
No es un paisaje ajeno al extremo. Lo sabe quien ha visto una rambla seca convertirse en lengua de barro en cuestión de minutos. Lo sabe quien ha corrido a meter el coche bajo techo al primer rumor de piedra. Lo sabe quien trabaja la tierra y distingue, con solo mirar el color de la nube, si viene agua buena o daño. Pero los últimos episodios han dejado una sensación incómoda: la de que el clima ya no solo acompaña la vida rural, sino que la interrumpe.
El 19 de mayo de 2024, tras meses de sequedad, las tormentas y el granizo provocaron incidencias en varios puntos del Bajo Aragón Histórico. La carretera A-224, en el término de Híjar, tuvo que cortarse por el agua acumulada que bajaba por el barranco; también hubo avisos por acumulación de agua en la N-232, en Azaila, y el granizo afectó a zonas del Matarraña como Ráfales, Fórnoles y La Portellada. En Fórnoles se recogieron 70 litros por metro cuadrado; en Monroyo, 45; en Híjar, 23 en poco tiempo; y en Beceite, 18.
El alcalde de Híjar, Jesús Puyol, resumió entonces una verdad que en el territorio conocen bien: «No es la primera vez que pasa». No hablaba solo de una carretera. Hablaba de una repetición. Del agua buscando siempre el mismo punto débil. Del asfalto vencido por la corriente. Del barro y las piedras regresando a la vía como si el barranco reclamara su trazado antiguo.
En el Matarraña, la escena fue más blanca que gris en localidades como Ráfales, Fórnoles y La Portellada, donde el granizo cubrió caminos, huertos y campos como una nieve fuera de estación. En otra zona turolense afectada por el temporal, el alcalde de Muniesa, José Luis Iranzo, describió la granizada como «un manto blanco». La expresión contenía algo de belleza, pero también de derrota. La piedra cayendo fuera de tiempo y recordando que estos episodios ya no se leen como rarezas aisladas, sino como señales de un clima más brusco e imprevisible.
El verano siguiente confirmó que el problema no era un episodio aislado. El 12 de julio de 2025, el Bajo Aragón estuvo en alerta roja por riesgo extremo de lluvias intensas. Hubo inundaciones en carreteras, la N-211 entre Caspe y Alcañiz quedó cortada por desprendimientos en el término alcañizano y también se vio afectada la carretera de Valmuel. En Motorland, la lluvia anegó zonas del circuito y obligó a cancelar la Copa de España de Velocidad que se disputaba ese fin de semana.
La vida cultural también se recogió. En Alcañiz se suspendieron actos del Festival del Castillo. La calle, cuenta la crónica local, estaba casi vacía: ese silencio peculiar de los pueblos cuando todos saben que lo prudente es no desafiar al cielo. Desde el Ayuntamiento se trasladó un «mensaje de tranquilidad a los ciudadanos», mientras el alcalde, Miguel Ángel Estevan, pedía evitar desplazamientos innecesarios y alejarse de zonas inundables.
El temporal no se quedó en el agua. El 18 de agosto de 2025, una tormenta de lluvia, viento y granizo afectó a municipios del Bajo Aragón y el Matarraña con rachas de hasta 90 kilómetros por hora. Hubo árboles arrancados, daños en infraestructuras municipales, un tejado afectado en Valjunquera, granizo de unos tres centímetros en La Codoñera y dos conatos de incendio provocados por rayos en Mazaleón y entre Cretas y Calaceite.
La alcaldesa de Valjunquera, Susana Traver, lo explicó con una frase de parte meteorológico y en parte sobresalto: «Ha sido más fuerte el viento que la piedra». En La Codoñera, la alcaldesa Elena Bosque señaló que el episodio había sido breve, pero suficiente para causar daños por el granizo. La tormenta dejó además 25 litros en apenas 15 minutos en el Matarraña y obligó a mantener la alerta naranja por lluvias y tormentas en el Bajo Aragón.
