
❝Los futboleros hemos disfrutado viendo triunfar a jugadores vasconavarros, catalanes, valencianos, madrileños, canarios, andaluces, extremeños, gallegos y un francés con la camiseta española
Cualquier aficionado al fútbol como yo sabe que el mayor espectáculo balompédico se concentra en los Campeonatos del Mundo que organiza la Federation de Futbol Association/FIFA cada cuatro años. En este congreso mundial del fútbol participan equipos de países de los cincos continentes del globo terráqueo. El Reino Unido de las Islas Británicas puede participar troceado en representaciones de Inglaterra, Escocia, País de Gales e Irlanda del Norte. España, por el contrario, solo tiene una federación, la española, que puede competir en el Campeonato del mundo con su selección única y unitaria, la Roja. Las distintas nacionalidades o comunidades autónomas del Estado español no tienen representación propia.
Así las cosas, los futboleros como yo vamos siempre en los mundiales a favor de los mejores futbolistas que puedan salir de Andalucía, Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Cantabria, Catalunya, Euskadi, Castilla La Mancha, Castilla León, Ceuta y Melilla, Galicia, La Rioja, Madrid, Murcia, Navarra y País Valenciano que son las 17 comunidades que conforman el actual Estado del Reino de España. Y los forofos del fútbol como yo vamos a muerte con ellos y nos emocionamos de alegría cuando ganan y de pena cuando pierden.
Esto del fútbol atrapa a la mayoría pero también deja indiferente a no poco personal. Va como todo, de moda y modismos, gustos y disgustos. En junio, aun no se había despedido León XIV de España por las Canarias, cuando ya se abrió el telón en el Campeonato Mundial de Fútbol organizado por la FIFA en Canadá, México y Estados Unidos y que ha durado 51 días incansables de fútbol, el que llaman deporte rey. Los futboleros hemos disfrutado viendo triunfar a jugadores vasconavarros, catalanes, valencianos, madrileños, canarios, andaluces, extremeños, gallegos y un francés con la camiseta española frente a máximas autoridades balompédicas del mundo como Cabo Verde, Arabia Saudí, Uruguay, Austria, Portugal, Bélgica, Francia y Argentina.
Yo no me ruborizo ante nada ni ante nadie al escribir lo feliz que estoy con la segunda estrella conquistada, el pasado 19 de julio en Nueva York, por la selección que comanda el riojano ex futbolista del Atletic vasco, Luis de La Fuente. Me gusta el deporte este del pelotón desde que tengo uso de razón, cuando hice la primera comunión a los siete años. Recuerdo que en el fútbol de mi niñez reinaban siempre los mismos: el Real Madrid, el C.F. Barcelona y el Atlético de Madrid. Los forofos de equipos menores nos teníamos que conformar con subir de segunda a primera división y mantenernos en la élite como mejor podíamos. Pero en el capítulo de selecciones nunca podíamos soñar con ganar un Mundial porque no éramos nadie aunque el franquismo nacionalizase a Kubala, Di Stéfano y Puskas. En 1964 ganamos a la URSS en el Santiago Bernabeu con el legendario gol del zaragocista Marcelino y hasta el año 2008, con Luis Aragonés, no volvimos a conocer un triunfo de la selección plurinacional de España. Luego vino el triunfo en el Mundial Sudafricano de 2010 y otra Eurocopa en 2012 que se revalidó en 2024. Y la victoria de este 2026 frente a la Argentina de Leo Messi.
Nuestro combinado balompédico ha sido todo un ejemplo de convivencia, deportividad, incluso de integración de razas y creencias que a muchos nos enorgullece. Tras recibir el trofeo de la copa del Mundo, varios de los campeones se ciñeron a la cintura las banderas de sus respectivas comunidades autónomas. Pude distinguir las de Galicia, Asturias, Andalucía, Canarias y Cataluña. Al menos desde mi casa en Bellmunt, a través de la televisión, no vi ikurriñas. En todo caso, lo importante es que los 26 futbolistas de nuestra selección son campeones en castellano, campions en catalá y txapeldunak en euskera. Por ejemplo.
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