María José Rebullida: «La poesía es toda la vida, el sentido crítico de la vida»

María José Rebullida


María José Rebullida Julián es concejala del Ayuntamiento de Belmonte/Bellmunt, esposa, madre de dos hijos, ama de casa, ganadera, agricultora y poeta. Por Ramón Mur

Apuntaba sensaciones en un cuadernillo cuando iba a la Escuela. Un día fue descubierta por el maestro y la amonestación no pudo ser más rotunda: esas cosas se escriben en casa. María José Rebullida Julián es poeta sin desmayo desde hace más de treinta años. No puede decirse que ha tenido demasiados apoyos para desarrollar su inspiración, quizá todo lo contrario. Pero ella no ha bajado nunca la guardia y ha seguido y sigue firme en su vocación de poeta. La vida, la tierra, el corazón que habla mucho, son fuentes permanentes de inspiración poética para María José, otra vez concejala del Ayuntamiento de su pueblo: Belmonte de Mezquín, que hoy dicen de San José. En las elecciones municipales del año pasado fue la candidata más votada de todos cuantos optaron por ocupar una de las cinco concejalías del consistorio. En un pueblo tan pequeño, donde no faltan rencillas entre los vecinos, María José Rebullida es una de esas personas que concita consenso entre el vecindario y goza de la aceptación de una amplia mayoría.

María José escribe sus poemas en cuadernos, es poco lo que ha publicado hasta ahora y quizá haya llegado el momento de aspirar a salir al mundo editorial. Ella no parece ambicionarlo demasiado pero tampoco se conforma con sacar los folios por impresora y agruparlos en cuadernos inéditos, solo accesibles para los amigos. María José escribe en el campo, lleva siempre un cuadernillo en el todoterreno cuatro por cuatro, un cuadernillo sobre el que plasmar la última inspiración. Algunas veces, en el casi cotidiano trayecto Belmonte-Alcañiz-Belmonte, frena y estaciona sobre el arcén, si lo hay y aunque no lo haya, junto a la cuneta. La idea se puede morir olvidada y hay que retenerla en la memoria garabateada sobre las hojas de la agenda.

María José escribe para hablar en verso de todo aquello que más le interesa y que cree expresarlo mejor por escrito, en verso, que de viva voz. Así es ella, habla por escrito, en verso. Por eso su último cuaderno, el que ha visto la luz entre 2018, 2019 y este infecto 2020, se titula “Entre palabras”. Estas palabras de María José se escuchan y entienden mejor escritas.

Así es esta mujer de 48 años: está casada con José Manuel, ganadero de Torre de Arcas. Ella es también pastora, hija y nieta de pastores, aunque su vida está más en la agricultura, en el campo, en el cultivo de los olivos, sobre todo. Además es madre de Daniel y Carmen. Y ama de casa, por descontado. Concejala, por tercera ocasión, del Ayuntamiento. Si a alguien todo esto le parece poco, además María José es poeta. ¿Se puede pedir más?


Escribo palabras
Que arden en mis dedos
Tiemblan en mis ojos
Luchan en mis silencios. ¿Escribes poesía porque las palabras te arden?
Pues… La poesía es para mí una manera de expresar unos sentimientos que de otra forma no lo haría. O que creo que lo haría peor. Y sí, es verdad, en mis poemas saco al exterior las palabras que me bullen en el interior.  Es algo que surge, cuando menos lo esperas y te viene la necesidad de expresarlo.
 
¿Dices en verso lo que nunca dirías a la cara?
Sí, es posible que sea así, aunque solo en cierto modo. Yo digo en verso lo que pienso. Aunque muchos de mis poemas son muy gráficos y quizá unas personas ven algo más o algo menos, algo diferente de lo que yo he querido expresar. La poesía se puede prestar a múltiples interpretaciones. Un lector te comenta un poema y resulta que lo ha interpretado de una manera inesperada. En verso se escribe con precisión y también cuidando la estética, por así decirlo, de la escritura. Y entonces caben distintas apreciaciones, interpretaciones totalmente distintas.
 
¿Entre las palabras está el mensaje?
Quiero  decir que todo es palabra, cuestión de expresarse. Yo empecé muy niña a tener necesidad de expresarme y para eso comencé a hacer apuntaciones ya en la escuela. Una vez, el maestro me pilló. Leyó lo que había escrito y dijo que eso se escribe en casa. Pero, claro, todo el mensaje está entre las palabras que si son escritas, lo transmiten con mayor precisión. ¿Digo en verso lo que no me atrevo a decir de viva voz? No creo que sea exactamente así. Lo que ocurre es que contemplo algo y de forma inesperada me surge la necesidad, el deseo de plasmarlo con la mayor fidelidad posible con respecto a lo que siento.

