
Estamos en septiembre, este mes se celebran las fiestas patronales de varios pueblos de nuestra comarca. Son días perfectos para salir en familia o con amigos y amigas y pasarlo bien. Acaba el verano, que en nuestra cultura se identifica con las vacaciones, la diversión y la vida social.
Este año, además, aconteció un evento importante para la mayoría: el Mundial de fútbol y la victoria de España en el mismo.
Pero sobrevolando este ambiente de camaradería, de caras pintadas en rojo y amarillo y cañas compartidas, una sombra.
Una sombra que nos acompaña siempre, en el interior de nuestros hogares, en nuestros puestos de trabajo y también cuando nos divertimos, en esos buenos ratos en que estrechamos lazos y fortalecemos vínculos.
Una sombra que muchas veces no queremos ver, porque estropea la fiesta y es más cómodo mirar hacia otro lado.
Esta sombra se llama Violencia Machista.
Según el Observatorio de la Violencia de Género un tercio de los ataques perpetrados contra mujeres por sus parejas o exparejas se producen en verano.
En esta época del año la convivencia con el agresor se intensifica y se incrementa el aislamiento de la víctima y al romperse las rutinas habituales se complica la protección de ésta.
Solo en los meses de junio y julio de 2026 han sido nueve las mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas.
En las horas posteriores a la final del Mundial de fútbol de este verano de 2026 las llamadas al servicio de atención a víctimas de violencia de género aumentaron un 120,8 %.
Según datos oficiales del Ministerio de Igualdad, el pico de solicitudes de asistencia ocurrió justo después de la victoria de la selección española en el Mundial.
Las denuncias por agresiones sexuales durante eventos festivos son habituales. Por poner un ejemplo cercano: en Alcañiz, en la última edición del Festival de Aragón Sonoro, ha sido denunciado un intento de agresión sexual a una mujer que salía de su puesto de trabajo.
Tenemos los datos, son similares en cualquier país del mundo occidental pero no parecemos capaces de ponerle remedio.
Y entretanto, mientras los datos nos escandalizan o miramos para otro lado hay quien no pierde el tiempo y lanza su relato, misógino y violento, para que cuaje en un terreno abonado por la tradición.
Y nos dice que no hay una violencia específica contra las mujeres, que el patriarcado no existe, que son «cosas de mujeres histéricas y amargadas».
Este relato se va repitiendo, en las televisiones que prestan su altavoz a la mentira, en las barras de los bares, por todas partes, poco a poco.
Un relato simple y cómodo, que apela a un supuesto pasado feliz, cuando cada quién sabía cuál era su lugar.
A nosotras, como feministas, nos preocupan los datos de la violencia machista y nos preocupa el relato negacionista de esta última.
Quizás la idea de un mundo basado en la igualdad de las personas y en el cuidado que tiene el feminismo no casa con esa otra idea que nos quieren imponer, la de la sociedad del miedo y la guerra, la de la lucha del penúltimo contra el último.
Ahora más que nunca, cuando el fascismo llama a nuestra puerta y el negacionismo machista golpea con fuerza es necesario seguir señalando las violencias machistas.
Porque nos jugamos mucho: una visión del mundo, una idea de futuro, una sociedad más justa y más alegre para nuestras hijas e hijos.
Ante la violencia machista.
NI UN PASO ATRÁS!!
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