#MeriemAoufi - La Primavera Árabe: 10 años entre ilusiones y frustración

La ocupación de la plaza Tahrir en El Cairo (Egipto) se convirtió en 2011 en el símbolo por excelencia de la Primavera Árabe.


Han pasado diez años desde que estalló la primera chispa de ira que provocó grandes movilizaciones y revueltas en el mundo árabe. Todo empezó un 17 de diciembre de 2010, en una pequeña localidad tunecina llamada Sidi Bouzid, donde el joven Mohamed Bouazizi, un humilde vendedor ambulante de frutas, prendió fuego a su cuerpo en protesta contra la actuación de las autoridades por no tener licencia.

Bouazizi se suicido sin saber que su acto iba a provocar grandes protestas en todo el territorio contra la pobreza, la falta de libertad y la injusticia social bajo el régimen de Ben Ali, que acabó dejando el poder semanas después, huyendo a Arabia Saudita. Por primera vez en su historia, el pueblo tunecino logró acabar con la dictadura de Ben Ali, consiguiendo más libertades y lo más importante: una transición democrática que pese a sus defectos, es la envidia de muchos países de la zona.

Derrocar la dictadura de Ben Ali que duró más de 23 años, animó y alimentó la rabia de otros países árabes como Egipto, Libia, Yemen, Siria, Argelia, Líbano, etc., contra sus gobernantes.

El 25 de enero de 2011, multitudes de egipcios ocuparon las calles de todo el país, exigiendo libertades políticas y justicia social. El presidente Hosni Mubarak dimitió del poder en febrero del 2011 y dejó el poder en manos del ejército, que convocaron elecciones, que trajeron a los hermanos musulmanes al poder, algo que Abdel Fattah El-Sisi, jefe del ejército no permitió que duraran mucho y devolvió el poder a manos del ejército, convocando elecciones que las ganó él mismo. Después de que la revolución en Túnez y Egipto lograra derrocar a los presidentes de los dos países, el pueblo libio salió a exigir libertad y acabar con la dictadura de Muammar El Gaddafi de más de 42 años. Las manifestaciones en Libia fueron contestadas con represión y violencia, lo que provocó conflictos y enfrentamientos entre el régimen y diferentes grupos de opositores, entre ellos grupos terroristas. La intervención de la comunidad internacional liderada por Francia apoyando los opositores agravó la situación, contribuyendo en el derrocamiento del coronel Muammar el Gaddafi, que murió entre los bombardeos que se estaban produciendo en Libia y que fueron retransmitidos en directo ante el mundo entero. Desde entonces el país entró en una guerra civil sin fin, convirtiéndose en un estado fallido, con grandes pérdidas humanas y económicas como nunca había conocido anteriormente el pueblo libio.

El efecto dominó de las revueltas llegó también a Yemen, uno de los países más pobres del mundo, donde los jóvenes salieron a la calle con esperanza y euforia para exigir cambios del régimen tiránico y para alcanzar una vida con más dignidad. Sin embargo, las cosas tomaron un camino parecido al de Libia, que a pesar de acabar con el dictador, el país se dividió como nunca y entró en una guerra civil y una trágica crisis humanitaria, que no para de empeorar con la intervención de algunos países de la región, especialmente de Arabia Saudita.

En Siria, las protestas que empezaron de forma pacífica acabaron siendo una sangrienta guerra civil, ya que fueron contestadas con represión y violaciones de los derechos humanos. Lo que condujo al enfrentamiento armado entre varios movimientos militares, que algunos surgieron del propio ejército sirio y a los que se sumó la organización terrorista ISIS. Cada parte apoyada por alguna fuerza extranjera como Turquía y otras potencias occidentales que intervinieron para apoyar a la oposición con dinero y armas. Lo que aumentó aún más la violencia y llevó a Siria en una sangrienta guerra civil, que ha dejado más de 400.000 muertos, sin contar los desaparecidos y las víctimas de tortura en las cárceles del régimen.

Siria se ha convertido en un país colapsado económicamente y socialmente, lo que ha provocado una huida de millones de sirios a todas partes del mundo en busca de seguridad, siendo la mayor tragedia humana que el mundo ha conocido después de la Segunda Guerra Mundial. La mayoría viven en campamentos en Líbano, Jordania, Turquía y unos pocos en Europa, especialmente en Alemania. Mientras, el régimen de Al Assad sigue aferrado al poder hasta el día de hoy gracias al apoyo de algunos de sus aliados, como Irán y Rusia.

La chispa de las protestas también se expandió y llegó a otros países árabes como Bahrein, Argelia, Líbano y otros países árabes, que salieron a las calles en masa para denunciar a los tiránicos regímenes gobernantes. Todos repitiendo casi los mismos lemas: derrumbar la dictadura, implementar la democracia, y vivir con más libertad y dignidad.


10 años después

Ya ha pasado una década desde el inicio de lo que algunos han llamado Primavera Árabe, mientras que otros rechazan por completo esa denominación. Hay quienes celebraron este aniversario y hay quienes lo niegan por la situación en la que se encuentra el mundo árabe. Las opiniones y puntos de vista difieren sobre los resultados de los movilizaciones árabes de hace 10 años; hay quienes creen que fueron positivos, ya que despertaron la conciencia de los pueblos árabes para derribar las dictaduras y luchar por la democracia a pesar de lo duro y largo de este camino. Sin embargo hay quienes creen que la Primavera Árabe no fue primavera sino un invierno, un fracaso y una tragedia que no aportó más que inseguridad, pobreza extrema y un colapso de las economías. También hay quien dice que todo fue una conspiración manipulada por el exterior para crear guerras y desestabilizar el Magreb y el Oriente Medio por motivos geopolíticos.

Desgraciadamente el sueño de libertad, justicia y democracia se convirtió en una pesadilla para muchos, que se vieron obligados a elegir entre la paz impuesta de una dictadura o la inseguridad de la democracia y todo eso con la amenaza de fondo del islamismo radical.■

 


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