Jesús Jaime Navarro: «Lo que soy hoy se lo debo a Alcañiz y al Bajo Aragón»

Jesús Jaime Navarro. Párroco de la Iglesia de El Portillo -Zaragoza-

Jesús Jaime, actualmente sacerdote y párroco en El Portillo en Zaragoza, fue párroco de Alcañiz desde 1995 a 2013 y anteriormente en varios pueblos del Matarraña. Se sigue guardando en el Bajo Aragón un profundo cariño y respecto a su figura más allá de creencias religiosas. Todo lo que un pastor de almas podría soñar. Por Ramón Mur

Llega a hora todavía temprana al despacho parroquial con tres cafés para compartirlos con dos mujeres que trabajan en las oficinas de la Parroquia de El Portillo de Zaragoza. Jesús Jaime es de esos curas convencidos de que su labor pastoral es, por encima de todo, un servicio permanente a la sociedad hasta en los detalles que puedan parecer insignificantes. “Soy un cura de pueblo”, dijo al llegar en 1995 a Alcañiz, de donde se fue en 2013. Antes, en su primera etapa sacerdotal había pastoreado almas en La Fresneda, La Torre del Compte, La Portellada, Ráfales y La Cerollera. Todo un recorrido pastoral por el Matarranya. Por eso ahora afirma que “lo que soy se lo debo a Alcañiz y al Bajo Aragón”, tierra de la que guarda un recuerdo que califica de “perdurable”. Jaime es también profesor de Moral y Ética en el Seminario Mayor de la Archidiócesis de Zaragoza. Su magisterio está asentado en una experiencia vital, cimentado sobre la realidad de un día a día en el que el la Iglesia se acerca a los menesterosos gracias a curas como Jesús Jaime, que es un ciudadano más, el vecino cura de la barriada de El Portillo de Zaragoza.


¿Cómo se encuentra un sacerdote católico en el mundo de hoy? ¿Mejor o peor que hace 30 años?

La verdad es que desde la perspectiva personal de un cura como yo, la vida sacerdotal se vive de la misma manera que hace 30 ó 40 años, en el sentido de que la motivación vocacional no se ha perdido. Pero indudablemente el mundo de hoy es diferente, la vida ha cambiado mucho y la sociedad es bastante más secularizada. Pero yo mantengo la misma actitud de siempre ante el mundo. Hay diferencias, claro, entre la población rural y la urbana,  por ejemplo. Pero tengo que decir en los dos ámbitos yo he encontrado, y sigo encontrando personas que respetan el papel del sacerdote católico.

 

¿Necesita la Iglesia otro gran revolcón como el del Concilio Vaticano II para adaptarse a los signos de los tiempos? 

La Iglesia vive ante el reto constante de adaptar su mensaje evangelizador a los signos de los tiempos, y eso fue el Concilio Vaticano, pero lo es hoy y lo tiene que ser siempre. Ahora vivimos otra coyuntura muy especial ante la que tendremos que responder. Continuamente nos tenemos que estar convirtiendo, no es solo cuestión de un momento temporal preciso. Siempre estamos obligados a cambiar como personas. Ahora mismo, en la situación en que nos encontramos no podemos actuar como si estuviésemos en enero de 2020. Nos encontramos ante el desafío de una  continua evolución y frente a esos cambios en la Iglesia tenemos que reaccionar no sé si con un nuevo Concilio formalmente tal, quizá con sínodos episcopales fuertes … y  convocados con mucha frecuencia. En todo caso, los cambios en la Iglesia han de realizarse con la mayor participación posible de todos sus miembros. Con presencia de obispos, sacerdotes, laicos, hombres y mujeres en una dirección menos clerical y mucho más plural. Eso, sin la menor duda. Todas estas actuaciones de la Iglesia no pueden ser monolíticas sino muy plurales.


¿La archidiócesis de Zaragoza tiene en monseñor Carlos Escribano el pastor que necesitaba?  

