
En mayo quedó visto para sentencia el juicio de uno de los casos de maltrato animal más mediáticos recientemente: el «caso Vivotecnia».
El caso estalló en abril de 2021. Vivotecnia es una organización de investigación por contrato especializada en estudios preclínicos de toxicología y seguridad farmacológica para desarrollar fármacos y productos para la industria química, cosmética, biotecnológica o agroquímica. Esto incluye animales de experimentación, como roedores, perros y primates criados para ello y sacrificados tras el estudio, para probar la toxicidad de sustancias.
Lo que se vio de puertas para adentro, gracias a las grabaciones con cámara oculta de una trabajadora infiltrada, lo cambió todo. La reacción del movimiento a favor de los derechos de los animales, y de la opinión pública, que rechazó los golpes, los insultos y la crueldad contra animales indefensos, no se hizo esperar. Se exigió el decomiso de todos los animales «almacenados» en el laboratorio y su cierre cautelar. Pero, poderoso caballero es don dinero, ninguna de esas exigencias fue atendida por la Comunidad de Madrid.
Después llegó el trabajo político y legal para impedir que eso siguiera sucediendo. Cinco años después, dos trabajadores de Vivotecnia se han enfrentado a un juicio.
¿Por qué no se juzga a la empresa?
Aunque los hechos ocurrieron dentro del laboratorio, la empresa no puede ser acusada penalmente. La razón es jurídica: en el momento de los hechos, el Código Penal no contemplaba la responsabilidad penal de las personas jurídicas en delitos de maltrato animal. Cambió en 2023, pero la reforma no puede aplicarse con carácter retroactivo. Aun así, la empresa figura como responsable civil subsidiaria y podría asumir responsabilidades económicas en caso de condena.
¿Por qué en pleno siglo XXI se sigue experimentando con animales?
La respuesta es sencilla: dinero. Actualmente, la regulación legal de la experimentación con animales se encuentra en la Directiva 86/609/CEE, de 24 de noviembre. En España, se recoge en el Real Decreto 53/2013, de 1 de febrero, que establece las normas básicas para la protección de los animales utilizados en experimentación y otros fines científicos. Posteriormente se promulgó el Real Decreto 1386/2018, de 19 de noviembre, que modificó el Real Decreto 53/2013. Sin embargo, en muchos casos la legislación estatal y europea no se ha cumplido, y seguramente no se está cumpliendo.
Existen alternativas, como modelos de predicción e integración de datos, organismos como bacterias, hongos, plantas o invertebrados, y cultivos o sistemas in vitro. Pero el principal obstáculo es económico: no hay suficiente inversión ni voluntad política decidida a incentivar estas alternativas.
Cifras y métodosMás de 100 millones de animales son usados para experimentación. El estudio de un solo fármaco comporta la muerte de unos 3000 animales y, en muchos casos, se realiza sin anestesia. Para estudiar patologías humanas, se provoca la enfermedad en el animal y después se prueban tratamientos, incluso mediante modificación genética. Otras veces se causan lesiones en el cerebro o la médula espinal, infecciones, quemaduras o técnicas invasivas.
La mayoría de los perros utilizados en laboratorios son beagles. ¿Por qué? Por su temperamento dócil, su tamaño manejable y porque rara vez muerden. Paradójicamente, las mismas características que los hacen excelentes compañeros los convierten en víctimas.
No es ético que la ciencia progrese a costa del sufrimiento animal cuando existen métodos alternativos con resultados satisfactorios. Hay muchos productos de cosmética, higiene y limpieza en cuya producción no se ha experimentado con animales. Son productos con certificado «Cruelty Free», libre de crueldad. Os invitamos a descubrirlos y a consumirlos.
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