
Todos sabemos que el Alzheimer es una enfermedad que va difuminando recuerdos poco a poco. A veces empieza borrando cosas pequeñas: dónde dejamos las cosas, qué día es hoy o la tarea que íbamos a realizar. Con el tiempo, puede llevarse los nombres, los lugares conocidos, las historias vividas e incluso el rostro de las personas que más queremos.
Pero hay algo que esta enfermedad no consigue borrar fácilmente: el amor.
Detrás de cada persona que padece Alzheimer suele haber alguien que permanece a su lado; una hija, una pareja, un nieto, una hermana… un cuidador. Personas que aprenden a repetir una respuesta como si fuera la primera vez. Que vuelven a contra la misma historia. Que ayudan a vestirse, a comer, a orientarse y que ofrecen una mano segura cuando el «mundo» empieza a ser desconocido.
Cuidar de una persona con Alzheimer es querer de una manera inmensa.
Este cuento habla de memoria, pero sobre todo habla de personas. De quienes empiezan a olvidar y de quienes deciden recordar por ellos. Porque cuando alguien olvida su historia, podemos seguir contándosela. Cuando olvida un momento, podemos revivirlo a su lado. Y cuando un día olvide nuestro nombre… Nosotros podemos seguir recordando el suyo.
Yolanda Garcés
Coordinadora y Trabajadora Social de AFEDABA
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