El reverso del temporal es el calor. No el calor asumible de julio, sino ese calor que estrecha la tarde y convierte la noche en una habitación cerrada. El pasado 9 de julio, Caspe alcanzó los 43,3 ºC; Alcañiz e Híjar superaron los 40 grados, con 41,4 ºC y 41,8 ºC, respectivamente; Calanda llegó a 40,1 ºC y Valderrobres a 40,5 ºC. La alerta naranja por altas temperaturas se mantenía en todo el Bajo Aragón Histórico, junto a avisos por tormentas y riesgo de incendios.
La Agencia Estatal de Meteorología ha descrito un contexto de fondo que ayuda a entender la sensación de desorden. Este junio, los días 22 y 23 fueron, con datos provisionales, los más cálidos para ese mes en España desde al menos 1950. AEMET también recuerda que entre 1975 y 2000 se registraron 129 días en ola de calor en España, frente a los 329 entre 2001 y 2025; y que el promedio de días de ola de calor ha pasado de 3 días anuales en 1975-1984 a 22 en 2016-2025.
El cambio no está solo en los máximos. También en las mínimas. En esas noches que ya no refrescan la casa, ni el cuerpo, ni los campos. AEMET apunta que las temperaturas mínimas en verano han aumentado 2,0 ºC en España desde 1961 y vincula el incremento de olas de calor y episodios cálidos al cambio climático provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero.
Cuando el agua se va, queda el inventario. Caminos que recomponer. Acequias que revisar. Campos que peritar. Viviendas con filtraciones. Bajos embarrados. Plantaciones golpeadas. El Gobierno de Aragón activó las líneas de ayuda por los daños en producciones e infraestructuras agrarias causados por las lluvias torrenciales de 2025, tanto por los episodios de junio como por los de julio, agosto y septiembre. Las ayudas estaban dirigidas a titulares de explotaciones agrícolas y ganaderas afectadas.
En junio de este año, el ejecutivo aragonés anunció el abono de más de 2,1 millones de euros en ayudas por los daños de las lluvias torrenciales de 2025, correspondientes a pérdidas agrícolas e infraestructuras agrarias. En el episodio de julio, los pagos por pérdidas en producciones agrícolas ascendían a 220.645,76 euros para 84 beneficiarios, además de pagos parciales por daños en infraestructuras.
Pero la reparación llega después. La pregunta de fondo es qué se hace antes. Miguel Ángel Clavero, director general de Protección Civil y Emergencias del Gobierno de Aragón, lo dijo tras otros episodios de tormentas y granizo en la comunidad: «Precaución, precaución y precaución». También defendió actuar en barrancos, limpiar y construir infraestructuras que permitan proteger a la población.
Esa es quizá la palabra decisiva: proteger. No dominar el clima, que sería una arrogancia inútil, sino entender mejor sus señales. Revisar cauces. Evitar construir confianza sobre mapas antiguos. Cuidar los caminos rurales como arterias de emergencia. Pensar las piscinas, los festivales, las carreteras, los cultivos y los montes desde una evidencia nueva: el riesgo ya no es excepcional, sino recurrente.
El 12 de agosto, si el cielo lo permite, el Bajo Aragón levantará de nuevo la vista. Esta vez no para buscar la nube oscura, sino la sombra exacta de la Luna sobre el Sol. El Instituto Geográfico Nacional señala que ese día tendrá lugar, al atardecer, el primer eclipse total de Sol visible desde la península ibérica en más de un siglo, con la franja de totalidad cruzando España de oeste a este. Aragón, y especialmente Teruel y Zaragoza, tendrá una visibilidad privilegiada.
En Alcañiz, el fenómeno se espera alrededor de las 20:20–20:35, según la localización exacta, y las recomendaciones insisten en buscar zonas elevadas con horizonte oeste despejado. Motorland figura entre los puntos de observación oficiales previstos en Aragón, con servicios de información, sanidad, seguridad y restauración.
Será una oscuridad distinta. No la del temporal que avanza por los barrancos, ni la de la nube que descarga piedra sobre los almendros, ni la de la noche caliente que no deja dormir. Será una sombra breve, astronómica, casi ceremonial. Y quizá por eso tendrá algo de tregua. Durante unos segundos, el Bajo Aragón Histórico volverá a mirar arriba. Esta vez, no para temer lo que cae, sino para recordar que el cielo, incluso cuando inquieta, también puede convocar asombro.
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