La silenciosa agonía de la cultura

Annabel Roda - periodista freelance
marzo 2021 ACTUALIDAD | CORONAVIRUS | CULTURA | 

Sala La Barraca 2.0 en Cretas.

La silenciosa agonía de la cultura

El tejido cultural de los pueblos del Bajo Aragón Histórico se encuentra en peligro ante las consecuencias de la Covid


“La pandemia ha traído un desánimo y una tristeza impresionantes porque el teatro nos daba vida”. Quien habla es Fina Salas, miembro del grupo de teatro La Tertulia de Albalate del Arzobispo. Como otras muchas mujeres del territorio, Fina ha cuidado de su hija y ha asumido los cuidados de sus padres dependientes durante años. El teatro era su refugio, un lugar donde 16 mujeres de forma amateur preparaban obras teatrales para hacer reír a sus vecinos y vecinas e indirectamente, cuidarse entre ellas y olvidarse de su día a día. “Era una evasión el irme dos horas a ensayar, también lo fue para otra compañera que padecía un cáncer de mama, para la que carga con el cuidado de sus mayores, con la separación de un marido… O sea, estar en el grupo de teatro ha sido siempre una evasión para nosotras”. Esta crisis sanitaria ha paralizado sus ensayos y la última obra que iban a representar como despedida tras más de 25 años de recorrido del grupo.

La llegada de la covid ha hecho estragos en el sector cultural y creativo. Según la Unesco, en marzo de 2020 las pérdidas de ingresos de la industria cinematográfica mundial se cifraban ya en unos 7.000 millones de dólares, y para los próximos cinco años se prevé que ascenderán a 160.000 millones. En la industria de la música, una interrupción de sus actividades durante seis meses ocasionaba una pérdida de más de 10.000 millones por concepto de patrocinios. Mientras que en el mercado mundial de la edición de libros en 2020 se registró un retroceso del 7,5% con respecto al año anterior. Cifras mundiales que visualizan la caída estrepitosa del sector cultural a nivel económico, pero lo que se ha parado son cosas a la vez más pequeñas y más grandes, más íntimas y también más colectivas que un gran rodaje o una cifra de ventas. Se paró la cultura de base, la cultura del día a día de los pueblos, la creada y producida por y para la gente.


La cultura pasa por la autogestión

Rodeados de sillas apiladas que cogen polvo, paredes llenas de fotografías de antiguos conciertos y un escenario al fondo con una batería preparada para que alguien lo toque, Fernando Mallén montó en los bajos de su propia casa en Cretas esta sala de conciertos bajo el amparo de la asociación cultural La Barraca 2.0 con la que se da un espacio a la música en directo en el territorio tras más de una década gestionando la sala de conciertos La Barraca en el mismo municipio matarrañense. El cretense confiesa que “la cultura pocas veces da dinero y si pensamos que en un pueblo como este, de 550 habitantes, tiene que venir alguien de fuera a hacer algún tipo de negocio en cultura es complicado. Tiene que ser la misma gente que vive en ese lugar la que lo organice”.

En el mundo rural, por norma general, son los propios vecinos los que buscan soluciones a los problemas. Los últimos temporales de nieve lo atestiguan con tractores haciendo de quitanieves. Eso mismo sucede con la cultura. Los habitantes de un municipio se autogestionan para traer oferta cultural y por eso, no es de extrañar que cada pueblo del Bajo Aragón Histórico cuente con una red de asociaciones culturales y de diferentes espectros que dinamizan la vida cultural y social. Desde la Asociación Casa Bosque, una agrupación cultural de reciente creación que busca ofrecer un espacio de intercambio sociocultural en Caspe, explica una de sus integrantes, Cristina Ferrer, que “en muchas ocasiones ha sido gracias a las actividades que hemos hecho voluntarios en asociaciones que hemos tenido opciones de ocio y de cultura en nuestros pueblos”. También lo piensa Fina y la dinamización que ha traído en Albalate desde hace años La Tertulia. “A raíz del grupo de teatro se movilizó a jóvenes para celebrar festivales benéficos y se picó el gusanillo del teatro a la juventud”.


