#RamónMur - Nuestro Viaje a Términus

Miguel Ángel Gracia en el portal de su casa en Bruselas. 

El libro ‘Viaje a Términus’ de Miguel Ángel Gracia Santos es un traslado y recorrido detallado hacia el porvenir de Teruel de los próximos veinte años. Gracia pinta el cuadro con afecto y menos negro de lo que algunos creen. Su vaticinio es firme, asentado sobre una visión muy generalista que le ayuda a apuntar tanto lo positivo como lo más negativo desde un indisimulado afecto por esta tierra. 

Gracia no ha nacido en ningún punto de Teruel pero ha vivido en la provincia durante 20 años, sobre todo en Alcañiz. Ahora, desde la lejanía de Bruselas, sigue sintiéndose tan cercano al Bajo Aragón que no ha dejado un solo momento de reflexionar sobre su pasado reciente y su presente para poder imaginarse cómo será el porvenir. 

El libro de Gracia me ha recordado a Eduardo Jesús Taboada Cabañero quien escribió “Mesa revuelta, apuntes sobre la Historia de Alcañiz” en 1898 y desde hace 122 años ha tenido varias reediciones lo que ha sido causa de que en la casa de todo buen alcañizano haya un Taboada. El notario y terrateniente alcañizano, metido a regeneracionista, hizo un repaso histórico de Alcañiz, un tanto acaramelado y autocomplaciente . Gracia, en cambio, ha escrito un relato no solo de Alcañiz y comarca sino de toda la provincia de Teruel y únicamente ha utilizado nuestro rico pasado para tomar impulso hacia el mañana. Y todo ello con mucha autocrítica, sin ponerse la venda en los ojos ante nuestros problemas en materia de repoblación, progreso y desarrollo, que no son pocos. Precisamente por ello, si el Taboada está en las casas de Alcañiz, en todos los hogares de la provincia de Teruel, con alguna sensibilidad y preocupación ante lo que nos espera, debería estar el Gracia en versión digital o de papel.

Miguel Ángel Gracia huye del victimismo en que en muchas ocasiones nos refugiamos para reivindicar nuestros derechos y cargar las culpas de nuestras carencias en cabezas ajenas. Gracia no es llorón. Al revés, da valor, incluso ensalza, los enormes valores que encierra la España despoblada, nuestra provincia, para utilizar todos los recursos de los que dispone a fin de conseguir despegar por sí misma. Gracia detesta cualquier tipo de triunfalismo y se revela contra las ensoñaciones de altos vuelos que, cuando no se convierten en realidad, lo que ocurre muy a menudo, producen una profunda depresión social. Gracia prefiere pequeños proyectos de reindustralización en las cuencas mineras de 40 puestos de trabajo cada uno que uno solo gigantesco de sello empresarial multinacional.

Uno de los puntos que más polémica pueden crear del libro de Gracia pero que solo molestará a quien no sabe respetar opiniones escritas con libertad, es el que se refiere a Motorland. Gracia es un ferviente enemigo del proyecto, llamado en un primer momento ‘Ciudad del Motor’, desde su nacimiento del que fue testigo directo. Pues bien, por mucho que nos moleste, hay que reconocer que Motorland solo sobrevive a fuerza de inyecciones constantes de dinero público. Y Gracia piensa que en el momento en que se cierre el grifo por el que fluye el oro institucional, crecerán las zarzas y la maleza por las pistas del circuito. Quizá no le falte razón.

Este sensato, sincero y muy realista ‘Viaje a Términus’ merece que le prestemos la máxima atención, al menos en el próximo año 2021 que se vislumbra lleno de incógnitas. Quienes tenemos alguna inquietud por el futuro de esta tierra nuestra, no podemos dar de lado el criterio de Gracia precisamente porque se desmarca y aparta de la visión más convencional y dominante en asuntos de tanta actualidad como la despoblación o la manera de lograr el equilibrio entre la población urbana y la rural por el que ya pugnaban los regeneracionistas de hace cien años y que todavía hoy no se ha hecho realidad. Quizá no se ha conseguido porque, como demuestra Miguel Ángel Gracia, seguimos empeñados en apuntar en la dirección menos correcta.

Me gusta de Gracia que no se siente descubridor. No es adanista, una posición que ahora adoptan tantos presuntos investigadores que piensan que todo lo que ellos emprenden hoy, nadie lo hizo antes que ellos. Gracia, que no comulga precisamente con las tesis más convencionales, que navega contra corriente siempre que es preciso, procura al mismo, tiempo no presentarse como el primero de su clase allá por donde va o en las páginas que escribe. Y esta actitud, de verdad, es muy de agradecer en los tiempos que corren de la política-espectáculo, la ciencia-espectáculo, el deporte-súper espectáculo y hasta la religiosidad-show-espectáculo.■

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