
Los días 19 y 20 de mayo Aragón vivió una de las movilizaciones educativas más significativas de los últimos años. La huelga convocada por la comunidad educativa y los sindicatos recorrió todo el territorio aragonés para denunciar el progresivo deterioro de la enseñanza pública y exigir unas condiciones dignas para el alumnado y para quienes sostienen cada día los centros educativos. Las reivindicaciones eran claras: paralización de la ampliación de conciertos educativos, aumento de recursos humanos y materiales, mejora de las condiciones laborales, reducción de ratios, atención real a la diversidad, climatización de los centros, refuerzo de la escuela rural y una apuesta firme por una educación pública inclusiva y de calidad.
❝Desde primera hora de la mañana, compañeras y compañeros de numerosos pueblos del Bajo Aragón histórico se desplazaron hasta Caspe para participar en la huelga y en las concentraciones convocadas
En el Bajo Aragón histórico, la respuesta fue especialmente contundente. Las manifestaciones celebradas en Alcañiz, evidenciaron el profundo malestar existente en la comunidad educativa y reunieron a centenares de personas bajo una misma convicción: la educación pública no puede seguir sobreviviendo a base de precariedad y abandono institucional. Uno de los ejemplos más emocionantes y significativos de estas jornadas, para mí como profesora se vivió en Caspe, donde la movilización superó cualquier expectativa y se convirtió en un auténtico ejercicio colectivo de dignidad.
Desde primera hora de la mañana, compañeras y compañeros de numerosos pueblos del Bajo Aragón histórico se desplazaron hasta Caspe para participar en la huelga y en las concentraciones convocadas. La imagen de docentes, familias y alumnado caminando juntos simbolizó una realidad incontestable: la defensa de la educación pública ya no pertenece únicamente al profesorado, sino que se ha convertido en una causa social compartida.
El plan de destinar millones de euros públicos a nuevos conciertos en Bachillerato, es del todo inadmisible, especialmente cuando el sistema público cuenta con más de 2000 plazas vacantes. Financiar la privada teniendo espacio en la pública solo responde al deseo de subvencionar el negocio económico e ideológico de ciertas entidades pero tiene consecuencias todavía más graves: Fomenta el desequilibrio de oportunidades entre nuestros jóvenes y lo hace atendiendo a la capacidad económica y status social de sus familias.

❝La huelga de los días 19 y 20 de mayo fue un grito colectivo contra el abandono de la escuela pública y una reivindicación del derecho de todos los niños y niñas a recibir una educación digna, inclusiva y de calidad, independientemente del lugar en el que vivan.
Y es que la indignación no surge de discursos abstractos, sino de problemas concretos y cotidianos que afectan directamente a la calidad educativa y a la atención del alumnado. Nuestro centro, el IES Mar de Aragón tiene dos aulas cerradas por seguridad, hace unos meses surgieron unas grietas en la pared que podrían resultar comprometedoras, no dispone de ascensor en uno de los edificios, no dispone de una sola sombra en el recreo, no hay porches ni para cubrir el paso de la cocina al restaurante didáctico… A ello se suma la insuficiencia de personal no docente. Faltan limpiadoras, faltan conserjes, de las tres plazas de administración que corresponden legalmente al centro, únicamente hay una persona trabajando. Esta realidad genera una sobrecarga insostenible y repercute directamente en el funcionamiento diario de los institutos y colegios.
La situación de los colegios de Caspe tampoco es mejor. Las aulas se encuentran saturadas y la falta de espacio ha obligado a que una línea completa de sexto de Primaria esté impartiendo clase en la residencia de personas con discapacidad. Lo que debería ser una medida excepcional se ha convertido en una consecuencia evidente de años de infrafinanciación y ausencia de planificación educativa. Resulta difícil hablar de inclusión, innovación o calidad educativa cuando ni siquiera se garantizan espacios adecuados para el aprendizaje.
La huelga de los días 19 y 20 de mayo fue un grito colectivo contra el abandono de la escuela pública y una reivindicación del derecho de todos los niños y niñas a recibir una educación digna, inclusiva y de calidad, independientemente del lugar en el que vivan. La movilización en el Bajo Aragón así como la histórica y contundente macro manifestación de Zaragoza, donde acudimos una amplísima representación del mundo rural, dejó claro que la comunidad educativa está cansada de promesas vacías y exige soluciones reales e inmediatas.
Porque defender la educación pública no es un privilegio ni una consigna ideológica: es defender la igualdad de oportunidades, la cohesión social y el futuro de nuestros pueblos.
Por una escuela pública digna, inclusiva y viva: ni recortes ni abandono, la educación pública no se vende, se defiende.
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