#JuanSanz - Cambia tu respiración y transforma tu vida



Hace años que respiras. Puede parecer una obviedad, pero quizás no te hayas dado cuenta todavía. Puede que seas consciente de ello cuando te falta el aire, cuando lo echas de menos. Puede que después de un año utilizando la mascarilla hayas entendido la importancia de este proceso básico en tu vida.


Puede, quizás, a lo mejor… porque, muchas veces, no nos damos cuenta de la importancia de algo hasta que lo perdemos. Y es que, expresiones como “me ahogo” o “me falta el aire” son cada vez más cotidianas. Vivimos una crisis respiratoria global, y la pandemia poco tiene que ver con esto. Si acaso, lo ha sacado a la superficie, ha hecho evidente algo que viene ocurriendo desde hace unas décadas: Que cada vez andamos más desconectados de nosotros mismos, de nuestras necesidades, de nuestras sensaciones, de los ritmos de la naturaleza y, como no, de nuestra respiración.


Respiración y salud

La respiración está íntimamente relacionada con nuestro bienestar y nuestra salud. Es una relación bidireccional. Si hay un problema en la respiración, habrá un problema de salud, emocional o psicológico. Y viceversa. Si tengo problemas de salud (hipertensión, diabetes, asma, apnea…), emocionales o psicológicos (ansiedad, dificultades de concentración, insomnio…) el patrón respiratorio será disfuncional. Así que… ¿por dónde comenzar? ¿cómo romper esta espiral? ¿cómo encaminarnos hacia el bienestar?

De hábitos saludables se ha escrito y hablado mucho, pero pocas veces se ha tenido en cuenta la respiración. Técnicas y tradiciones milenarias como por ejemplo, el yoga, ya la integran en su práctica, pero fuera de ahí… poco más. Para la sociedad occidental, hasta que algo no se demuestra científicamente, no tiene validez, se desconfía de ello. Quizá por ello nos hemos estado perdiendo una sabiduría que ya estaba a nuestro alcance. Pero bueno, la cuestión es que ahora esta evidencia científica inunda las publicaciones y revistas más prestigiosas y, gracias a ello, el poder de la respiración está llegando de nuevo a todos nosotros con el aval que nuestra mente occidental necesitaba. Podemos decir que hemos llegado a tiempo, todavía respiramos, que ya es mucho para los tiempos que corren.

Este aval con el que la ciencia respalda la capacidad de la respiración para transformar nuestras vidas puede verse resumido en una frase: “Respirar menos, para vivir más y con mayor calidad”.

En función del ritmo de respiración, activaremos de una u otra forma nuestro sistema nervioso autónomo (SNA) y, a través de él, todo nuestro organismo. Una respiración lenta, con una frecuencia entre 5,5 y 6 respiraciones por minuto, hace que la rama parasimpática del SNA se active. Esta rama es la encargada de la “relajación” de nuestro organismo, a través del cual se activan los procesos de regeneración, reparación y recuperación de energía. Estos procesos son imprescindibles para recargar pilas y volver a estar disponibles para atender las exigencias del mundo exterior. En cambio, una frecuencia de respiración elevada activará la rama simpática, responsable de prepararnos para la acción, bien sea para la lucha o para la huida.

Por lo tanto, una persona que tengan un patrón de respiración disfuncional, en el que hay una tendencia a la hiperventilación, vivirá en un estado de mayor activación y tendrá dificultades para lograr relajarse, concentrarse y vivir con serenidad. Hemos de tener claro que el estado base de una persona para su correcto desarrollo es el estado parasimpático, con momentos de activación (estrés) puntuales a los cuales el organismo se puede adaptar con facilidad. El problema ocurre cuando estos estados de activación se cronifican. Nuestro organismo no es capaz de adaptarse a una situación de alarma constante y como consecuencia, aparecen los problemas de salud físicos, emocionales o psicológicos.

Ahora bien, si a una persona con un patrón de respiración disfuncional le pedimos que respire lento para activar este estado de relajación, es posible que se vea incapaz, que no lo consiga y que ocurra el efecto contrario, que se agobie porque siente que le falta el aire.


El papel del dióxido de carbono (CO2) en la respiración

La idea que tenemos es que el CO2 es malo y es un gas de deshecho. Lo que no nos han explicado es que unos niveles reducidos de CO2 conllevan una vasoconstricción de los vasos sanguíneos (“se cierran”) y hacen que el oxígeno transportado por la hemoglobina tenga dificultades para “soltarse” y cumplir su función de oxigenación de órganos y tejidos. ¿Y? Pues que automáticamente la tensión arterial se va a elevar, el corazón va a comenzar a latir más rápido y el organismo estará peor oxigenado. De nuevo, consecuencias nefastas para una vida plena.

Una persona que hiperventila (recordemos que es un sistema nervioso en modo alerta), tiene una baja tolerancia a este gas, por lo que, con pequeñas concentraciones en sangre de CO2 su organismo le pedirá que incremente la frecuencia de respiración, activando todavía más este estado de alerta del SNA.

Tenemos una situación preocupante: un sistema nervioso hiperactivado, con poca capacidad para relajarse y un cuerpo cuyos tejidos, órganos y células tienen una peor oxigenación.

Pero bueno, no todo van a ser malas noticias… y es que seguro que, leyendo estas líneas, en algún momento, has llevado la atención a tu respiración. ¡Exactamente! Eres capaz de gestionar tu respiración a voluntad. Puede parecer una obviedad, pero pregúntate: de las aproximadamente 20.000 veces que respiras al día, ¿cuántas haces conscientemente? ¿respiras por la nariz o por la boca? ¿movilizas el pecho únicamente o implicas el diafragma? ¿cuánto tiempo eres capaz de hacer que dure tu inhalación o exhalación? ¿haces pausas entre la una y la otra? ¿tu exhalación es más larga que tu inhalación, o al revés? ¿dejas que tu exhalación ocurra de forma relajada, la retienes o la fuerzas? ¿cuando duermes respiras por la boca o la nariz? ¿y cuando usas la mascarilla, cuando haces deporte?


Respirar menos para vivir más

El primer paso es éste, observar tu respiración. Ahí comienza a ocurrir algo interesante, algo empieza a cambiar. Después vuelve a la máxima que apuntábamos antes: Respirar menos para vivir más. Para ello es fundamental recuperar tu nariz para respirar. Es un paso imprescindible, vital. Procura que tu respiración sea suave, sin prisa. Suelta y relaja tu abdomen y hombros, deja que el movimiento fluya en cada respiración. Disfruta de las sensaciones que te genera el tomar aire, el llenarte, el coger… y de todo aquello que implica el dar, el desprenderte de lo que ya no necesitas, con consciencia. Visualiza cómo quieres que sea tu vida y respira de la misma manera. Cambia tu respiración, transforma tu vida.■



Juan Sanz Artieda

Psicólogo Sanitario. Colegiado A-01407.
Espacio Fontanales. Calle Fontanales, 4 - 1º CALANDA (Teruel)
www.espaciofontanales.com

Contacto:
Móvil: +34 693 227 674
email: juansanzartieda@gmail.com


 


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