Sólo hay que darse una vuelta por cualquiera de las calles de cualquiera de los municipios de nuestra comarca. Desde hace ya un par de décadas, de una manera lenta, al principio imperceptible, pero inexorable, la población autóctona del territorio está siendo reemplazada; el bajoaragonés común, el de toda la vida, «los de aquí» tal y como imploraba el nuevo diputado autonómico alcañizano Carlos Andreu en el reciente mitin electoral de su partido en su ciudad, han sido erradicados, sustituidos, borrados de la faz de La Tierra y, por consiguiente, del censo electoral. En su lugar han venido a vivir, a trabajar y a votar centenares, miles de nuevos habitantes que proceden de una extraña galaxia en la que no se conocen los estragos de las dictaduras, en la que Hitler es un ser de luz, y cuyos valores morales, éticos y políticos tienen que ver con la guerra, el hambre, la desigualdad y la miseria.
El bajoaragonés autóctono, el poblador de esta comarca que trataba de sobrevivir a las consecuencias de la crisis de 2008, ya no vive aquí. Ya no vive, en realidad. Y si no lo creen, comparen los resultados de las elecciones autonómicas de esta última década. En los comicios aragoneses de 2015, en la Comarca del Bajo Aragón, el PSOE rozaba los 3.400 votos, Podemos sacó casi 2.800, y aún sumaban cerca de 900 sufragios más entre IU y CHA. Al otro lado, el PP apenas superaba los 4.000 votos, el PAR aún guardaba más de dos mil, y Ciudadanos estaba en otros 900. Eran otros tiempos. Había muchos menos inmigrantes entre nosotros, no estaba amenazada la genética aragonesa oriental.
Ha pasado una década, y el Gran Reemplazo ha cumplido su objetivo. Poco a poco, sin hacer ruido, elecciones tras elecciones. El bipartidismo retomó posiciones, Ciudadanos alcanzó su apogeo, su gran cénit electoral. En el siguiente y más reciente ciclo, esos inmigrantes se vistieron con banderas de la provincia de Teruel. Y el último desembarco de nuevos bajoaragoneses ha terminado de barrer el sustrato demográfico autóctono justo a tiempo, en las elecciones autonómicas de este pasado mes de febrero.
Las élites globalistas que no quieren oír hablar de la supervivencia de «los de aquí» han ganado. El bajoaragonés autóctono que supo entender y canalizar una demanda social de cambio democrático, de mejora y consolidación de servicios públicos, de vivienda accesible, de empleo digno, de infraestructuras y de respeto por el medio ambiente y el patrimonio ha sido reemplazado por un nuevo habitante extraterrestre, iletrado, sin conciencia social ni moral, cínico y acrítico, incluso violento y pendenciero.
¿No lo creen así? ¿Piensan en realidad que lo que ha ocurrido es que ese voto por el cambio ha visto muy defraudadas sus expectativas tras años de gobierno central apoyado de manera poco exigente por una pléyade de partidos «de mayoría social de progreso»? ¿Les parece quizá que el Bajo Aragón ha premiado la apuesta de un partido por situar en puestos elevados de su lista a un vecino conocido por la ciudadanía frente a la mayor parte del resto de partidos que casi no saben ni dónde está Alcañiz? Están ustedes desinformados, sometidos a la tiranía manipuladora de las élites del Gran Reemplazo y su ejército de alienígenas.
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