“En mis poemas voy más allá de la naturaleza con la que convivo a diario. La poesía está para mí en toda la vida, es el sentido crítico de la vida”.

 

¿Los hombres son más poetas que las mujeres? ¿O es al revés? Más los hombres porque vivimos en un mundo dominado por ellos.
 
¿Se lee mucha poesía en los libros aunque estén escritos en prosa?  
Yo leo mucho desde niña y un libro me puede seducir por una sola frase. Eso que creo que es inspiración poética. En realidad, a mí la afición por la poesía me nació de lo que leía, hacia los 17 años. Y una vez, vio mis primeros versos Ángel Rodríguez Segurado, ya fallecido, quien me pasó libros de poetas como Bécquer, de los de la generación del 27 y otros. Entonces empecé a dedicarme a la poesía con más intensidad y continuidad. Es verdad que estuve unos años un tanto apartada de la escritura, durante el tiempo de la crianza de los hijos, por ejemplo, pero luego volví. Ángel me corregía mucho y me aconsejaba el camino que debía seguir. Su influencia fue muy importante para mí, decisiva tengo que decir. Ángel había sido escritor en su juventud aunque luego orientó su trayectoria artística por la pintura. Pero tenía una cultura muy amplia y era muy exigente consigo mismo y con los demás. A mí me ayudó mucho también en el Ayuntamiento y quiso que yo fuera alcaldesa, aunque yo iba con el PP y él con el PSOE. Esta fue una ocasión en la que se produjo eso que se dice de que en los pueblos más pequeños, como las listas son abiertas, importan más las personas que los partidos.

Está claro que en los libros se lee poesía. ¿Y en el cine? Claro y por televisión, también. A mí la poesía me sirve para expresarme, ¿quizá desahogarme?, para hacer crítica de la actualidad. Y eso me  lo dan todos los días el cine y la televisión, por supuesto que sí. Yo soy muy sensiblera o impresionable, como quieras decirlo. Soy un tanto floja en ese sentido, no me importa reconocerlo. Puedo echarme a llorar leyendo la página de un libro o en una escena de una película que me conmueve. A mi la vida entera, en cualquier momento, de la forma más insospechada, me puede mover a escribir poesía, a plasmar mis sentimientos en un pequeño poema.
 
¿Es el campo poesía?
Es que el campo es el escenario sobre el que paso más horas a lo largo de mi vida.
 
La pared de piedra seca, la olivera…
El tomillo, los almendros… Todo, aunque insisto en que para mí la inspiración poética va más allá de la naturaleza con la que yo convivo a diario. Y que es una fuente inagotable de inspiración.  Desde luego que sí. Pero recalco que la poesía es toda la vida, el sentido crítico de la vida.

La afición por la poesía nació en mí muy pronto, de niña, y se afianzó hacia los 17 años, por influencia de Ángel Rodríguez Segurado, ya fallecido”

 

 ¿Cómo puede ser lírica una motosierra?
Es una herramienta muy importante para realizar una de las tareas que más me gustan: “esporgar” o podar los olivos. Es verdad que cuando estás en el árbol con la máquina, se ha de realizar el trabajo con el máximo cuidado y no está una entonces para demasiadas florituras mentales, en el momento preciso de la faena. Pero luego, con el sosiego del descanso, todo es fuente de inspiración hasta la motosierra ¿por qué no?
 
Pero, ¿te inspira más “esporgar” con la “estraleta” que con la motosierra?
A ver, la “estraleta”, como se llamaba aquí a una pequeña hacha de mano, no me inspira nada porque no me sirve. Es un instrumento o una herramienta del pasado que ni siquiera llega a producirme nostalgia porque yo no la he utilizado nunca, lo mismo que el serrucho. Hoy el trabajo del campo se realiza de otra forma, con un instrumental muy diferente, en el que se busca la máxima utilidad posible. Y eso , no creas, también me produce inspiración poética , aunque te cueste creerlo. La utilidad, lo practico, ¿no tiene su lado poético? Yo creo que sí.
 