Yo lo veo, por las reuniones a que nos ha convocado en los primeros momentos de su gobierno de la Archidiócesis, como en una actitud de escucha. En una comunidad católica a todos nos corresponde hacer presente  la Buena Nueva de Jesús. Y en esa tarea, todos tenemos que participar con el obispo porque el trabajo es de todos.  El nuevo Arzobispo ha sido obispo de Teruel y es muy joven, dos cualidades importantes para conocer la realidad aragonesa y disponer de un especio temporal amplio por delante para realizar su tarea.

 

¿La Iglesia tendría que  conceder al Arzobispo de Zaragoza el capelo cardenalicio que perdió como consecuencia del asesinato del cardenal Soldevila en 1923?

Ese es un concepto trasnochado  y que responde a un modelo de Iglesia jerárquica y no plural. La comunidad cristiana es mucho más que eso, mucho más que distinguir  a una persona por su cargo hay que ensalzar la dignidad de la colectividad de creyentes. Nuestra diócesis no es Zaragoza como metrópoli, por así decirlo, sino las personas a las que servimos.


Usted es delegado diocesano de Ecumenismo. ¿Hay buena sintonía y convivencia en Zaragoza entre los pastores católicos y los de otras religiones?

 El nivel de diálogo interreligioso en Zaragoza es bastante alto aunque queda mucho hacer, sin duda. En la delegación trabajamos cuatro personas y organizamos encuentros y otras actividades como la Semana de Oración por la Unidad de los cristianos. Vamos descubriendo un camino común, pero cuesta. Tenemos capillas para la comunidad rumana, como la capilla de La Inmaculada en la zona Romareda. Y en Alcañiz, en mi época,  utilizaban la iglesia de San Francisco y la capilla del convento de las religiosas dominicas.

 

Usted es profesor en el Seminario Mayor de Zaragoza, lo que le permite combinar su actividad pastoral con la docente. ¿Se ha reformado la Carrera Eclesiástica conforme a los nuevos tiempos y los candidatos al sacerdocio reciben una formación distinta a la de otras épocas

El Concilio ha marcado mucho en la vida de la Iglesia a lo largo de los últimos cincuenta años. Y la orientación general de la formación de los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa, en consecuencia, ha cambiado también de forma muy notable.  En mis clases de Moral y Ética, por ejemplo, tengo dos religiosas orientales, un seglar y tres seminaristas o candidatos al sacerdocio. Hoy la mayoría llegan a la formación sacerdotal con carrera civil, después de bien pasada la adolescencia. Buena parte de los candidatos al sacerdocio pertenece a eso que en otras épocas se llamaba “vocaciones tardías”.  Son personas adultas.

 

 Hoy, muchos sacerdotes en España son extranjeros. ¿Tan pocas vocaciones existen que somos un país de misión al que han de venir los evangelizadores que aquí faltan?

Hombre, creo que el concepto de país de misión aplicado a España, habría que matizarlo. Pero es una verdad incuestionable que hay poco clero y muy mayor. Y vamos a tener que asumir otros modelos de comunidad cristiana con unos servidores de la comunidad que no sean solo los sacerdotes. Los seglares deben de ser no solo colaboradores sino servidores directos, ante la ausencia de sacerdotes. Por mi experiencia, esto va cambiando más en el mundo rural. De todas formas, desde el convencimiento de que la Iglesia es universal y que el sacerdote no pasa de ser uno más en su seno, es evidente que las cosas irán cambiando gradualmente y de forma progresiva.

 

¿Tiene alguna explicación que en eso que llaman la España vacía o vaciada todas las iglesias estén siempre con la puertas permanentemente cerradas? 

Pues  probablemente no tiene explicación. Al menos, convincente. Cuando hemos debatido este tema siempre hay quien dice que si una iglesia está abierta, será porque  no tiene patrimonio… En Alcañiz las iglesias están abiertas, Santa María la Mayor en pleno centro, quizá la cerrábamos al mediodía, a la hora de comer…  Pero es verdad que hay una polémica en torno a que los templos, sobre todo en los pueblos más pequeños, estén siempre cerrados. También en Zaragoza, nuestra misma iglesia de la Parroquia de El Portillo, está muchas horas con la verja de la puerta principal cerrada, ¿eh?  Yo creo que este ruego de que nuestras iglesias estén abiertas, es una llamada que tenemos que atender.

