo de que estamos en pandemia y frente a mí están sentadas Sandra Lasmarías (18), Marta Aznar (18) y Pilar Franco (18) estudiantes de 2º de bachillerato en las especialidades de Humanidades, Ciencias y Artes y procedentes de Alcañiz, Calanda y Caspe respectivamente. Pregunto muchas cuestiones y sale a la luz, como quien no quiere la cosa, los numerosos casos de ataques de ansiedad que han sufrido muchos de sus compañeros y compañeras durante este curso. Han sido tan habituales como silenciados estos episodios llegando a sucederse en medio de una clase, según cuentan estas tres estudiante. “No hay recursos o no se está buscando soluciones a la situación que se está viviendo en las aulas durante este curso”, dice Sandra. Acto seguido Marta añade: “la ansiedad en este año ha estado muy presente”.

Sandra me mira seriamente tras su mascarilla y me dice: “aunque no seas tú el que sufra el ataque, solo de ver a una persona al lado que le estaba dando… Pues impacta. Ver a una persona que lo está pasando así. No sabes qué hacer ni a veces tampoco los profesores. Supongo que cuando lo veamos con perspectiva dentro de unos años diremos que solo era un examen, que una nota tampoco nos iba a determinar nada pero desde dentro lo ves diferente”.

Una ansiedad que el alcorisano Marcos admite que ha sufrido en los últimos meses. “Yo no tengo ataques de repente, pero sí me he agobiado mucho y apareció la ansiedad en el segundo trimestre cuando me empecé a aburrir muchísimo. Es un periodo en el que solo estoy estudiando y haciendo los exámenes de 1º de bachillerato, pero sin nada más positivo como tener nuevas experiencias o más autonomía. Esto me produce una ansiedad constante”, cuenta.

En cambio, la caspolina Inés Cortés me confiesa que no ha padecido agobios ya que el confinamiento y estos meses de pandemia la han “pillado” en unos estudios de grado medio que no son tan exigentes como el bachillerato. Carla, desde Valderrobres, también explica que no conoce gente de su entorno que haya sufrido ataques de ansiedad pero admite que en los meses de encierro el agobio y el estrés fue generalizado.

Joven rural


Las restricciones y cambios en el estilo de vida que nos ha traído la pandemia han erigido a los pueblos como lugares mucho más cómodos que las grandes ciudades y los jóvenes de pueblo son conscientes de esa ventaja frente a sus homólogos urbanos. “Siempre hay alguien con alguna casa de campo, con algún huerto al que ir y tenemos más libertad. La gente en la ciudad no tiene esos espacios”, reflexiona Inés Cortés. A lo que Leire López (17), estudiante de bachillerato y procedente de Alcorisa hace referencia a los cambios en los hábitos sociales que se han visto obligados “hemos hecho muchas más actividades al aire libre como andar o ir a comer al pantano porque espacios cerrados solo hay el bar y poco más”. En esa misma conversación de Zoom, su compañero Marcos sigue diciendo: “al final la vida social aquí se resume toda en ir a un sitio y gastarte dinero. No hay un sitio en que digas ‘pues vamos a hacer este tipo de acto para pasárnoslo bien’. Tenemos que ir a bares o andar por ahí”.

Con estos dos factores sobre la balanza, es inevitable preguntar sobre si ven el pueblo como un lugar en el que desarrollar su vida. Leire no cree que sea un sí o un no al pueblo. “Con lo que quiero estudiar [Enfermería] me da la oportunidad de poder estar aquí o irme a la ciudad. Personalmente me gusta mucho el pueblo pero también me gustaría ver un poco más allá, poder conocer más cosas. Seguramente acabe volviendo aquí o a otro sitio que sea un pueblo también, no tiene por qué ser Alcorisa”. Mientras que la caspolina Inés Cortés se muestra contundente: “aquí no me voy a quedar. No hay tantas oportunidades y además, te conoce todo el mundo”. La valderrobrense Carla se muestra más dubitativa en esta cuestión: “Si tuviera que irme por trabajo no me importaría, pero tampoco veo mal quedarme”.

Todos los jóvenes son unos…


“Creo que ahora parece que todo sea culpa de los jóvenes y nos han incluido a todos en una misma etiqueta como si todos hiciéramos lo mismo. Al igual que ha habido adultos que no han sido responsables también ha pasado con los jóvenes. Seguro que hay tantos adultos como jóvenes que han hecho botellones o fiestas”, razona Carla Agud, sin una pizca de indignación en sus palabras. “Nos ponen a todos en el mismo saco. Incluso paseando con mis amigas o tomando algo y nos decía alguien por la calle que los jóvenes no respetábamos las normas. ¡Jolín! Tampoco estoy haciendo nada grave. He oído comentarios de la gente de que a los jóvenes no nos afecta lo que está pasando y piensas: ’que el virus no solamente se está expandiendo por mi culpa’”, dice Inés Barato.

Los titulares de botellones y fiestas ilegales, contenedores quemados en las manifestaciones por Pablo Hassel o la campaña informativa de la Comunidad de Madrid sobre los riesgos de la crisis sanitaria con eslóganes como ‘Esa ronda de chupitos la paga tu abuelo’ o ‘Saltarse la cuarentena puede acabar con tu mejor amigo en la UCI’ son ejemplos que no han hecho más que criminalizar y señalar a los jóvenes en estos últimos meses.

Para Sandra, Marta y Pilar -las estudiantes del IES Bajo Aragón- no hace falta irse a esos titulares y manifestaciones que les quedan lejanos, han vivido en sus propia piel el desprecio y los prejuicios que acarrea el hecho de ser joven en la misma comarca. Me cuentan que hicieron pública una carta en la que mostraban su descontento por la anulación repentina de un día no lectivo con el cual tenían previsto estudiar antes de una semana llena de exámenes. “Se nos acusó de que solo queríamos unos días para salir de fiesta cuando estábamos especificando claramente que el objetivo era estudiar. Hubo muchas críticas, comentarios fuera de tono, se nos acusó de malcriados, de mimados…”, explica Sandra con semblante serio y algo dolida. Con una mirada azul intensa Marta sigue: “Esperábamos que se entendiera nuestra posición, que nuestro futuro depende de las notas que sacamos en 2º de bachillerato, que nos hemos puesto los exámenes más gordos la semana después de este puente para aprovechar, que ya veníamos de semanas anteriores duras y que de un día para otro nos suspendan ese día, molesta”.

—¿Creéis que es posible quitarse estos estereotipos por ser joven? —pregunto.

—Veo imposible quitarlos —res-ponde Sandra

—Todo es por una minoría y luego se generaliza —dice Pilar.

Las preocupaciones de las jóvenes bajoaragonesas son numerosas y diversas y estas líneas no las pueden abarcan todas ni lo pretenden. Las voces de Sandra, Marta, Pilar, Inés, Marcos, Leyre e Inés muestran su visión del mundo que es parcial e incompleta como la de todos y todas, pero para comprender la percepción de los jóvenes habrá que empezar a escucharles más. Como canta C Tangana: He perdido el tiempo intentando explicártelo / Qué estúpido que ha sido escribir esta canción / Si llevas pa' entretiempo, es difícil planteártelo / Que puede ser que sea esta la última generación.■

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