#JoséAntonioSola - Las nuevas profesiones

José Antonio Sola. Economista

Andan estos días engañándonos con las nuevas profesiones. Parece que todos se hubieran puesto de acuerdo en decirnos que la más buscada es piloto de drones.


No es así, la más buscada, y deseada, es otra. No tiene nombre oficial, pero podría llamarse así: “Imaginador de hechos imponibles”.

Se adapta bien a las nuevas generaciones formadas con los recientes programas educativos, esos del “instruir deleitando”, los que han hecho trabajos manuales con goma Eva. Ese plus de imaginación y creatividad es necesario. Carecemos de él los de los antiguos programas educativos rígidos y memorísticos.

Pero el trabajo se reparte, una vez imaginado el nuevo hecho, los más antiguos y prosaicos determinaremos el método para calcular las bases liquidables y las cuotas a pagar. Después el sistema legislativo publicará eso con una cierta imprecisión, lo que dará lugar al despliegue de un jugoso sistema sancionador.

Poco a poco avanza: Impuestos medioambientales, al azúcar, al agua, a las transacciones financieras… Es una profesión difícil. ¡Se paga ya por tantas cosas…!

Pero no se desaniman, y si no encuentran nuevos hechos gravables siempre les queda aumentar las tasas…

Todo ello bajo la atenta mirada de la reina, me refiero a la gobernante perpetua ajena a los debates del sistema de gobierno. Ella gobierna siempre, me refiero a la “reina estadística”. Ella dirá si ese nuevo impuesto es conveniente.

No es una mala persona, pero tiene su punto, su paciencia. Es sensible a las frecuencias y a las probabilidades asociadas.

Cuando se le excita no tiene piedad.

Si uno se mueve en lo normal, no tiene nada que temer. Lo acoge bajo la curva normal.

La tiene tomada con los motoristas, por ejemplo. Solo dos ruedas y una relación favorable de peso y potencia la excitan, se lleva algunos por delante cada fin de semana.

Ahora, en la pandemia, centrada en los resultados del numerador y el denominador, actúa sin contemplaciones si algo se le altera. Una fiesta de cien en un solo local (denominador) y un número de mascarillas insuficiente (numerador). Eso son frecuencias y probabilidades inaceptables, ¡todos confinados!

La reina estadística rige las normas de la pandemia. Nunca se ha fijado en alguien concreto. Lo suyo son los grandes números. Los políticos la temen, saben que un desfase entre el numerador y el denominador la excita y se vuelve irascible. Las normas son para ella: Menos gente en casa, menos tiempo de apertura, menos gente en el local…

No pueden hacer otra cosa. Son sacrificios a la reina. ¿Se hacen los necesarios?

En el juego entran también los infiltrados, los estadísticos del lado oscuro. Los asesores políticos. Estos intervienen compaginando probabilidades de impuestos, de salud y de intención de voto. Es otra profesión no tan nueva pero en expansión. La podríamos llamar “Mezclador oportunista de estadísticas”

Su principio es que las normas y decisiones de gobierno no deben alterar, o si lo hacen que sea mínimamente, la intención de voto.

Tienen un arma complementaria, la propaganda. Si se sospecha que los mayores no han sido aceptados en el sistema de salud se contraprograma con muchas imágenes de algunos mayores entre aplausos. La frecuencia creadora de una opinión queda de este modo contrarrestada. La salud queda en segundo plano.

Si un impuesto es impopular, como el ICA se le cambia de nombre.

Quedaría reeditar, renovar, restablecer, fomentar una antigua, clásica actitud, la del “ciudadano prudente”. Deberíamos convertir esa actitud en una profesión. Es una persona proactiva, interesada por lo que pasa. Incompatible con oportunistas y trepadores. Procurador de una vida ética y responsable.

Previsor, consumidor consciente, detector de mentiras, ávido de información veraz.

Muchos de estos cambiarían la situación. La reina estadística sacaría del sistema a los que aciertan pocas veces (numerador) y con eso perjudican a la mayoría (denominador).■

 


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