
❝Creo verdaderamente que la cantidad de contenido con el que trabaja nuestro alumnado supera, con creces, sus necesidades reales.
En educación primaria no tenemos un problema de falta de contenidos, sino de exceso. En mi trabajo como maestro de educación primaria, me he planteado esto muchas veces. Creo verdaderamente que la cantidad de contenido con el que trabaja nuestro alumnado supera, con creces, sus necesidades reales.
Si analizamos el currículo actual, y voy a poner como ejemplo a cualquier niño o niña de nuestra provincia, en 6º de primaria deben haber trabajado y aprendido contenidos en matemáticas como sumar, restar, multiplicar, dividir, todo esto con hasta 3 decimales, fracciones y su operatividad, probabilidad y geometría básica, porcentajes, números romanos o resolución de problemas. Creo que no es poco.
A esto habría que sumarle lo de otras asignaturas como lengua castellana, donde nos encontramos con algo parecido, una amalgama de definiciones relacionadas con las palabras que se usan para hablar o escribir, su clasificación y uso, diferentes tipos de textos, su funcionamiento y características, pero como con matemáticas, hay mucho más. Este fenómeno se repite con el resto de las asignaturas que nuestros hijos e hijas aprenden en el colegio; inglés, ciencias naturales, ciencias sociales, plástica, educación física, música….
Es evidente que, como en muchas ocasiones nos pasa a los seres humanos, hemos creído como sociedad que la cantidad juega un papel imprescindible en el aprendizaje y que, a mayor número, mayor será la probabilidad de que obtengamos un enriquecimiento real.
Esto no es casual. Responde a que en los inicios de la implementación de la educación universal, las oportunidades formativas y el acceso a esa información era muy limitado, quedando básicamente la escuela como única fuente principal de conocimiento estructurado.
Ahora bien, en la actualidad esto ha cambiado mucho. La información en esta era está al alcance de cualquier persona. Y este acceso obliga a replantear cuáles son los contenidos realmente esenciales.
¿Quiero decir con esto que debemos cambiar la institución de la escuela de forma profunda? Evidentemente no. Lo que quiero decir es que lo que nos valía como institución hace 100 años dista mucho de lo que realmente se necesita en la actualidad. Por ello se ha intentado desde los organismos gubernamentales introducir el trabajo competencial o el enfoque de la alfabetización mediática que es la capacidad de acceder, analizar, evaluar y crear contenido en una variedad de medios, aunque, en mi opinión, todavía estamos lejos de conseguir que esta forma de trabajar esté generalizada.
A la larga, pretender que se desarrollen estas dinámicas con una acumulación de contenidos tan grande, dificulta el aprendizaje profundo y no permite tiempo al análisis, la reflexión o la práctica real del alumnado, resultando en una contradicción difícil de sostener.
Quizás la clave de todo está en racionalizar. Sentarse detenidamente y observar si los niños tienen tantas dificultades para obtener conocimientos básicos e importantísimos para su desarrollo, como la capacidad de operar con números, leer con fluidez y extraer información de esa lectura o ser conscientes de su cuerpo, porque no tienen tiempo para asentar lo que les decimos como profes. Porque esa reflexión y práctica queda engullida por la cantidad de trabajo que sigue llegando en forma de nuevas unidades de los libros de texto de nuestros colegios.
Es probable que la tarea no sea fácil, que haya multitud de dificultades, pero, en mi opinión, es fundamental que hagamos esta reflexión, porque en educación, no siempre más es mejor. A veces, más es simplemente demasiado.
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