
Recientemente, los agentes sociales hemos asistido a reuniones en las que la Fundación del Patrimonio Ferroviario nos ha citado para explicarnos su proyecto de Tren Turístico Bajo Aragón.
Tren Turístico Bajo Aragón, S. L. tiene su domicilio en Andorra. Se
constituyó el 28 de julio de 2025 con 4.000 euros de capital. En julio de 2026
se produjo una ampliación de 496.000 euros, dejando el capital social en
500.000 euros. La sociedad amplió su objeto para incluir la construcción de
vías ferroviarias, la fabricación de locomotoras y material ferroviario y los
servicios de ingeniería, entre otras actividades.
El Tren Turístico «Bajo Aragón» está relacionado con el Plan de
Acompañamiento del Nudo de Transición Justa Mudéjar, porque encaja en uno de
sus objetivos fundamentales: compensar y diversificar la economía de las
comarcas afectadas por el cierre de la Central Térmica de Andorra y la desaparición
de la actividad vinculada al carbón.
Nos comentan que quieren empezar en mayo de 2027 con los recorridos
y su actividad, que contará con tres líneas de ingresos: la venta de billetes
del convoy con locomotora de vapor que transportará a los pasajeros; un vagón
gastronómico con un restaurante ambientado en los años treinta; y el alquiler
de escenarios para películas, series o anuncios, como podría ser, por ejemplo,
el tráiler de The Walking Dead.
Los asistentes a dicha reunión de presentación del proyecto nos
miramos entre nosotros con ilusión y con ganas de acoger un proyecto nuevo,
pero también con la desconfianza de que nos vendan otra bomba de humo.
Después de siete años, si empieza a funcionar, nos beneficia de
todas maneras, porque las infraestructuras paradas solo generan desgaste y
deterioro, aunque sea para viajeros ocasionales entre Samper de Calanda y
Andorra. Siendo pesimistas, pensamos: ¿qué paisajes se ven desde el tren?
¿Molinos y placas? ¿Cables?
La decepción, en el caso de que el proyecto sí salga adelante, viene
porque los habitantes de Andorra y de la comarca somos más ambiciosos.
Queríamos que por esas vías se transportaran productos fabricados en las
empresas que nos prometieron durante la Transición Justa que se instalarían en
Andorra.
A esas vías les queríamos dar un uso industrial, algo que tampoco
supo darle Endesa, ya que en su momento solo se utilizaron para transportar
carbón. Ni polígono empresarial, ni puerto seco, ni conexión con el
Mediterráneo, ni nada de nada.
Tenemos miedo de que, con esta concesión de 40 años, se pueda frenar
un transporte de mercancías vinculado a una hipotética futura gran industria.
Nos preguntamos si este uso turístico es compatible con un posible uso
industrial o si esa posibilidad ha quedado ya cercenada.
Recordemos que Endesa consigue con ello justificar los 51 puestos de
trabajo previstos hasta 2029, de los cuales 29 serían de mano de obra local.
¿Y quién está realmente
detrás del proyecto?
Aquí hay que separar dos estructuras.
La propia web del proyecto dice que el Tren Turístico «Bajo Aragón»
es una iniciativa conjunta de Endesa Generación, Enel Green Power España y la
Fundación del Patrimonio Ferroviario.
La Fundación es la que está actuando como impulsora patrimonial.
Endesa y Enel Green Power, por su parte, son fundamentales porque han permitido
utilizar la antigua infraestructura ferroviaria y, tras la adenda de junio de
2026, ampliaron el ámbito hasta los terrenos de la antigua central de Andorra y
cedieron parcelas para instalaciones del proyecto.
Es decir, no debemos confundir la sociedad mercantil que explotará u
organizará el tren con la Fundación, Endesa y Enel Green Power, que impulsan y
hacen posible el proyecto patrimonial y ferroviario.
Y aquí aparece una oportunidad muy interesante para Andorra, al
mismo tiempo que surge la desconfianza.
