
Desde el MAR (Movimiento de Acción Rural), que ha recorrido cada rincón de la Comarca que habitamos en las diferentes acciones que lleva desarrollando desde hace más de 5 años, sabemos que España es un país de contrastes territoriales muy marcados. Mientras algunos pueblos medianos han logrado mantenerse o crecer, atrayendo población gracias a un tejido económico más dinámico (por ejemplo Utrillas o Montalbán), otros, especialmente los más pequeños y alejados dentro de nuestra Comarca, sufren desde hace décadas un proceso de despoblación que amenaza su supervivencia. Bellos lugares que, debido a un mayor castigo de la despoblación y de la falta de servicios públicos, están en serio peligro de desaparecer. Este hecho, refleja en un mismo territorio profundas desigualdades económicas, sociales y demográficas.
En el MAR, consideramos que la diferencia entre pueblos grandes y pequeños no es solo demográfica, sino también territorial. La inversión pública y privada tiende a concentrarse allí donde ya existe población y actividad económica, reforzando el crecimiento en unos lugares y el círculo vicioso del abandono en otros. La brecha digital es un ejemplo claro. Mientras muchos pueblos grandes disfrutan de fibra óptica y cobertura móvil (aspecto éste del que nos congratulamos), en los más pequeños el acceso a internet sigue siendo limitado o de mala calidad, con lo que ésto supone, por ejemplo, para que sus vecinos y vecinas puedan ser atendidos en caso de una emergencia.
De esta manera, la diferencia entre los pueblos más grandes y los más pequeños dibuja una España rural a dos velocidades. Por un lado, municipios que crecen, se modernizan y se integran en la economía global; por otro, localidades que luchan por no desaparecer. La despoblación no afecta por igual a todos los pueblos, ni siquiera dentro de nuestra Comarca: los pueblos más pequeños son los que sufren con mayor intensidad sus consecuencias, ya que cuentan con menos recursos, menor visibilidad y una capacidad más limitada para atraer inversión o nuevos habitantes.
Reducir esta brecha no es solo una cuestión demográfica, sino de justicia territorial y cohesión social. El futuro del medio rural dependerá de la capacidad colectiva para garantizar que vivir en un pueblo pequeño no sea sinónimo de aislamiento, sino una opción real y digna de vida. Consideramos injusto que el lugar de nacimiento o residencia determine las oportunidades de una persona, especialmente cuando vivir en un pueblo pequeño implica renunciar a servicios básicos que en otros lugares se dan por sentado.
La despoblación no es solo un problema de números, sino de abandono. Muchos pueblos no se vacían porque no sean viables, sino porque durante años no se ha invertido en ellos ni se ha escuchado a quienes los habitan. Pedir a la población joven que regrese al medio rural sin garantizar empleo, educación o sanidad es, en nuestra opinión, una propuesta poco realista. Además, pensamos que idealizar el mundo rural como un espacio tranquilo y turístico no soluciona el problema de fondo. Los pueblos necesitan vida diaria, trabajo estable y futuro, no solo visitantes ocasionales. Mantenerlos vivos debería ser una prioridad, no por nostalgia, sino porque forman parte de la identidad, la cultura y el equilibrio del país.
Apoyar a los pueblos pequeños es una responsabilidad colectiva. Si no se actúa con medidas profundas y sostenidas en el tiempo, corremos el riesgo de perder no solo territorios habitados, sino una parte esencial de nuestra historia y diversidad social. Por ese motivo, desde el MAR seguiremos trabajando para no dejar atrás a nadie. A las localidades más pobladas y a las más olvidadas. Seguiremos luchando desde lo colectivo para que nuestra Comarca sea ejemplo de trabajo en equipo, de cohesión social y de territorio compartido. Esperamos que nuestros representantes políticos no olviden nunca que representan a todos y todas. Nosotros y nosotras volveremos en 2026 con nuevas reivindicaciones para asegurar servicios públicos para todos y todas.
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