#JoséAntonioSola - Índices, medias y multiplicación: amistades peligrosas

Sede del Tribunal Constitucional

Índices, medias y multiplicación: amistades peligrosas


Entre los primeros cristianos era norma que a los novicios se les enseñaban las ideas básicas y sólo accedían a los misterios de la doctrina después de años de aprendizaje. Era una actitud prudente para evitar el desconcierto inicial de algo difícil de comprender y de utilizar en su justa medida.

En la escuela actual se enseña a los niños a sumar y se comete el error de enseñarles también muy pronto a multiplicar, sin más, es decir sin la necesaria advertencia del peligro de utilizar un procedimiento que en términos coloquiales podría definirse como una suma descontrolada. El uso de la multiplicación en la vida real debe estar reservado a iniciados responsables.

Un tiempo después, sin más precauciones se enseñan las medidas de centralización estadística, es decir la media, la mediana y la moda.

Otros conocimientos que requieren madurez y raciocinio para interpretarlos y utilizarlos.

La más dañina de todos es la media, el valor promedio de una población es un dato que debería servir como una fuente más de información para la toma de decisiones. Un dato más, nunca utilizable por separado, que unido a otros muchos tiene o no sentido.

Pero no, se le da al valor medio carta de naturaleza absoluta y continuando en el error se incluye entre los términos de la multiplicación.

Los telediarios y la prensa en general son testigos diarios del uso absurdo de la información parcial de los índices. ¿Se hunde el mundo por una subida del IPC?

El horror está servido. Multiplicar algo por un valor medio sin más consideraciones debería estar prohibido. De hecho lo evitan las personas razonables.

¿Qué pasa en la vida real?

El IPC, que es una media de valores, y no de las mejores ya que se basa en estimaciones de muestreo, se utiliza imprudentemente sin más como factor en la multiplicación de precios, de pensiones… en fin de lo que sea.

¿Podremos pagar la deuda resultante?

Y un índice meramente informativo se convierte en un problema real de generación automática sin la prudencia de considerar si el resultado es asumible o no.

La comodidad del automatismo gana al raciocinio, a la reflexión en cada caso.

Cuando se aborda el problema de la multiplicación razonando las cosas se ven de otra manera.

¿Y si entramos con la razón en la realidad de las cosas?

Tenemos como satisfacción otoñal la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la llamada “Plusvalía municipal”.

Era de sobra conocida la inadmisible forma como los ayuntamientos calculaban de forma arbitraria el impuesto, partiendo de un valor a efectos de IBI, es decir un valor irreal, aplicaban unos porcentajes según los años de propiedad y de forma automática generaban una deuda tributaria apartándose, conscientemente, de la realidad efectiva de si el contribuyente había tenido un beneficio o no.

Es decir, aplicaban un valor indiciario, el valor a efectos del IBI por unos porcentajes medios arbitrarios y con una simple multiplicación generaban una deuda al contribuyente.

Leamos la sentencia, y que nos suene a música celestial:

“En ningún caso podrá el legislador establecer un tributo tomando en consideración hechos que no sean exponentes de una riqueza real…”

“Siendo, pues, que la realidad económica ha destruido la antes referida presunción de revalorización anual de los terrenos urbanos que operó en la mente del legislador para crear la norma objetiva de valoración ahora cuestionada, desaparece con ella la razonable aproximación o conexión que debe existir entre el incremento de valor efectivo y el objetivo o estimativo para que razones de técnica tributaria justifiquen el sacrificio del principio de capacidad económica como medida o parámetro del reparto de la carga tributaria en este impuesto”

Por ahora, ha tardado bastante, nos ha salvado el tribunal.

Ahora pensarán un método para justificar que los ayuntamientos tienen derecho a cobrar otro impuesto equivalente para compensar el perdido.

Tendremos la satisfacción de un momento de humor fiscal cuando traten de justificarlo. La exposición de motivos promete ser memorable.

Por ahora nos queda la idea clara de que cuando aplicaban el impuesto anterior eran plenamente conscientes del abuso.

Pero el automatismo matemático que regula nuestra vida de forma metódica está presente, es el “algoritmo bancario” para conceder crédito, es el resultado esperable por sectores que publica la AEAT… está empezando a utilizarse este sistema automatizado de selección en la entrevista de búsqueda de trabajo…

Y nos encuentra indefensos…ya no es cosa de barricadas. La línea de defensa está en la cultura matemática y financiera.■


José Antonio Sola
Economista
jsola@reaf.es


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