
Hay decisiones que, aunque sabes que tarde o temprano tendrás que tomar, no resultan fáciles cuando llega el momento de hacerlas públicas. Y eso es lo que me ocurrió hace unos días cuando anuncié que no volveré a ser candidato a la alcaldía de Aguaviva en las próximas elecciones municipales. Después de doce años, creo sinceramente que ha llegado el momento de parar, tomar aire y comenzar una nueva etapa.
Ser alcalde de tu pueblo es,
seguramente, la responsabilidad pública más bonita que existe, y una
experiencia vital muy enriquecedora, que permite conocer mucho mejor a las
personas y la realidad de un lugar que forma parte de ti. Pero también exige
sacrificios, tiempo y renuncias, por lo que, tras varios años con algunas
circunstancias personales difíciles, siento que ha llegado el momento de dejar
paso a otras personas, con nuevas ideas y mayor energía e ilusión.
Siempre he pensado que ocho años
son un periodo razonable para desempeñar esta responsabilidad. Cuatro años
suelen quedarse cortos para desarrollar proyectos en un municipio pequeño, pero
permanecer demasiado tiempo tampoco es bueno, ni para quien ocupa el cargo ni
para el propio pueblo. La política municipal necesita renovación, y creo que
también es sano saber cuándo ha llegado el momento de dar un paso atrás.
En todo este tiempo ha habido
situaciones de todo tipo, hemos vivido una pandemia y dos temporales de nieve
durísimos, hemos sufrido las consecuencias de varias guerras, y otros muchos
trances complicados que nos han obligado a afrontar problemas que seguramente
nunca hubiéramos imaginado. Pero, junto a esas dificultades, quedan muchísimos
motivos para sentirse orgulloso, con iniciativas que han salido adelante,
espacios recuperados, infraestructuras mejoradas, nuevos servicios y un pueblo
que probablemente hoy está mejor preparado para afrontar su futuro.
Evidentemente, no todo ha salido
como hubiéramos querido, han quedado proyectos pendientes, hemos cometido
errores, y algunas decisiones hoy las tomaríamos de otra manera. Por todo ello,
y por las veces que no hayamos sabido acertar, solo puedo pedir disculpas.
Siempre hemos intentado actuar con honestidad, escuchando, dialogando y haciendo
aquello que considerábamos mejor para Aguaviva.
Nada de esto ha sido un trabajo
individual, por lo que quiero agradecer a quienes han compartido conmigo las
distintas corporaciones municipales, a los trabajadores del Ayuntamiento,
asociaciones y colectivos, empresas y a tantas personas que han dedicado su
tiempo al pueblo. Y cómo no, especialmente, a mi familia y a mis amigos, que
han soportado durante estos años buena parte de las consecuencias personales de
una responsabilidad que muchas veces no entiende de horarios.
Quiero aprovechar para reseñar
algo que me ha emocionado desde que hice pública mi decisión, las numerosas
muestras de cariño que he recibido. Mensajes, llamadas, conversaciones y
palabras que quizá no esperaba y que me han hecho sentir profundamente
acompañado. A todas esas personas, muchísimas gracias. Son gestos que guardaré
siempre y que dan sentido a muchas de las horas, preocupaciones y esfuerzos
dedicados durante estos doce años.
Todavía queda un año por delante
y seguiremos trabajando con la misma responsabilidad e ilusión hasta el último
día. Porque dejar de ser alcalde no significa dejar de querer a Aguaviva ni de
preocuparse por su futuro.
Me marcharé de este cargo dentro
de unos pocos meses, pero me llevaré conmigo algo mucho más importante, el
orgullo de haber tenido el enorme privilegio de trabajar por mi pueblo y de
haberlo hecho junto a tantas personas que este puesto me ha dado la oportunidad
de conocer.
Y eso es, junto a todo el
aprendizaje adquirido, probablemente lo más bonito que pueda llevarme.
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