En la heroica lucha de la Resistencia francesa contra la ocupación alemana del país galo durante la II Guerra Mundial, se ha destacado con justicia la relevante participación de varios miles de combatientes republicanos españoles que en ella participaron y en la cual vertieron su sangre en su lucha por la libertad y contra el fascismo.
Sin embargo, en pocas ocasiones se ha investigado el papel, tan importante como muchas veces ignorado, que en la Resistencia desempeñaron las mujeres republicanas españolas. Una excepción de ello es el caso de Carmen Blasco, conocida como “Carmen la Roja” ya que su historia es conocida gracias a la entrevista que, el 15 de julio de 1995 le hizo el historiador Jean Ortiz, tristemente fallecido en el año 2023.
Gracias a la citada entrevista sabemos que Carmen Blasco nació en la ciudad de Huesca el 17 de julio de 1922 y que su familia emigró a Francia por motivos económicos y se estableció en Pau cuando ella contaba con apenas 9 meses de edad.
De su infancia recordaba con emoción cómo su familia, junto con otros muchos compatriotas españoles residentes en el capital del Béarn, festejaron con alegría la proclamación de la II República española el 14 de abril de 1931. Eran años de intensa agitación política, tanto en España como en Francia y ello también afectó a la familia Blasco. De este modo, en 1933 su hermano Aúreo, que era comunista, fue expulsado de Francia “por razones políticas” y, a su llegada a España, sería detenido por las autoridades, permaneciendo en prisión hasta febrero de 1936, cuando tras la victoria electoral del Frente Popular, fue amnistiado. No obstante, cuando cinco meses después tuvo lugar el posterior inicio de la Guerra Civil, Aúreo fue fusilado por los sublevados franquistas en la ciudad de Zaragoza.
Iniciada la contienda, Luciano, el otro hermano de Carmen, fue uno de los primeros en salir voluntario para España en defensa de la República: era octubre de 1936 y, aunque tenía tan sólo 16 años, como recordaba Carmen, “era muy apasionado, muy rebelde”.
Por otra parte, su tío Julio Ferrer, comunista aragonés, aunque nacionalizado francés, como señalaba su sobrina, “dirigía la poderosa Federación española de los inmigrantes” y, a finales de 1939, “fue uno de los organizadores en Pau de la MOI, (Mano de Obra Inmigrante), organización dependiente del Partido Comunista Francés que tenía por objeto integrar a los trabajadores extranjeros.
Fue entonces cuando Carmen, con apenas 17 años, empezó a colaborar con la MOI y se encargó de la ayuda a los republicanos españoles refugiados en Francia tras la derrota en la guerra, algunos de ellos heridos y hospitalizados, otros encarcelados en prisiones francesas. Además, para ello, recuerda cómo “iba de puerta en puerta recaudando fondos” para estas tareas.
Tras el estallido de la II Guerra Mundial y la derrota de Francia ante las tropas hitlerianas, el país quedó dividido en dos: mientras una zona era controlada por el ejército alemán de ocupación, la otra, la llamada “zona libre”, correspondía al régimen fascista del mariscal Pétain, que estableció su capital en Vichy y que, por ello, era aliado de la Alemania nazi y amigo de la España franquista. De este modo, cuando el mariscal Pétain visitó Pau el 20 de abril de 1941, Luciano, el hermano de Carmen y otros miembros españolas de la MOI, fueron quienes cubrieron algunas paredes del casco viejo de la capital bearnesa con pintadas antialemanas, por lo cual, nuestra protagonista no dudó en señalar que “la MOI extranjera salvó el honor de nuestra ciudad” ante la visita del vetusto y reaccionario mariscal Pétain, convertido para desgracia de Francia, en un fiel colaborador de Hitler.
De los signos de protesta a colaborar en la lucha armada ya sólo había un paso y así fue. Carmen se convirtió por ello en enlace de la 10ª Brigada de Guerrilleros, que estaba formada por combatientes republicanos españoles dispuestos a continuar en tierras francesas la lucha contra el fascismo que ya habían llevado a cabo durante la Guerra de España de 1936-1939. De este modo, Carmen enlazaba con la guerrilla que actuaba en las cercanas montañas pirenaicas con el llano, con los valles y a los diferentes grupos de la resistencia entre ellos. Se desplazaba siempre después de terminar su trabajo en un taller de calzado, subiendo por aquellas carreteras y caminos en su bicicleta, “las más de las veces por las noches, para cumplir misiones” y, recordando esta etapa de su vida, comentaba con ironía, que “corrí más kilómetros que si hubiera dado la vuelta a Francia”.
En sus desplazamientos como enlace, Carmen transportaba cartas y mensajes que escondía en el manillar o en los tubos metálicos de su bicicleta, En otras ocasiones, llevaba dinero, ropa medicamentos o pan para los guerrilleros de las montañas. Habitualmente, enlazaba a la citada 10ª Brigada con la 9ª Brigada de Guerrilleros que actuaba en el vecino departamento de los Altos Pirineos.
Su labor durante los duros años de la II Guerra Mundial tuvo su recompensa pues, tras la liberación de Francia, le fue concedida por las autoridades del general Charles De Gaulle, la Cruz de Guerra al igual que a otros republicanos españoles a los que se les consideró “héroes” por su lucha antifascista.
Pero, tras la victoria, esos mismos republicanos españoles exiliados en Francia, pasaron de ser héroes a sufrir una nueva persecución, sobre todo los que eran de filiación comunista. Eran aquellos los tiempos de la Guerra Fría y una psicosis de anticomunismo se extendió por toda la Europa occidental, también por Francia. De hecho, en 1950, como recordaba con dolor Carmen, “la prensa y el Gobierno nos denunciaron” bajo la acusación de ser “delincuentes a sueldo del Ejército soviético rojo”. En consecuencia, poco después, en septiembre de dicho año, tuvo lugar una gran redada contra los comunistas españoles residentes en Francia, la conocida como “Operación Bolero-Paprika”, durante la cual, entre los numerosos encarcelados, se encontraba el marido de Carmen. Semejante hecho, cometido contra aquellos españoles que habían luchado por la libertad de Francia, fue una enorme injusticia histórica cometida, para mayor oprobio, por un Gobierno francés de signo socialista y radical, esto es, de centro-izquierda, lo cual le hizo exclamar con rabia a Carmen que: “éramos muy vigilados… Franco podía dormir contento”.
Así fue la historia personal de Carmen Blasco, “Carmen la Roja”, una historia de lucha por la libertad frete a todo un cúmulo de adversidades que, pese a ello, hizo que mantuviese en todo momento su dignidad y coherencia y ello pese al abandono y a la injusta persecución que las democracias occidentales, y entre ellas Francia, dieron a los defensores de los ideales y la legitimidad de la II República española.
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