
Acostumbramos, y es lo suyo, a considerar los servicios públicos simplemente como eso, como servicios, como entidades prestadoras de bienes habitualmente intangibles pero tremendamente importantes, fundamentales para la cohesión de cualquier sociedad y para el propio bienestar de sus miembros. La sanidad, la educación, la asistencia a personas mayores, la seguridad ciudadana, la propia gestión y administración de lo público son, sobre todo, proveedores de esos bienes que, a través de las leyes actualmente vigentes, conforman una parte absolutamente nuclear de eso que llamamos Estado de Derecho.
Pero este cariz político, demasiadas veces embarrado por lo partidista, indivisible del concepto del servicio público e inherente a su actividad, a menudo esconde que los servicios públicos son, sobre todo e incluso por encima de todos sus efectos sociales, agentes catalizadores de dinamización económica de primera magnitud. Pueden echar todas las cuentas que quieran, pero es muy difícil negar que la ubicación de centros de trabajo vinculados a la prestación masiva de estos servicios tiene un impacto directo, medible y concreto sobre la economía de los lugares donde se ubican. En Alcañiz, desde luego, es absoluto.
Y se está pudiendo ver con la puesta en servicio del nuevo hospital de la ciudad. Podemos debatir largo y tendido sobre si está bien o mal donde está, si le faltan más o menos servicios o si es más bonito o más feo. Pero el proceso de traslado de profesionales desde el antiguo edificio al nuevo recinto, así como la planificación y puesta en marcha de los servicios que ha empezado a prestar ha generado 115 puestos de trabajo directos, que son la diferencia entre los 1.389 empleos relacionados con la sanidad en Alcañiz el pasado verano y los 1.504 con los que arrancaba el mes de julio de este mismo año.
Cuando se hable de servicios públicos en el debate político, convendrá empezar a ir teniendo en cuenta no solamente lo que supone en términos sociales, también lo que implica en lo económico y laboral. Esos 115 trabajadores sanitarios más son, directamente, todo el empleo nuevo que ha generado Alcañiz en los últimos doce meses. Con una fuerza laboral cercana a los 8.000 puestos de trabajo, desconocida e impensable hace apenas ocho años, Alcañiz directamente ha entrado ya en una fase económica de máxima capacidad. La industria y la logística han alcanzado un techo de 1.300 trabajadores, invariado en los últimos doce meses, no hay ni sitio ni más trabajadores disponibles para crecer más. En la construcción y los oficios que arreglan cosas, más de lo mismo. No cabe ni un alfiler.
Así que, en tanto se desbloquean los futuros espacios industriales previstos en Las Horcas y en El Regallo, serán los servicios públicos los que mantengan la bonanza laboral de la que disfruta el Alcañiz de los 17.000 habitantes. El hospital ha tomado el testigo. Deberán coger el relevo los recintos educativos, el desarrollo de los estudios de Formación Profesional, nuevos aularios y espacios deportivos, ampliaciones en las escuelas, más clases, más profesores y trabajadores educativos. Y la apertura de la residencia junto a la urbanización Santa María. La economía de los cuidados, la salud y el deporte como locomotora. También cotiza, por supuesto.
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