Hay una explicación bastante clara, y no parece que la desconfianza
sea necesariamente hacia el tren en sí, sino hacia la credibilidad de otro
proyecto que se anuncia para Andorra después de años de promesas incumplidas.
El proyecto del Tren Turístico «Bajo Aragón» pretende recuperar unos
30 kilómetros de la antigua línea industrial entre Samper de Calanda y las
inmediaciones de la antigua central térmica de Andorra.
En 2026, el proyecto ha avanzado: se han ampliado los acuerdos con
Endesa y se ha autorizado el uso de unos tres kilómetros adicionales para
llegar hasta los terrenos de la antigua central. Además, en julio llegó
material para comenzar los trabajos de recuperación de la vía.
¿Por qué, entonces, hay
desconfianza?
El historial de Andorra pesa mucho. La comarca ha vivido durante
años anuncios de grandes proyectos ligados a la transición energética y a la
sustitución de la actividad minera. Casi ninguno ha llegado a materializarse
como se esperaba. Existe entre los vecinos una actitud de cautela porque han
visto pasar numerosos proyectos sin que terminaran cuajando.
Durante bastante tiempo faltaban elementos muy concretos en este
proyecto de tren turístico. Un análisis publicado en mayo de 2026 señalaba que
el proyecto tenía una inversión anunciada de unos 3,45 millones de euros, pero
todavía no había fecha de puesta en funcionamiento ni licencia y quedaban dudas
sobre su desarrollo. Esto alimenta fácilmente el comentario de «otra vez nos
están contando un proyecto».
El proyecto es ambicioso para una línea que llevaba décadas
abandonada. No se trata simplemente de poner una locomotora y unos vagones. Hay
que recuperar la infraestructura ferroviaria, garantizar su seguridad y
conseguir que la explotación turística sea viable.
Existe también una cuestión de expectativas. Para Andorra, recuperar
el ferrocarril tiene una carga simbólica enorme porque aquella línea estuvo
vinculada directamente a la actividad minera y a la central térmica. Por eso, algunos
vecinos pueden esperar que el proyecto aporte empleo, visitantes y actividad
económica, mientras que un tren exclusivamente turístico puede parecerles
insuficiente frente a las necesidades económicas de la comarca.
La comparación con otros proyectos turísticos también influye.
Andorra ya tiene patrimonio minero y un tren minero en el entorno del Pozo de
San Juan, dentro de la oferta turística de la comarca. Por tanto, la pregunta
lógica de algunos vecinos es: ¿cuántos turistas va a traer realmente este nuevo
tren y cuánto dinero dejarán en Andorra?
Pero hay un matiz
importante.
Decir que «la gente de Andorra no cree en el proyecto» sería
demasiado categórico sin disponer de una encuesta específica entre los vecinos.
Lo que sí está documentado es un contexto de escepticismo y cautela ante nuevos
proyectos de reindustrialización y transición.
Como elemento de esperanza, también hay que decir que el Tren
Turístico ha pasado recientemente de ser una propuesta sobre el papel a contar
con actuaciones materiales sobre la infraestructura.
De hecho, la cuestión decisiva para que cambie esa percepción
probablemente será demostrar tres cosas: que el tren realmente empieza a
circular; que cuenta con un calendario, un presupuesto y un modelo de
explotación transparentes; y que Andorra obtiene un beneficio económico
visible, no solamente que el tren llegue hasta allí.
Veremos en qué concluye todo esto y si de verdad se materializa en
un beneficio para los vecinos de Andorra.
Con todos estos puestos de trabajo prometidos en el Plan de
Acompañamiento y con la reducción de la inversión de Endesa en la zona, nos
preguntamos cómo afecta todo ello a este proyecto del tren, y nadie termina de
aclararlo. Por otra parte, cualquier iniciativa que permita utilizar esas vías
es positiva si evita que se sigan deteriorando y que terminen abandonadas.
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