Diego Armando Maradona, el día de su retirada definitiva del fútbol:
«El fútbol es el deporte más lindo y más sano del mundo. De eso que no le quepa la menor duda a nadie. Porque se equivoque uno, no tiene que pagarlo el fútbol. Yo me equivoqué y pagué. Pero la pelota... la pelota no se mancha»

Hemos asistido a un Mundial con pocas o ninguna sorpresa. Desde un principio, Infantino, «máximo representante de la Federación Internacional de Fútbol», a partir de ahora FIFA, ha jugado un papel subalterno respecto de Trump y de las imposiciones de EE. UU.
Lo más evidente ha sido la retirada de una sanción a un jugador de EE. UU., tras una justa expulsión, que conlleva también la imposibilidad de jugar el siguiente partido del campeonato. Ha habido muchas intromisiones del poder político en los mundiales; la diferencia es que, en este caso, ha sido público, sin ocultar quién manda y decide.
Ya en diciembre de 2025, la FIFA creó y otorgó un nuevo «Premio de la Paz» para entregárselo a Trump, ante el enfado de este por no haber recibido el Premio Nobel de la Paz. La imagen de subalterno de Infantino respecto de Trump ha sido grotesca.
No existen datos oficiales. Aunque la Asociación Internacional de Prensa Deportiva ha denunciado la negación de visados a periodistas iraníes y africanos, «muchos», según esta asociación. Incluso un árbitro somalí no pudo acceder a EE. UU. por un problema de visado. A quince personas del staff de Irán se les negó el acceso y no dejaron de tener problemas y trabas con la Administración norteamericana.
Lo que se vende como un homenaje a la paz y la convivencia de los distintos Estados es una farsa. Rusia no puede jugar por la guerra con Ucrania, mientras Israel puede hacerlo a pesar del genocidio en Palestina. La normativa FIFA permite el uso de banderas palestinas en los campos de fútbol, pero en varios estadios la seguridad se las quitó a los aficionados que las portaban.
El problema de los jerarcas de la FIFA y de EE. UU. es que el fútbol no tiene sentido sin la afición, sin la participación de las masas desde las gradas. Y en ese terreno es imposible controlar todo, por más que quieran.
De hecho, el fútbol es el deporte de los «humildes» del mundo, practicarlo es muy barato y no hace falta pertenecer a ninguna élite para disfrutarlo. Los profesionales y las estrellas pueden llegar a serlo partiendo de la pobreza y la falta de recursos; los «nadie» de Benedetti pueden alcanzar la gloria y solucionar la vida de sus familias. En cualquier caso, es el deporte más practicado del mundo, y no solo por profesionales y millonarios.
Por ejemplo, Gustavo Alfaro, entrenador argentino de Paraguay, ha dado toda una lección de dignidad humana y futbolística con frases como estas:«El fútbol les pertenece, más que a nadie, a los más pobres».
El balón era «el juguete más barato» y que, aunque a veces costaba conseguirlo, «22 personas podían jugar con un solo balón». Con ello defendía que el fútbol nació como un deporte popular y criticaba que los Mundiales...
«Nosotros nacimos de la adversidad».
«Ser menos para nosotros significa ser más».
«Jugando descalzos en esa tierra colorada».
«Los padres... no les alcanza la plata para llegar a fin de mes».
«Nosotros venimos de esos lugares».
Hemos visto a un aficionado del Congo homenajear a Lumumba, reproduciendo con su cuerpo inmóvil, durante noventa minutos, una estatua al expresidente del Congo, asesinado en una conspiración del imperialismo belga y estadounidense. Millones de personas se preguntaron quién fue y lo que le sucedió. Por cierto, Justin Bieber, en la ceremonia de clausura, nombró como ejemplo a este seguidor de Lumumba y del Congo.
Vimos a Rajoy decir que los negros no son franceses; con ese criterio, tampoco lo serían jugadores como Williams o Lamine Yamal. Hemos visto a un futbolista musulmán con la camiseta de España rezar tras ganar un Mundial. Lamine representa lo peor para el españolismo: origen pobre, orgulloso de ser de un barrio marginal, negro y, encima, musulmán; eso último no lo pueden perdonar. España se hizo grande matando «moros». Por cierto, la madre de Nico Williams fue migrante «ilegal»; tuvieron que andar por el desierto descalzos para tratar de mejorar su vida y la de sus futuros hijos. Por suerte, ni Nico ni su hermano Iñaki, «jugador del Athletic Club y de la selección de Ghana», olvidan sus orígenes y combaten el racismo con sus palabras y su ejemplo.
En lo futbolístico, ha sido un Mundial aceptable. Ha habido un buen nivel de juego y no ha habido selecciones comparsas; todos los equipos han tenido que competir para ganar sus partidos, pese a que considero que el Mundial se devalúa con tantas selecciones. En virtud del negocio hemos pasado de 16 selecciones participantes en 1978 a 48 en 2026; ahora se pretende que en el próximo sean 64 los equipos.
También el negocio ha generado las «pausas de hidratación». Con la excusa del calor se para el juego para que los jugadores y árbitros beban agua y se hidraten. La excusa es esa; la realidad es que se trata de que las televisiones puedan emitir publicidad durante esos tres minutos en los que se para el partido, en algo similar a lo que es un tiempo «muerto» en otros deportes. De hecho, se ha parado en campos de fútbol climatizados y sin calor. En breve será obligatorio en el fútbol profesional y televisado.
Se ha apreciado cómo las selecciones modestas o sin tradición futbolística se acercan paulatinamente al nivel de las selecciones preponderantes históricamente.
Aunque, como casi siempre, en caso de duda, los árbitros han favorecido a la selección poderosa. En mi opinión, creo que llegaron a la final las dos mejores selecciones del Mundial.
Argentina, basada en una estrella como Messi, probablemente con el mejor bloque argentino de fútbol de los últimos cincuenta años y uno de los mejores de la historia.
Por otro lado, la selección española, justa vencedora del torneo, por su juego en equipo, porque sumaron más como colectivo que sumando las individualidades. Han llevado a la práctica la máxima de que atacar y defender es tarea de todos; no se trata de ayudar a otros jugadores en sus funciones, todo es responsabilidad de todos.
Termino con la ceremonia de clausura, en la que Trump e Infantino volvieron a pretender acaparar todo el protagonismo. En la entrega de medallas, se ninguneó a Mark Carney, primer ministro de Canadá, y a Claudia Sheinbaum, presidenta de México. En la retransmisión televisiva apenas se les vio. Sí que se retransmitió al mundo el ridículo de Trump y de su áulico Infantino, al querer aparecer el primero, en primera fila, mientras los jugadores españoles celebraban la victoria. Le faltó poco para querer levantar la copa o llevársela a su casa, como un trofeo más.
¿Te ha gustado este artículo? Compártelo