Digitalización de la cultura

A punto de cumplir un año de la declaración del Estado de Alarma y con ella la inauguración de la era post-Covid, la vida se trasladó en los meses de encierro a las pantallas. Una tendencia que ha continuado en los siguientes meses y todo apunta a que la pantallización de la cultura ha venido para quedarse, pero ¿puede trasladarse esa realidad al mundo rural?

El grupo de teatro La Tertulia lo intentó durante esos duros meses de confinamiento con vídeos caseros interpretando personajes de humor y mantener el ánimo. Sin embargo, todo quedó en unos vídeos, sin ensayos y con una obra de teatro sin fecha de estreno a la vista. Según el técnico de cultura de la Comarca del Matarraña, David Arrufat: “el tema online ha sido un recurso en un momento en el que estábamos en casa y una forma de que te llegase algo, pero hay un sector muy envejecido que no sabe acceder y otro que sí lo maneja pero una gran parte de él nos demanda esperar a poder hacerlo presencial”. Mientras que el cretense con una sala de conciertos en su garaje y también músico en la banda Ya Babé, “a la cultura la han salvado en parte las pantallas. Cuando estuvimos confinados pudimos leer libros, ver películas, conciertos, series. Todo eso es cultura y nos ha ayudado mucho, pero hacer conciertos a través de una pantalla no me convence ni como espectador ni como músico. Me resulta extraño, no hay contacto visual, ni bises... no lo puede sustituir una pantalla”.

Ese contacto insustituible del cara a cara de la cultura es lo que también hacen los festivales del territorio. La Quema de Artistas en Beceite, el Festifal (el Festival de Cortos de Temática Rural) en Urrea de Gaén o el Festival del Castillo en Alcañiz forman parte de esa gran lista de festivales que dan un soplo de aire nuevo al panorama cultural de la zona y que se han visto cancelados en su última edición. Según la Federación de la Música de España, Es_Música, se celebran unos 700 festivales profesionales en el país y prácticamente el 90% han tenido que ser aplazados o suspendidos.

Muchos de estos festivales son apoyados por voluntarios del propio territorio como es el caso del cretense Mallén. “Estos festivales se hacen en verano y son chispas, crean la perspectiva de tener unos eventos con determinados artistas los cuales, si no vas a una capital, no los verás. Es el único tipo de festival que hace que puedan venir un elenco de artistas y la gente de aquí los pueda ver prácticamente desde casa”, a lo que sigue el miembro de La Barraca 2.0, “estos festivales tienen la vida asegurada. Estamos hablando de festivales de 400 personas como mucho... Se pueden hacer con las medidas de seguridad acertadas. Quizá salgan más propuestas de este tipo”.
 

¿Salvar la cultura?

A la paralización de la actividad asociativa, de los festivales y conciertos cancelados, estrictas medidas de seguridad en teatros y salas de exposiciones, lo que ocupa gran parte del debate es el tamaño de las terrazas o la limitación de aforo de la restauración. Según el colectivo Alerta Roja, que agrupa a diferentes espectros del sector cultural a nivel estatal, expresan en su último comunicado que se da “un agravio comparativo con otros sectores donde también se produce la concurrencia de personas. Mientras parece evidente la necesidad de reactivación urgente de sectores como la hostelería y el turismo, también en este regreso la cultura siente la necesidad de seguir siempre explicándose, de poner una y otra vez notas al pie de su valor”.

A la pregunta sobre si se ha dejado de lado a la cultura, todos los entrevistados para este reportaje

-con matices- lo confirman. Cristina Ferrer cree que el sector no se ha quejado tanto. “Yo no sé si es porque somos menos los que nos interesa la cultura, pero se nos ha oído menos. Me da rabia decirlo, pero en los pueblos también hay muchos menos interesados”. A lo que Mallén apunta “por un lado, nos han dado subvención para hacer determinadas cosas y por otro lado, había una serie de restricciones que sabías que no podías hacerlo. Te dejaban hacerlo pero te aconsejaban que no lo hicieras. Ha imperado el no hacer nada y así evitarse hipotéticos problemas”. Por su parte, Daniel Millera, técnico de cultura de la Comarca del Bajo Aragón habla que no existe un único interlocutor que represente a todo el sector cultural y canalice todas las demandas como sí sucede con la restauración, por lo que es evidente que se escucha más a un sector que otro.

