Del carbón a los molinos

Annabel Roda - periodista freelance
agosto 2021 ACTUALIDAD | ENERGÍAS RENOVABLES | FINAL DEL CARBÓN | BURBUJA RENOVABLES

Concentración en la entrada a la Central Térmica de Andorra días antes de su cierre. Facebook CCOO Bajo Aragón Histórico


Del carbón a los molinos

La transición energética cierra centrales térmicas y abre conflictos entre pueblos y empresas eléctricas


Nicolás va hacia su coche y vuelve con un papel blandiéndolo en la mano. Es la prueba que atestigua su reciente titulación como personal de vigilancia. Lo cuenta con una ilusión en una situación desilusionante. Una “salida”, dice, para cuando solo queden molinos y placas alrededor y la chimenea de la central sea un recuerdo. Lleva 30 años trabajando en la central térmica de Andorra y todavía sigue, ahora en el proceso de desmontaje, con un contrato temporal que roza las cuatro cifras y que tiene fecha de fin: este mismo agosto. Estamos en las puerta de un edificio de fachada escuálida y amarilla, sede del sindicato de Comisiones Obreras. A su lado, Ángel. Pelo corto, gris. Cuerpo enjuto. De sus 54 años, 32 se los ha dedicado a la central; ahora, en paro. “Quizá me toque marchar”, la voz que atraviesa su mascarilla suena resquebrajada

Hace apenas un año, el 30 de junio la chimenea de la central dejó de echar humo. Había 150 trabajadores en plantilla y con las empresas auxiliares cerca de 500 empleos más que desaparecieron, entre ellos los puestos de Nicolás y Ángel. A finales de 2019, el SEPE registró 390 personas en paro -un 11% de la población-, en 2020 eran 507 desempleados. El motor económico de media provincia se esfumó dejando a centenares de familias sin un plan de empleo alternativo.

El anuncio del cierre trajo movilizaciones, negociaciones e incluso la visita de la ministra, Teresa Ribera pero acabó todo en saco roto. “Todo el mundo nos decía: ‘tenemos sensibilidad especial con vosotros, nos vamos a preocupar por vosotros. Nadie se va a quedar atrás. Una transición justa’. A mí me llegó un informe del acuerdo diciendo que se iba a proteger el empleo cuando estos señores [Nicolás y Ángel] ya llevaban un año en paro. ¿Qué es lo que no han entendido? Que llevan un año en el paro, que el empleo se ha destruido. Esa es la realidad de lo que son las negociaciones”, dice con indignación y un enfado latente Dario Sanz, responsable de la acción sindical de Comisiones Obreras en la unión comarcal de Andorra.

De telón de fondo, la población cae de cien en cien desde 2013; solo el año pasado se fueron 150 personas de un pueblo que ahora tiene 7.000 habitantes, en parte debido a la reducción de la actividad en la central. Lo que queda ahora es el escaso centenar de puestos de trabajo para el desmantelamiento de la central que pueden alargarse unos cuatro o cinco años. Contratos temporales, precarios y “tragando amianto”, añade Nicolás.

Un jaque mate a Andorra y al resto de pueblos con centrales térmicas del país que se viene gestando desde el fin de las ayudas a la minería y el proceso de descarbonización impulsado desde Europa primero a los pueblos mineros y poco después, a las térmicas. “Si esto se sabía que iba a cerrar, ¿por qué no ha venido antes la transición justa y hace 10 años miraron por Andorra para atraer empresas?”, lanza la pregunta al aire Ángel con la certeza de que solo va a obtener silencio.
 

De lo negro a lo verde

La era del carbón se apaga. Prende la luz la transición energética y marca sus pasos la recién aprobada Ley de Cambio Climático que establece que en 2030 el 42% de toda la energía que se consuma en España provenga de renovables, y en la generación de energía eléctrica se prevé que el porcentaje alcance el 74% (en 2020, este porcentaje fue del 44%).

“Estamos obligados a cambiar nuestro sistema de producción de electricidad por unas directrices europeas y unos pactos globales mundiales en materia de energía y clima porque tenemos un impacto global por el cambio climático”, explica José María González Moya, director general de la Asociación de Empresas de Energías Renovables, APPA, a la que pertenecen desde grandes compañías productoras como Acciona, Endesa, Capital Energy, Galp y Shell.

