
¿Recuerdan el épico duelo entre Luke Skywalker y Darth Vader en El
Imperio contraataca, de la saga La guerra de las galaxias? Pues
una batalla similar se libra cada día en nuestro país: la que enfrenta dos
maneras de entender la vivienda. Por un lado, como un bien de primera necesidad
y un derecho reconocido en la Constitución; por otro, como un activo de
inversión sometido a las reglas del mercado. Y, por ahora, esta segunda visión
gana la partida.
El profundo malestar y la frustración social que genera esta situación han
contribuido a adelantar una convocatoria electoral inicialmente prevista para
2027 y a impulsar la convocatoria de una huelga general, doce años después de
la última, celebrada en 2012.
Esta problemática también está presente en el Bajo Aragón Histórico. No
somos ajenos a una realidad que se extiende por buena parte de España: el
encarecimiento de los alquileres, unos precios de compra inasumibles para
amplias capas de la población, la escasez de vivienda disponible y las
dificultades que encuentran los jóvenes, incluso aquellos que tienen trabajo,
para emanciparse.
¿Cómo es posible que un bien tan básico y necesario como la vivienda
habitual resulte cada vez más inaccesible? ¿Cómo se explica que las
administraciones públicas, en todos sus niveles, sigan sin dar una respuesta
eficaz a este problema?
La respuesta está en que el mercado ha terminado imponiendo su lógica sobre
una necesidad básica, mientras que los poderes públicos no han estado a la
altura de sus responsabilidades. El resultado es que sobre el artículo 47 de
nuestra Constitución se pisotea y escupe todos los días en nuestro país.
En nuestra mano y deber está que este derecho pase de ser una utopía a una
realidad.
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