Llegados a este punto y echando la vista al territorio, ¿cuál es el papel de la administración para evitar esa decaída cultural? Desde el departamento de cultura bajoaragonés explican que este año su principal objetivo es la ayuda directa al sector cultural profesionalizado del territorio “que son los que se han quedado peor en la pandemia. Hicimos un inventario de empresas culturales y decidimos hacer una producción propia contando con personas del territorio”. Al este del Bajo Aragón, el técnico de cultura matarrañense comenta que no existe un sector profesionalizado en esa comarca. “Es la misma administración la que hace producción cultural y nos queda hacer seguimiento y apoyo a esas asociaciones amateur”. Aunque las ayudas directas son muy reducidas, según Arrufat, “porque ya venían de un período pre-Covid repleto de recortes”.

Desde la Asociación Casa Bosque detalla el inexistente soporte por parte de la Administración. “El apoyo que recibíamos era sobre todo, económico y con la situación actual, nosotros necesitamos pagar gastos corrientes de este año y eso no lo pueden pagar. Luego, si hemos sentido su apoyo en cuanto a animarnos a hacer cosas y seguir con la actividad, pero nosotros no nos hemos atrevido”, comenta Cristina Ferrer. El mismo sentir expresa Mallén que no cree que haya habido un apoyo por parte de la administración. “En ámbito local, supongo que el miedo o por precaución a que pueda pasar algo hay muchos ayuntamientos que se han cerrado en banda. Por eso, reclaman la mayoría de artistas que la cultura es segura. Las actuaciones que nosotros mismos hicimos con las restricciones que nos exigían este verano, si las cosas están controladas y en principio no tiene por qué haber problemas. El problema está cuando se hacen fiestas incontroladas”.
 

Asociacionismo cultural en declive

La Puebla de Híjar con tan solo 900 habitantes cuenta con más de diez asociaciones de todo ámbito. No es extraño que Pedro Bello, alcalde de la localidad, alardeé con añoranza de la actividad cultural y ferviente que tenía el municipio antes de la pandemia. “Están la Asociación Fuera de Tono, los grupos locales de música, los dulzaineros, asociaciones de patrimonio, la asociación de mujeres, la juvenil… La Puebla es uno de los municipios más activos en tema cultural y ahora no hay nada”, dice Bello. La biblioteca municipal y su club de lectura funcionan con las medidas sanitarias exigidas, pero “intentamos este verano hacer un espectáculo de teatro infantil y luego, un concierto y no funcionó. Fuimos muy rigurosos, e incluso reducimos más la capacidad del aforo permitida, pero no se acercaron más de 35 a 40 personas cuando el aforo era de 60. La gente tiene miedo”. Al mismo tiempo, el alcalde de La Puebla habla del dilema que genera este contexto pandémico. “En estos tiempos siempre tienes la duda de sí animar demasiado a la gente y que, luego, se pase de la raya. O bien, si no animas nada estás parando un tejido porque, cuando volvamos a cierta normalidad, a muchas asociaciones les costará volver a despegar. Ya partíamos de una situación en que las asociaciones, como son las de ámbito voluntario, siempre están los mismos o no se renuevan sus miembros, o muchos de ellos ya son mayores”.

Un presentimiento del futuro del tejido asociativo que también percibe el técnico de cultura del Matarraña: “cualquier actividad cultural pasa principalmente por la gente de esas asociaciones de esos pueblos y con la pandemia ha quedado tocado. Si ya había grupos que tenían dificultades para reunirse, ahora con la pandemia ha sido la guinda para enfriar esa actividad”. Aunque el técnico también advierte desde su perspectiva más optimista que la gente salga con más energía y ganas tras esta situación de restricciones para llevar a cabo actividades.

A pesar de la tristeza que le produce a Fina no poder reunirse de nuevo con el grupo de teatro y haberse quedado a las puertas del estreno de su obra de despedida, saca fuerzas e ilusión para decirme -y decírselo en voz alta a sí misma- que esa obra de despedida se estrenará tarde o temprano, que volverán a sacar unas últimas carcajadas al público y a seguir riendo juntas.■

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