En ese reto de transformación de un modelo de energía a otro, Endesa tienen previsto construir como alternativa a la térmica de Andorra una planta solar que alcance 1.585 MW de potencia y 139 MW procederán de la eólica; un proyecto que se extendería a Alcorisa, Alcañiz, Calanda e Híjar. A esto se suma el almacenamiento de la energía en baterías y la producción del hidrógeno verde

-procedente de renovables-, aunque está todavía pendiente del visto bueno por parte del Ministerio de Transición Ecológica. La otra cara de la moneda son los puestos de trabajo. Según la eléctrica 144 empleos se crearán durante la fase de construcción de la planta de hidrógeno verde y 65 estables durante su operatividad y mantenimiento. González Moya es optimista en cuento a la fotografía del empleo a nivel nacional que cifra en 150.000 puestos de trabajo anuales que generará la transición ecológica, aunque no concreta cuántos serán temporales a raíz de la fase de construcción y cuántos estables.

Para Dario Sanz las cifras son insuficientes en el caso de Andorra que no cubre los puestos de trabajo destruidos ni se ha priorizado en los planes de transición a los extrabajadores de la zona. “Va a haber mucho dinero público que se trasvasará directamente a las empresas energéticas encargadas de la transición; van a cambiar el carbón por las placas y los molinillos. Todo el mundo sabe que ni las placas ni los molinos en producción dan el trabajo que daba la térmica. Entonces era una exigencia lógica que el desmontaje y la instalación de los parques eólicos y solares se hiciera con la gente que ha estado 40 años tragando amianto y carbones y decirle a esas empresas eléctricas que se responsabilizaran de los que se han matado para trabajar para ellos”.

La construcción de dichos proyectos en principio puede generar muchos puestos de trabajo, pero es difícil establecer su duración. Sergi Saladié, autor de la tesis doctoral Paisaje y conflictos territoriales en las comarcas meridionales de Cataluña y profesor del departamento de Geografía de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona explica: “una de las características de este modelo es que no genera ningún tipo de industria auxiliar a su alrededor. Todos los talleres de mantenimiento y la construcción de estos artefactos acostumbran a estar en lugares con una mayor accesibilidad de tren, de autopistas, cerca de áreas urbanas, y desde allí distribuyen. No se fabrica nada en un radio de 100 kilómetros a la redonda de donde están las centrales eólicas.

Su investigación concluye que los parques de aerogeneradores crean puestos de trabajo a tan solo un 1% de la población ocupada de esos territorios en los que se instalan, cifra que baja hasta el 0,7% si solo se tienen en cuenta empleos fijos. “Las empresas promotoras sacan a concurso el mantenimiento de estos parques, que a su vez los ganan grandes empresas que ya tienen sus propios trabajadores y que los van moviendo a lo largo de los diferentes parques de la geografía. Puntualmente, alguna persona de estos municipios con centrales entra a formar parte de estas plantillas de ingenieros e ingenieras, pero son casos contados”.


La burbuja verde

En 2020, los 1.267 parques eólicos instalados en unos 800 municipios españoles sumaban 27.446 megavatios. Resulta complicado fijar cuántos parques eólicos y solares nuevos se construirán en los próximos años, ya que el número de proyectos que se están proponiendo es móvil y creciente. Algunos finalmente se crearán, otros no. Las organizaciones que siguen este proceso apuntan a la falta de transparencia y a la creación de una burbuja verde.

“Teruel tiene en este momento 17 centrales eólicas, hay 94 proyectos anunciados. Centrales fotovoltaicas tiene pequeñitas de estas que se montaban particulares y tal. En este momento hay 46 macroproyectos, cada uno de ellos aproximadamente de unas 1.000 hectáreas. Es decir, esto sumado a la eólica supone 4.500 hectáreas en la provincia. Estamos planeando producir siete u ocho veces más de lo que necesita la provincia de Teruel y vamos a producir para cuatro grandes empresas que van a seguir manteniendo el negocio, el monopolio y su interés”, cuenta Javier Oquendo, portavoz de la Plataforma en Defensa de los Paisajes de Teruel.

