
Como cada junio, llega a su fin un curso escolar más. Ese periodo de tiempo en el que nuestros hijos y nuestras hijas dejan de hablar de exámenes y asignaturas, y vuelcan todo su esfuerzo, dedicación y empeño en jugar, descansar, ir con sus amigos y amigas de un lado para otro y, si hay suerte, disfrutar de un periodo de vacaciones en la playa, la montaña o incluso, algún lugar del mundo viajando con la familia.
Generalmente, este fin de curso simboliza el final de un camino. Para algunos niños y niñas es un punto y aparte. Para otros es el final de una etapa y el comienzo de un nuevo reto en sus vidas.
Estos días suelen estar llenos de emoción. Una emoción que varía, de manera muy notable, dependiendo de muchos factores. Hay emociones de júbilo y alegría, por aquellos niños y niñas que superan todas las asignaturas gracias al esfuerzo y dedicación de diez meses de trabajo. Las hay de tristeza, de aquel alumnado que no ha superado algún objetivo y ve cómo su verano puede no ser tan idílico. Las hay de melancolía, ante el cierre del proceso de, prácticamente, toda una vida.
Estas, entre muchas otras, son algunas de las emociones que rodean estos momentos. Quedan ahora dos meses por delante. Mi recomendación desde esta tribuna es que les dejemos disfrutar de ese tiempo. Que recarguen energía a tope. Que no olviden tener una buena lectura a mano y que disfruten del aire libre y la naturaleza antes que de las pantallas del interior de una casa.
También me gustaría mencionar que es un final de curso para los maestros y maestras que han estado con ellos. Personas que han volcado su esfuerzo y dedicación diaria para darles a nuestros pequeños las mejores oportunidades de aprendizaje. Ellos y ellas también viven estos días con intensidad. Nace en ellos la nostalgia por el curso que se va pero también, el orgullo de ver que el trabajo de tanto tiempo sale a la luz.
Muchos nos vamos emocionados y llenos de todo ese amor que los niños pueden dar. De esos abrazos y besos. De esas notas de «mejor profe del mundo». De esas últimas risas y esas últimas bromas. Pero también se van preparando ya para lo que llegará dentro de poco. Esas aulas que ahora quedan en silencio, volverán a estar llenas de ruido dentro de poco.
Clases que, tanto a maestros como a niños, estarán esperándoles de nuevo en septiembre, junto con los libros, los contenidos y miles de nuevas vivencias pero, eso, será una nueva historia que comenzará en septiembre de 2026.
¿Te ha gustado este artículo? Compártelo