
Leer o releer en rápida sucesión parte de la obra publicada en castellano de este escritor británico, de ascendencia judía y con una brillante trayectoria de politólogo, ensayista e historiador, catedrático de la Universidad de Nueva York y norteamericano de adopción, es una experiencia interesante, que ofrece una visión bastante diferente y mucho más rica de la historia oficiosa y oficial del pasado siglo. Es una lectura que requiere tiempo y atención, pero que compensa sobradamente: la aclaración de dudas sobre el auténtico proceso histórico de un siglo caracterizado por su ignominia, crueldad sanguinaria y una brutal tendencia a tergiversar las incalificables historias con las que se pretendía hacer olvidar y justificar los horrores y vejaciones que unos supuestos seres humanos causaron a otras personas. Y no hablo sólo de la shoa, el Holocausto de los judíos, sino también de la aniquilación de millones de personas por su raza, religión o simples intereses económicos, que durante el siglo XX y extendiéndose al XXI, se ha producido en muchos otros escenarios –en plena Europa: Ucrania– en los que esos ultrajes al ser humano fueron justificados dolosamente: matanzas y genocidios, hambrunas, destrucción de hogares, violaciones y epidemias repartidos por todo el mundo, así como la desvalorización de los principios universales de derechos humanos, la libertad, la justicia internacional y la protección de niños, mujeres y ancianos.
En la totalidad de sus obras –al menos las leídas por este comentarista– desde la enorme (en páginas –1.212– y en erudición) Posguerra, Una historia de Europa desde 1945 (Taurus 2006) o las complementarias Pensar el siglo XX (T.2012), trascripción de las conversaciones con su colega, el historiador Timothy Snyder. Sobre el olvidado siglo XX (T.2008) y las críticas punzantes en Algo va mal (T.2011) o El món no se’n surt, (Magrana 2010). En todas ellas se hacen lúcidos análisis de la política, la economía, la ética y la resiliencia del ser humano en el pasado siglo XX y el comienzo del actual. Judt murió en 2010 y varios de sus libros son póstumos. El lector de su obra acaba abrumado no sólo por la vastedad enorme de la temática abordada y por la abundancia de datos y análisis... también por la honestidad y capacidad intelectual derrochadas por el autor. Pero, singularmente, lo que más sorprende y conmueve al lector es la enorme fuerza de voluntad y capacidad de sacrificio de las que Judt hizo gala al final de su vida, sobreponiéndose al trastorno neuro-motor que le afectaba desde 2008. Se trata de una variante de la ELA (esclerosis lateral amiotrófica), llamada enfermedad de Lou Gehrig. Una dolencia neuro-degenerativa que consume a la persona (aunque no produce dolor en sí, pero ocasiona enormes molestias e incapacidades). Es como «una prisión progresiva sin fianza» como Judt la califica, que va desde la imposibilidad de respirar sin ayuda mecánica, a no poder simplemente rascarse, mover las extremidades o cambiar de posición corporal. Va confinando al cuerpo –por la total incapacidad para el más mínimo movimiento corporal– en un órgano que pierde todas sus funciones, hasta que sobreviene la muerte. «Una existencia de cucaracha», la define Judt, con su humor irónico y nada autocompasivo. Y añade: «Nadie es capaz de comprender la sensación de aislamiento y encierro que impone esta enfermedad a sus víctimas».
Cuatro de los cinco libros reseñados en este trabajo fueron creados a través de esa trabajosa y difícil tarea de transcripción de las ideas y palabras de un enfermo en las durísimas condiciones que impone la ELA, no sólo y principalmente al enfermo, sino también a los que transcribían sus palabras cada vez más difíciles de entender (y pronunciar). La lectura de la última, El refugio de la memoria, (T. 2011) dictada a sus colaboradores desde su silla de ruedas, constituye una experiencia inolvidable y reconfortante ante la claridad y empeño de la mente de Judt y a su estoico conformismo y paciente humor e ironía. En este libro comenta momentos biográficos en relación con los hechos históricos que le tocó vivir, auxiliándose con una técnica memorística que consiste en ir «amueblando» mentalmente un lugar conocido y muy familiar, el propio hogar por ejemplo, con elementos y circunstancias reales del pasado, a fin de recurrir a ellos con más facilidad. Y se despide de sus lectores con una frase imborrable: «Y ahí me quedo: vendado, miope e inmóvil como una momia moderna, solo en mi prisión corporal».
En ese libro nos dice «la única manera que he encontrado para hacer tolerable este calvario, no sólo por una noche sino para el tiempo que me quede de vida, ha sido desplazarme mentalmente por mi vida, mis pensamientos y fantasías, mis recuerdos, reales o erróneos y otras cosas por el estilo hasta que encuentro personas o historias que puedo emplear para distraer mi mente del cuerpo en el que está encajonada». Judt reflexiona sobre política e historia, vida personal, amigos, olores y sabores, relaciones personales, su matrimonio y sus dos hijos.
A mi parecer, «Posguerra, una historia de Europa desde 1945» es su obra más lograda. Se publicó antes de declararse su ELA. Resume años de trabajo, investigación y reflexión, en un análisis muy honesto y sincero. Asombra leer la lógica, desapasionada, crítica e implacable visión que nos ofrece del problema de Israel con los pueblos árabes y el progresivo deterioro ético de su política y acciones bélicas. En su juventud, Judt había sido un sionista radical (incluso había luchado en las filas del Ejército israelí) y posteriormente se convirtió en un crítico implacable de los Gobiernos israelíes desde la Guerra de los Seis Días. ¿Cómo hubiera reaccionado ante el actual genocidio de Netanyahu en Gaza y en Líbano?
Judt publicó dos soberbias obras de 2008 a 2011. La primera ya afectado por el ELA y la siguiente, póstuma: Sobre el olvidado siglo XX y Pensar el siglo XX. Esta última considerada su «testamento intelectual». Refleja las conversaciones del autor con Timothy Snyder, reputado historiador también y amigo personal de Judt, que calificó el libro de una mezcla de «historia, biografía y ética». En Algo va mal (2011) Judt hace un lúcido diagnóstico sobre nuestra época: «Hay algo profundamente erróneo en la forma en que vivimos hoy. Hemos hecho una virtud de la búsqueda del beneficio material, como si fuera un propósito colectivo. Pero como ciudadanos de una sociedad libre debemos mirar críticamente nuestro mundo. Si pensamos que algo está mal debemos actuar en congruencia con ello... no se trata de interpretar el mundo sino de transformarlo. Y si queremos mejores gobernantes aprendamos a pedir más de ellos y menos para nosotros. Más austeridad, paciencia y sobriedad emocional, iría bien».
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