 

Usted ha sido cura de pueblo. ¿En que se diferencia la forma de llevar una parroquia en el medio rural y en el urbano

La diferencia creo que está en que se trata de dos dimensiones distintas. En Alcañiz, la vida de un cura es más o menos como la de aquí, porque se trata de dos núcleos urbanos.  Pero allí la vida urbana es de una ciudad pequeña, con una personalidad colectiva muy acuciada, que precisamente por eso, quizá, te hace sentirte más cercano a los acontecimientos de la vida de la gente. Aquí, en una ciudad tan grande, la relación con las familias es mucho más difícil que en Alcañiz donde todo resulta mucho más humano y significativo que aquí.

 

El Papa actual parece tener en consideración el papel de la mujer dentro de la Iglesia pero no acaba de concederles ciertas dignidades y responsabilidades que se reservan para los hombres. ¿Tan problemático sería que las mujeres pudieran ser sacerdotes e incluso obispos, como ya ocurre en algunas iglesias cristianas protestantes?

La verdad es que se van dando pequeños pasos en cuanto a incrementar el papel de la mujer en la Iglesia, ese es el camino a seguir. Ya san Pablo en la Carta a los Gálatas (C.3, v.28) escribió aquello de que “ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer; ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”.  El Papa Francisco ha nombrado  mujeres para importantes cargos institucionales. Y lo de que puedan leer el evangelio en la liturgia y repartir la comunión es algo que ya vienen haciendo las mujeres desde hace muchos años. Pero el Papa le ha dado ahora carta de naturaleza. El proceso necesita todavía, es verdad, de mayor empuje pero es ya irreversible. Será más o menos lento pero, a la larga, la mujer ocupará en la Iglesia Católica el puesto que le corresponde. No me cabe la menor duda. En cualquier caso, conviene recordar que también en la Iglesia ocurre que la vida va siempre por delante de las reformas institucionales.

 

En líneas generales, ¿cree que el Papa Francisco está respondiendo a las expectativas de reforma en la Iglesia que algunos quisieron ver cuando fue elegido para suceder a Benedicto XVI? 

Sinceramente, creo que sí.  Va más por delante que muchos de nosotros. Él no se está planteando las cosas como si fuera una cuestión de mayorías y minorías, el Papa está convencido de que todos, absolutamente todos, debemos caminar hacia un nuevo estilo de vida. Su mensaje es de servicio permanente y desprendido a los demás. Muchos piensan que este Papa dice más de lo que hace, yo creo que nos indica continuamente muchas cosas nuevas. Y tampoco lo tiene fácil para impulsar los cambios a los que tantas veces él mismo se refiere.

 

Por cierto, ¿qué supuso en realidad la inesperada renuncia del Papa Ratzinger?

Fue una decisión muy valiente. Es un gesto que indica que la Iglesia no puede ser rígida en sus movimientos y aunque éste fuera un paso que no se daba en la Iglesia desde hacía 800 años, Benedicto XVI creyó conveniente darlo y lo dio. Los obispos ya hace años, desde el Concilio, que se retiran a los 75 años. El Papa renunció y con su renuncia abrió la puerta a que se pueda hacer lo mismo en el futuro, de forma que si hay obispos eméritos también pueda haber papas eméritos. En una situación semejante, el signo de unidad de  la Iglesia reside solo en Francisco.


¿Qué opinión tiene como sacerdote de la polémica que se ha montado en España en relación con la ley de Eutanasia? 

A mi, sinceramente, me parece una ley fuera del contexto tan extraordinariamente delicado que estamos viviendo con la pandemia del Covid-19. El derecho a decidir sobre la vida no dudo que sea un tema de importancia para la sociedad moderna. Pero, ahora que estamos todos luchando contra la muerte de los más frágiles, ¿es una cuestión central el establecer el morir a la carta por ley? Me parece un contrasentido, de verdad.  Además ese clamor social a favor de la eutanasia del que esa habla, yo no le veo.

