
El pasado 9 de julio murió José Ramón Bada Panillo en Zaragoza, pasado ya su 97.º aniversario. En estos tiempos de penuria atroz para la identidad aragonesa, fue un gran defensor de esta, tanto con hechos y palabras como por escrito. Había nacido en Favara del Matarranya, donde pasó su infancia y fue socializado en catalán, su lengua nativa, por sus progenitores, familiares, amigos y vecinos. Ahora bien, en palabras del presidente Azcón, aquello no fue socialización en catalán, sino imposición de dicha lengua. Exactamente igual que al presidente le impusieron el castellano en Zaragoza. Son obviedades que no podemos obviar. En mis contactos con Pepe Bada hablábamos en catalán, si bien, debido a la discriminación que sufrimos, me escribía en castellano, pues de zagal nunca disfrutó de clases de catalán.
En 1936, cumplidos ya sus seis años, y como consecuencia de la sedición franquista, el padre de Bada fue asesinado por los llamados «incontrolados». Ese trauma de infancia debió de influir en su decisión de estudiar para sacerdote: del Seminario de Zaragoza pasó a otras muchas instituciones de formación religiosa y filosófica en Salamanca, València, Roma, Innsbruck... y se doctoró en Múnich bajo la dirección de Karl Rahner. Trabajó en la Universidad de Zaragoza y en la Universidad de Deusto, para volver después a la de Zaragoza.
Fue consejero de Cultura y Educación en el primer Gobierno democrático aragonés, presidido por Marraco, de 1983 a 1987, y miembro fundador y gran impulsor del Seminario de Investigación para la Paz, que continúa activo en la actualidad. Frente a la inconstitucionalidad del Estatuto aragonés en la cuestión del trilingüismo aragonés-castellano-catalán, declaró sin ambages que es así: Aragón es trilingüe.
Fundó dos colecciones de libros: O pan de casa nuestra y Lo pa de casa, en aragonés y en catalán. Para el aragonés lo asesoraron, entre otros, Eduardo Vicente de Vera; y, para el catalán, Teresa Claramunt e Ignacio Micolau, entre otros.
En 1986 convocó en Fraga un seminario para recoger materiales etnopoéticos —temática sobre la que Bada también investigaba en aragonés y catalán— con vistas a su introducción en la escuela. Encargó la redacción de un manual de catalán, La nostra llengua, para su aprendizaje en las escuelas y en clases de adultos, que publicó en la serie Lo pa de casa. En él se prestaba especial atención a los rasgos específicos del catalán hablado en Aragón. Este manual fue, además, una de las primeras antologías de autores aragoneses en catalán.
Con Eduardo Vicente de Vera estuvimos en el Consejo de Europa, en Estrasburgo, para informar sobre el aragonés y el catalán. Presidió el II Congrés Internacional de la Llengua Catalana, celebrado en Poblet en 1986. Fue presidente del Consejo Superior de las Lenguas de Aragón de 2010 a 2013 y académico de número de la Academia Aragonesa de la Lengua desde su fundación, en 2021.
Su acción fue importante en la creación de los premios Arnal Cavero y Guillem Nicolau, de literatura en aragonés y en catalán, respectivamente. Bada recibió premios por su gran labor en favor de la identidad aragonesa. Destaca el Premio Desideri Lombarte, que recibió en 2016, así como el «Premio Limón», de carácter negativo, que se le otorgó por su actividad positiva en favor de la lengua catalana en Aragón. Bada fue a recogerlo y defendió su actitud en lengua catalana.
Me llegan habladurías, que no he podido contrastar, según las cuales se proyectaba concederle otro premio negativo por no haber introducido en la escuela el estudio optativo del aragonés mientras fue consejero.
La gran labor catalanofóbica que ejercen conjuntamente los partidos PAR, PP y Vox contribuye a destruir, en parte, la obra de José Ramón Bada.
Artur Quintana i Font
Lingüista
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