El olivo es un árbol del que se hace mucha leña y no porque haya caído… 
Ya lo creo. El olivo da fruto, la oliva, pero también calor con su leña. La poda de los olivos es una tarea que me gusta sobremanera. No sé si soy una experta o no. Pero trabajo unos mil olivos y si puedo, si me llega el tiempo, los podo todos los años. Y si no, como mínimo cada dos. Es curioso contemplar cómo se regenera el olivo. A lo mejor es un año muy seco y ves la olivera tristona, amarillenta. La podas y a los pocos días tiene otra cara, reverdece con un vigor, una fuerza y una rapidez que nunca dejan de asombrar. De un pequeño tallo, al poco tiempo sale un tronco. Este año, durante la primavera pasada, con esto de la pandemia, hicimos una poda de oliveras con mayor dedicación que nunca, siempre que nos lo permitieron las lluvias que fueron abundantes. Pero el confinamiento lo vivimos en casa, el bar estaba cerrado, no podíamos bajar a Alcañiz, los chicos tele-estudiaban en casa, pero nosotros salíamos al campo a podar, eso no lo dejamos de hacer.
 
Si me lo permites, yo te veo como una chica, una mujer muy joven, que de pronto es madre de hijos que ya han acabado la ESO y el Bachillerato. ¿Esta circunstancia te hace sentirte más cercana de la juventud?
Me casé joven, para lo que hoy se estila, y quise tener los hijos muy pronto sin que hubiese demasiado distancia entre ellos porque yo me crié con mi hermano, que era muy seguido a mí, y la verdad es que nos fue muy bien. Total que quise tener pronto los hijos y así fue, así es que no he cumplido todavía los 50 años y mi hijo mayor irá este año a estudiar a Zaragoza y la chica, no mucho más tarde. ¿Qué esto me hace sentirme cerca de la juventud y entenderla mejor? Pues quizá. Yo creo que los jóvenes tienen que divertirse como lo ha hecho siempre la gente joven, como lo hicimos todos. Y por eso me da mucha pena que no haya fiestas este año y quizá tampoco el próximo, porque creo que los chavales lo van a pasar muy mal. 

“Ahora han nacido varios niños en el pueblo, en los últimos años. Nosotras, mi compañera en el Ayuntamiento, Miriam Faci y yo, querríamos reabrir la Escuela, pero no va a ser fácil

 

Te entienden y aceptan mejor como poeta los que vienen que los que nos vamos, los jóvenes que los mayores. ¿O es al revés? 
Yo creo que más y mejor los mayores, adultos, al menos, por encima de los 35 años. ¿No? Yo así lo veo. A los jóvenes no creo que les vaya mucho este rollo, como dirían ellos. Pero creo que es así porque todo tiene su momento, aunque yo empecé muy joven a escribir versos, es verdad.
 
Se ven muchos niños por el pueblo y no solo durante el verano. ¿Tu vena poética te hace vislumbrar con optimismo algún remedio contra la despoblación en el medio rural?
 ¡Uf! Veo muy difícil que haya solución, al menos pronta y sencilla. Yo llevo toda mi vida en el pueblo, es verdad, y me ha ido bien. Pero en general no es así. Sí, ahora han nacido varios niños en el pueblo, en los últimos años. Nosotras, mi compañera en el Ayuntamiento, Miriam Faci y yo, querríamos reabrir la Escuela, pero no va a ser fácil. Desde luego, para este próximo curso, seguro que no.  Dentro de unas semanas, va a venir una nueva familia con tres niños pequeños. En los pueblos hacemos todo lo que podemos por traer nuevos pobladores pero es una tarea complicada. De todas formas, no desmayamos.

¿Una imagen vale más que mil palabras? No crees que puede ser todo lo contrario: una buena palabra, bien dicha y escrita, vale más que la mejor imagen.
Pues puede que sea así. La palabra tiene mucha fuerza, es el medio por el que nos comunicamos y una palabra  puede llegar a ser, muchas veces, tan plástica y expresiva como la imagen. Es que, como digo en mi último cuaderno, todo está “entre palabras”. Con ellas miramos el mundo que nos rodea, lo juzgamos, ensalzamos o criticamos.

Tú con tu poesía, incluso abordas la violencia de género:
Amapolas en la cara
Rosas rojas por la almohada.
Violetas bajo la mirada
Y la boca, cerrada.
Sí, claro. Se entiende bastante bien, creo. Amapolas en la cara: golpes que enrojecen el rostro; rosas rojas por la almohada: la sangre que brota de las heridas; violetas bajo la mirada: el ojo amoratado; y la boca cerrada: silencio doliente e injusto. Los versos son interpretados de  distinto modos por unos y por otros, pero la interpretación es solo una, unas veces con mayor claridad y otras, quizá, no tanto. La poesía no tiene por qué ser difícil de entender, por lo general.

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