Moneda local: sólida, oportuna y necesaria

Miguel Ángel Gracia Santos - Especialista en proyectos europeos y desarrollo local
junio 2020 MONEDA LOCAL | DESARROLLO ECONÓMICO | ECONOMÍA SOCIAL


Entre las propuestas que muchos Ayuntamientos están barajando para la reconstrucción económica y social tras los efectos de la pandemia del Covid-19, una de las que más llama la atención es la moneda local. Se trata de una medida ya existente en muchas ciudades, y que es objeto de curiosidad, interés, reticencias razonables y también, por qué no decirlo, ataques o mofas furibundas. Para las personas genuinamente interesadas, vamos a intentar explicar en qué consiste.

En primer lugar, hemos de tener en mente cómo funciona la circulación convencional del dinero. Si lo pensamos, nuestras compras habituales mandan muchas veces el dinero fuera de la localidad: hacia las multinacionales del comercio electrónico, de las grandes superficies, del petróleo y la energía, etc..., sin retorno. Las monedas locales pretenden, al menos, reducir o contrarrestar esta tendencia.

Este proceso se acentúa si subimos al escalón de la banca comercial, donde guardamos nuestro dinero. De manera general, la banca capta ahorro en zonas rurales, y luego reasigna este ahorro, en forma de créditos, en zonas urbanas o en los mercados financieros internacionales, produciéndose de este modo un drenaje de recursos desde las zonas rurales o despobladas hacia las ciudades.

El motivo principal de este modus operandi es la búsqueda de rentabilidad: en una economía de mercado, la banca actúa intentando maximizar el diferencial entre el interés con que remunera los préstamos y el interés al que presta el dinero, y dicho diferencial se maximiza de acuerdo con la rentabilidad de las inversiones. Y la rentabilidad es mayor donde mayor es el mercado y mayores las expectativas. Nada nuevo. Ante esto, ¿qué posibilidades hay para, al menos, corregir el modelo? Entre otras las siguientes posibilidades de política financiera y monetaria al servicio del desarrollo local:

-Banca pública, sociedades públicas
-Banca ética
-Circuitos de moneda local

Centrándonos en las monedas locales, éstas son un medio de pago, cuyos principios de funcionamiento económico fueron ya establecidos en el primer tercio del siglo XX, y adquirieron un primer protagonismo durante la Gran Depresión de los años 30. Economistas como Silvio Gesell, Irving Fisher o incluso John M. Keynes trabajaron este tema. La idea central se refiere a que una moneda de curso local se utiliza dentro de la ciudad, se gasta dentro la misma (en sus comercios, en sus industrias, servicios), y de esta manera se contribuye a la generación de empleo y riqueza dentro de la localidad.

Las monedas locales pueden ser promovidas por los Ayuntamientos, pero hay muchos casos en que han sido las asociaciones de comerciantes, o las cámaras de comercio, las que las promueven. De esta manera, tenemos monedas como la libra de Bristol (en Reino Unido), el sol-violete de Toulouse (en Francia, donde hay cientos de iniciativas de este tipo); en España, hay más de cien iniciativas, muchas de ellas ligadas a pequeños municipios o zonas rurales (el grama de Santa Coloma de Gramanet, el Irati en la montaña de Navarra, o el varamedí extremeño, son algunas de ellas).

Estas monedas no sustituyen al euro, y de hecho su emisión inicial puede estar respaldada por una cuenta en euros, bloqueada y titularidad del Ayuntamiento o entidad promotora. De hecho, esta moneda tiene un efecto multiplicador mayor que la típica subvención a fondo perdido que se da una sola vez, ya que, en este caso, la moneda circula y recircula constantemente entre consumidores y establecimientos. De manera complementaria, también, un Ayuntamiento puede tomar medidas de fomento de uso de la moneda, tales como que un pequeño porcentaje del salario de los trabajadores (en torno al 2%) o de las subvenciones municipales se paguen directamente en dicha moneda, y así orientar el gasto directamente hacia el comercio local. También, una forma de promover comportamientos socialmente deseables (por ejemplo, el reciclaje) es premiar a los usuarios con vales de dinero local.

Otro mecanismo que forma parte del corpus teórico de las monedas locales, y que puede ser utilizado para aumentar su velocidad de circulación, es el de la "tasa de oxidación". Se trata de un concepto radicalmente opuesto al de la "tasa de interés". Esta última premia un ahorro que está "parado" en una cuenta corriente, o en última instancia, puesto al servicio de una circulación global del dinero que no beneficia al territorio donde se ha generado el ahorro. Por el contrario, la tasa de oxidación nos viene a decir que el dinero que no se use, "se oxida", pierde parte de su valor: así, por ejemplo, si uno dispone de 100 euros en moneda local, pero al cabo de tres meses no los ha empleado (no han vuelto a entrar al sistema local, a crear riqueza) perderá un 5% de su valor, y tendrá 95 euros. Al cabo de tres meses, volverá a perder otro 5%, y tendrá 90,25 euros...Obviamente, el ritmo temporal y el porcentaje de la tasa pueden ajustarse. También, este mecanismo suele aplicarse en proyectos de moneda local ya muy consolidados e interiorizados.

Al igual que ocurre ya con muchas de nuestras compras cotidianas, hoy en día ya no es necesario que circule una moneda local física (ya no hay "billetes del monopoly", como pensarían algunos), con lo que se evita el riesgo de falsificación o la dificultad de disponer de cambio. Existe ya software normalizado (que ha sido incluso validado por proyectos europeos de I+D) que puede funcionar sobre los móviles o sobre las terminales de venta de los establecimientos, y que permite un control total sobre las transacciones y sobre el volumen de dinero local en circulación.

Existen varias modalidades de implementación de las monedas locales, que pueden ser a su vez de los comercios a las personas (Business to Consumers, B2C), o entre comercios (B2B).

Entre los primeros, estarían los vales de compra en dicha moneda (que pueden estar "premiados" con un porcentaje adicional), la moneda como medio de intercambio dentro del comercio local puede ser B2C o B2B. Finalmente, existe una tercera modalidad B2B, que funcionaría como una cámara de compensación de crédito entre comercios. Las dos primeras modalidades pueden contar con un respaldo financiero del Ayuntamiento o entidad promotora (una cuenta bancaria en euros que respalda los movimientos, o las subvenciones municipales que se entregan en moneda local). En el caso de la cámara de compensación (que funciona de manera análoga a las cámaras de compensación de intercambios bancarios), no hay un desembolso inicial por parte de la entidad promotora; ésta podría sencillamente jugar el papel de avalista de las operaciones, en caso de impagos o como apoyo a la mutualización de los mismos.

En definitiva, un mecanismo más de dinamización de la economía local, enormemente necesario en tiempos de crisis como los actuales, contrastado por la teoría y por la experiencia, y que merece una oportunidad para su puesta en marcha en nuestro territorio.■

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