
Cada 15 de septiembre, el camino que conduce hasta el Calvario de Alcorisa cambia su fisonomía. Los estandartes vuelven a salir a la calle, aparecen los trajes regionales y la música tradicional acompaña a una comitiva que convierte la subida al monte en uno de los momentos más reconocibles de las fiestas de la localidad.
Así volvió a ocurrir este 2026. Vecinos y participantes recorrieron el camino hasta la ermita en una jornada en la que estuvieron presentes la Comparsa de Gigantes y Cabezudos, los Dulzaineros de Alcorisa, representantes municipales y las Majas. Este año, además, la Comisión de Fiestas había llamado a participar a mujeres que habían ostentado este papel en distintas épocas, lo que reunió a antiguas Majas junto a las representantes actuales.
La celebración forma parte de las Fiestas Mayores de Alcorisa, dedicadas a la Exaltación de la Santa Cruz y al Señor del Sepulcro Glorioso. El 15 de septiembre constituye tradicionalmente una de sus jornadas de mayor carga simbólica, con la subida en comitiva y la posterior celebración religiosa en el entorno del Calvario.
Una promesa con más de tres siglos de historiaLa costumbre va mucho más atrás que las actuales fiestas patronales. La documentación recogida por el Catálogo Cultural del Bajo Aragón sitúa uno de sus antecedentes fundamentales en 1685, cuando la villa de Alcorisa renovó una antigua promesa de subir en procesión solemne hasta la ermita del Santo Sepulcro. Según esta fuente, aquel voto colectivo se vinculaba al agradecimiento por haber quedado la localidad libre de los efectos de una plaga de langosta.
Con el paso del tiempo, el acto también fue transformándose. Hasta la década de 1970, la procesión llegaba hasta la ermita del Santo Sepulcro y posteriormente trasladaba la imagen del Cristo Yacente hasta la ermita de San Juan. Desde entonces, la celebración religiosa pasó a desarrollarse directamente en la explanada de la ermita del Calvario.
Esa continuidad explica que la subida sea hoy algo más que uno de los actos incluidos en un programa festivo. Estandartes, indumentaria aragonesa, música y participación vecinal han ido convirtiendo la jornada en una expresión colectiva que conecta las fiestas actuales con la memoria de generaciones anteriores.
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