
Ricardo Marzo es bombero forestal y presidente del Comité Provincial de Teruel en SARGA. Habla desde un operativo que, en plena campaña de incendios, mantiene una huelga indefinida iniciada el 18 de agosto. Tras años de reivindicaciones, denuncia falta de personal, jornadas extenuantes, centros de trabajo deficientes y unas condiciones laborales que, a su juicio, no se corresponden con el riesgo asumido. Defiende que la protesta no pretende abandonar las emergencias, sino reforzar un servicio que considera insuficiente para la realidad forestal de Aragón. Su relato pone el foco en una cuestión de fondo: cómo sostener un servicio de emergencias eficaz sin normalizar la fatiga, la precariedad ni la falta de medios.
¿Por qué iniciar una huelga indefinida precisamente en plena campaña de incendios?
Por un hartazgo ya desmesurado. Llevamos años viendo que la situación no cambia: no se amplía el operativo, no mejoran suficientemente los derechos laborales y siguen sin subsanarse muchas carencias. No es algo de este año. La gota que colmó el vaso fue comprobar que, con un solo incendio forestal, como el de la Peña de Riglos, el operativo se desbordó por todos los sitios.
El Gobierno de Aragón sostiene que desde 2023 ha habido mejoras. ¿Qué parte de la realidad creéis que no se está contando?
Que las mejoras de 2023 llegaron después de otra huelga. Convocamos una huelga indefinida y, cuando se produjo el incendio de Olba, la paralizamos para poder atenderlo. Somos profesionales y ante una emergencia siempre hemos respondido y vamos a responder. Después se firmó un convenio que permitió estabilizar a una plantilla que llevaba años precarizada laboral y salarialmente. Claro que hubo avances, pero también dijimos que lo que no se consiguiera entonces lo pelearíamos en los juzgados o en la calle. Y aquí estamos.
Reclamáis incorporar alrededor de 200 trabajadores. ¿Dónde se nota realmente esa falta de personal?
Principalmente en las cuadrillas terrestres. En verano deberían tener ocho componentes, pero este año muchas no han estado completas porque no se han cubierto bajas. Ha habido cuadrillas con seis o cinco personas. Eso obliga a compañeros a cubrir relevos y hace que tampoco puedan disfrutar de los descansos previstos. Se acumula el cansancio y termina afectando a todo el operativo.
¿Cómo puede ser una jornada real durante un gran incendio?
Nuestro horario presencial ordinario es de ocho horas, pero si al final de la jornada sale un incendio, el tiempo de traslado hasta la emergencia no cuenta como trabajo. A partir de que entramos en el incendio podemos hacer doce horas de extinción. Entre el turno, el desplazamiento, esas doce horas y la vuelta al centro de trabajo, tranquilamente podemos irnos a las veinte horas de trabajo en un día.
¿Qué supone enfrentarse al fuego después de tantas horas?
El riesgo existe desde el minuto uno porque estamos trabajando en incendios. Una jornada de doce horas hay que afrontarla como una maratón. El problema llega cuando encadenas dos, tres, cuatro, seis o incluso siete días seguidos. Acabas teniendo un desgaste enorme. Duermes mal, vuelves estresado y, a veces, apenas tienes cuatro o cinco horas antes de volver a salir. Esa fatiga aumenta el riesgo de accidente, de golpe de calor o de cualquier otro problema.
También habéis denunciado las condiciones de los centros de trabajo ¿Son casos aislados?
No. La inmensa mayoría de los centros del operativo no cumple, en mayor o menor medida, con las condiciones que debería tener un centro de trabajo. Hay lugares sin agua, sin luz, sin baño o sin ducha para asearse después de un incendio. También faltan sistemas de climatización. En mi centro hemos llegado a estar a 35 grados en verano y en otros, durante el invierno, se congela el agua. Inspección de Trabajo nos ha dado la razón en distintas ocasiones. Se está invirtiendo algo, pero sigue siendo insuficiente.
La Ley 5/2024 reconoce las particularidades y riesgos de los bomberos forestales ¿Qué falta por trasladar a vuestra realidad?
El reconocimiento real de la penosidad y la peligrosidad. Tenemos un plus de toxicidad, penosidad y peligrosidad, pero cobramos seis euros por día cuando vamos a una emergencia. Podemos acudir a varios incendios en una misma jornada y cobrar esos mismos seis euros. Y si no salimos a ninguna emergencia, no se cobra. No es un complemento acorde al trabajo que realizamos.
Planteáis brigadas terrestres de diez componentes durante todo el año ¿Qué cambiaría con ese modelo?
Permitiría organizar dos turnos de trabajo y reducir el cansancio. Podríamos aplicar rotaciones que evitasen estar más de tres días seguidos en una emergencia y, en incendios de grandes dimensiones, disponer de cuadrillas de relevo. También defendemos que el tiempo dentro del incendio no sea de doce horas, sino de ocho. La clave es mejorar la prevención durante una parte del año y disponer de más capacidad de respuesta durante la extinción.
¿Qué tendría que poner sobre la mesa el Gobierno de Aragón para que os planteaseis desconvocar la huelga?
Lo primero, sentarse con nosotros con voluntad real de negociar. En la última reunión acudió un técnico sin poder de decisión. Necesitamos compromisos concretos y a corto plazo: ampliar el operativo, mejorar los derechos laborales y avanzar también en las condiciones salariales. Eso es lo mínimo para empezar a hablar.
¿Qué le dirías a quien ve montes ardiendo y, al mismo tiempo, bomberos forestales manifestándose?
Que se ponga en nuestra piel. Nos enfrentamos a un riesgo real y exponemos nuestra vida en cada emergencia. Hacemos huelga ahora porque es cuando se ven los problemas: las jornadas, los descansos y la falta de personal. Pero seguimos siendo profesionales y cuando hay una emergencia respondemos. Nos duele llegar a esto porque somos los primeros que no queremos que se quemen los montes ni los pueblos. Precisamente por eso nos tenemos que plantar: queremos que Aragón tenga el operativo de incendios que merece.
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