 

En el medio rural, sobre todo, hay muchas propiedades de la Iglesia como casas curales, edificios de antiguos seminarios, etcétera que están cerrados y en estado de total abandono. ¿Le parece que la Iglesia está actuando  con decisión y claridad de criterios en este aspecto? 

La Iglesia tiene muchas propiedades inutilizadas, no solo en el mundo rural donde estaban los conventos y los seminarios menores que hoy son edificios abandonados y sí que creo que deberían estar al servicio de la sociedad. La Iglesia se tiene que plantear y repensar qué hacer con ese patrimonio.


¿Qué recuerdos tiene de sus años en Alcañiz  y en el Bajo Aragón?

Son recuerdos perdurables. Fíjate que yo cuando llegué a Alcañiz ya conocía el Bajo Aragón de una etapa anterior en La Fresneda y La Torre del Compte. En aquella comarca he vivido más que en Mezalocha, el pueblo donde nací. Lo que soy hoy se lo debo a Alcañiz y al Bajo Aragón, esa es la verdad.

 

Se decía en su tiempo, por Alcañiz, que los curas eran de izquierdas y votaban a IU.  ¿Era así? 

Existe muchas veces la tendencia a clasificar las posturas distintas en la Iglesia con los mimos conceptos  y parámetros que la política en la sociedad civil. Yo siempre he intentado, como cura y como persona, ser un servidor de todos y eso no es ni de izquierdas ni de derechas.

 

Cree que los templos católicos deberían utilizarse más para actuaciones culturales o artísticas en lugar de tenerlos cerrados o solo abiertos al culto?

Yo creo que estamos abiertos a que así sea. De hecho, aquí la iglesia de San Pablo está dedicada también  a actos culturales. Y yo creo que en los pueblos, por lo general, es también así, quizá con mayor facilidad que en las ciudades. 

 

¿No le parece que hoy apenas nos planteamos con profundidad lo que es el hecho religioso y, en cambio, practicamos  actividades de religiosidad por pura costumbre y tradición heredada? 

Pues  yo creo que se dan los dos fenómenos: se vive una religiosidad por pura tradición o costumbre heredada pero también se da el planteamiento del hecho religioso, más de lo que parece.  Hoy hay mucha gente que busca con avidez unas formas convincentes de espiritualidad porque la espiritualidad y la interioridad son parte de la persona.  Por eso creo que hoy es imprescindible que en la Iglesia nos planteemos la necesidad de que el hecho religioso lo trabajemos más. Crecen en número las cofradías y mucha gente toca el tambor porque así lo hicieron sus antepasados. Pero detrás, muchas veces se descubre que hay algo más, yo lo he descubierto muchas veces, más de lo que algunos piensan.


¿Tendrían que cambiarse las provincias eclesiásticas en Aragón de forma que coincidieran con las civiles y todas las poblaciones de Teruel, por ejemplo, pertenecieran al obispado turolense?

¿Y entonces habría solo tres diócesis: Zaragoza, Huesca y Teruel?  Tendrían que desaparecer las diócesis de Tarazona, Jaca y Barbastro-Monzón. Yo creo que la disposición de las provincias eclesiásticas, dentro de las actuales Comunidades Autónomas, tienen un trasfondo histórico muy importante, que no se puede perder. Y en Aragón, de forma muy especial.

 

En estos tiempos de pandemia y sufrimiento,  ¿el miércoles de ceniza, que es el próximo día 17,  y  la cuaresma, en general, al igual que la Semana Santa, tendrán  un significado especial? 

Pues sin duda nos volveremos a ver obligados a celebrar una Semana Santa conforme a las medidas y protocolos sanitarios establecidos en la lucha contra pandemia del coronavirus. Tendremos que hacer una Semana Santa más hacia el interior. Este puede ser un año muy apropiado para ahondar en la dimensión espiritual de nuestras vidas. Habrá que estar, no obstante, muy atentos al desarrollo de los acontecimientos.

 

 


No hay comentarios:

Publicar un comentario