
En las fases iniciales de la enfermedad, viajar no suele ser un gran problema. Sin embargo, a partir de la fase moderada, ya no es muy recomendable. Los cambios de rutina afectan considerablemente a la persona enferma y suele provocar mayor desorientación y confusión, incluso cierta pérdida de autonomía para las actividades de la vida diaria.
En esta ocasión, queremos ofreceros unos consejos prácticos a la hora de organizar un viaje con las persona con Alzheimer.
Si te quedas en casa, aprovecha las últimas horas de la tarde para salir a pasear; tomar algo en una terraza, ir hasta un río o lago o pasear por parques y zonas verdes, puede ser una actividad relajante.
Pasar una temporada en el pueblo de origen de la persona afectada o dónde vivió su juventud, será uno de los mejores destinos para organizar nuestras vacaciones en compañía de nuestro familiar con Alzheimer. Nuestro pueblo de referencia será un espacio seguro y que nos facilitará el encuentro con familiares y amigos y el recuerdo de anécdotas.
Vayamos donde vayamos, es importante que algunas rutinas se mantengan. Por ejemplo, los horarios de las comidas, la costumbre de la siesta, el horario de duchas, etc.
No es recomendable tener la agenda llena de compromisos. Es mejor dosificar las actividades y las visitas, para evitar el agotamiento de la persona afectada y evitar situaciones de enfado o agitación.
Procurar tener paciencia y no enfardarte. La persona enferma necesitará un tiempo de adaptación y más si se trata de un entorno nuevo. Deja alguna luz encendida por la noche, lleva algún objeto persona suyo como su colcha, su manta de sofá o algún elemento de decoración o incluso esa fotografía que tiene siempre en su mesita o mueble del comedor.
Es recomendable proporcionar a la persona con Alzheimer algún elemento de identificación; una tarjeta con la dirección y datos de contacto, una pulsera con un teléfono del familiar responsable grabado. También puedes aprovechar la ocasión para regarle un reloj o llavero geo localizador y comenzar a tener la seguridad de saber dónde está en cada momento.
Una buena comunicación familiar será clave en la organización de nuestras vacaciones; respetar los espacios de convivencia, los horarios de visitas, evitar que el tiempo de convivencia con los pequeños sea demasiado absorbente y ser consciente de que entre todos tenemos que procurar que el cuidador/a principal descanse.
Si la persona con Alzheimer ha de pasar alguna temporada en casa de sus hijos, es preferible que pase dos semanas o un mes en cada casa, que alternar una semana con cada uno.
Yolanda Garcés Royo
Coordinadora y Trabajadora Social de AFEDABA LOS CALATRAVOS
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