
En estos tiempos que estamos haciendo la declaración de la renta es cuando nos acordamos que la inflación nos golpea cada vez más fuerte y sin piedad.
Primero de todo vamos a definir el concepto: «La progresividad en frío es una subida silenciosa de impuestos que ocurre cuando la inflación eleva tu salario nominal, pero los tramos del IRPF permanecen congelados. Aunque tu poder adquisitivo no aumente (o incluso baje), pasas a tributar a un tipo superior, perdiendo dinero neto».
A esto hay que añadir la frase «la inflación es el impuesto de los pobres» que es una máxima económica que describe cómo el aumento generalizado y sostenido de los precios reduce de forma desproporcionada el poder adquisitivo de las personas con menos recursos. La inflación anual estimada del IPC en mayo de 2026 es del 3,2%, nos preguntamos como puede ser solo esto si han subido los huevos, las frutas, el pescado de forma exponencial, todo más de 2 dígitos, sabemos cómo se calcula, pero no entendemos nada.
La pregunta que nos hacemos en estos tiempos es «por qué no se deflacta el IRPF», sería lo justo, ni en la tarifa estatal ni en la autonómica. En España, los tramos estatales del IRPF no han sido deflactados. En un sueldo de 30.000 euros brutos anuales, el impacto de no deflactar se traduce en pagar anualmente unos 232 a 255 euros más a Hacienda. Esto ocurre porque el aumento de este salario entra parcialmente en el tercer tramo del IRPF, elevando el tipo efectivo medio.
A esto se añade que el mínimo familiar y personal del IRPF es la cantidad de ingresos exenta de impuestos para cubrir necesidades básicas. Esta cuantía estatal lleva años congelada en 5.550 euros. Todas estas cuestiones hacen que cada vez la renta disponible sea más escasa en las familias.
• Revisión discrecional: A falta de ley automática, los parlamentos autonómicos y nacionales deben aprobar rebajas en las tarifas mediante leyes de presupuestos para compensar la inflación acumulada.
Otro de los problemas que no viene mucho a cuento con el IRPF, es que se ha subido el salario mínimo (y menos mal), pero no han subido los salarios medios de los Convenios en la misma proporción, lo cual lleva a la desmotivación de trabajadores, con la inflación aún es mucho más evidente este problema. Para los que tengan la suerte de tener unos pocos de ahorros tampoco consiguen revalorizarlos.
En resumen: la inflación es el impuesto invisible y una herramienta silenciosa de recaudación, sin necesidad de cambiar las leyes fiscales. La progresividad en frío actúa como una subida encubierta.
Las estrategias como contribuyente para apaciguar estos efectos pasan por aportaciones a planes de pensiones, retribución flexible y otras cosas que se dan como solución y que no son factibles ni muy viables, ya que hay muy poco margen de maniobra con rentas disponibles tan bajas, aparte que las deducciones fiscales son bastante escasas. Habrá que ponerse las pilas y recuperar opciones como la antigua deducción por compra de la primera vivienda, y otros incentivos, aunque la deflactación de tarifas sería lo justo.
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