Otra voz crítica es la de Diana Osuna, coimpulsora de Aliente, la Alianza Energía y Territorio con más de 140 entidades de todo el país, bajo la premisa de una transición energética justa que ponga la defensa del territorio y su biodiversidad en el centro. Para Diana, del modelo de renovables que se está proyectando, satura los territorios con proyectos a gran escala y líneas de alta tensión. Añade que los proyectos de renovables presentados por las empresas eléctricas al Ministerio superan ya la potencia estimada por el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima para abastecer la necesidad del país, la prueba, dice, de una burbuja verde.


Los dilemas de las renovables

Otro de los conflictos que empiezan a surgir con este boom de las renovables afecta al uso más tradicional de la tierra: la agricultura. Estas instalaciones necesitan una superficie que hasta hace muy poco ocupaban pastos y campos de cultivo, y ahora compiten con agricultores y ganaderos por ella. El presidente de la Comisión de Despoblación y Reto Demográfico de la Federación de Municipios y Provincias (Femp), Miguel Gracia, que también es presidente de la Diputación de Huesca y alcalde de Arén en la misma provincia, reconoce que el dinero de las instalaciones de renovables puede ayudar mucho a las escurridas economías de los pueblos, aunque admite que también ha abierto guerras. “Hay un choque por el precio del suelo entre el que vive de la tierra o de la ganadería y tiene los terrenos arrendados, y el propietario que la alquila. Los elementos turísticos paisajísticos evidentemente chocan. Hay ya municipios que pueden desarrollar renovables y tener unos ingresos directos, y hay otros destinados a la preservación que no tienen una compensación como tal. Por ello debe haber una normativa superior que lo equilibre”, dice Gracia.

Oquendo apunta al precio del suelo, al dónde se proyectan estos parques de renovables.“No es casual que sea en Burgos, León o Teruel. Es donde el terreno es barato, donde la especulación es fácil, donde es muy sencillo convencer a la gente porque es muy mayor. Y entonces, si tú les promete unas rentas, aunque sean mínimas todo vale porque no tenemos rentas, porque tenemos municipios con unos sistemas de financiación muy pobres y cuando se les ofrece 100.000 euros al año para el Ayuntamiento parece mucho”.

A los conflictos vecinales se añade los impactos sobre la biodiversidad. Según la organización

conservacionista SEO/Birdlife, la ocupación del territorio por la fotovoltaica y por los caminos asociados al mantenimiento de los aerogeneradores supone una pérdida de hábitat para muchas especies terrestres, sin olvidar la colisión de aves y murciélagos con las aspas de los aerogeneradores y tendidos eléctricos. La tasa de mortalidad por aerogenerador y año en España varía entre 1,2 aves en Oiz (Vizcaya) y 64,26 en el parque eólico El Perdón (Navarra). Esto supone que podrán morir entre 19.000 y un millón de aves por año al colisionar con los aerogeneradores.

Cantan los pájaros en el pequeño pinar enfrente de la sede de Comisiones Obreras en Andorra. Me despido de Nicolás y de Ángel como si me despidiera para siempre de un modo vida, de la última manifestación de la clase obrera a punto de extinguirse. Por delante, la era de las renovables abre camino y queda todavía por ver si el cambio de ciclo será justo y sostenible para el territorio, el paisaje y sus gentes.■





Este reportaje resume el programa de radio ‘Transición ecológica: no es verde todo lo que reluce’ de Carne Cruda y la revista Salvaje el cual estaba previsto grabarlo con público desde el Museo Minero de Andorra el pasado junio. Para ello se necesitaba una ayuda del ayuntamiento que habían asegurado. El alcalde del municipio, Antonio Amador, invitado a participar, no estaba conforme con que estuviera Teruel Existe y activistas que son críticos con el modelo que él defiende y dejó de contestar a las llamadas. El programa en Andorra tuvo que cancelarse. Se intentó acallar a medios independientes y de ese veto, se hizo el programa desde el estudio en Madrid contando igualmente con las voces de Nicolás y Ángel: el último eslabón de la transición energética.

 


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