
La implantación de plantas de producción de biogás en España lleva camino de convertirse en una nauseabunda plaga. Actualmente hay alrededor de 150 plantas de biogás en territorio español, pero su número, contando todas las plantas que ahora mismo están en proceso de tramitación, ascendería a 1.000. En Aragón hay más de 75 proyectos en distintas fases de tramitación, y unas pocas plantas activas o en construcción. Sólo en nuestro territorio se están tramitando plantas en Alcañiz, Azaila, Calanda, Caspe y Puebla de Híjar. Todavía ninguna de ellas se encuentra en fase de información pública.
Gobiernos autonómicos, ayuntamientos y sus voceros nos venden que el biogás es una energía “verde” y renovable y que las plantas donde se produce favorecen la economía circular, que generan empleo y que no contaminan. Nos hablan de inversiones millonarias en el medio rural, y muchas comunidades autónomas se han lanzado a declarar la implantación de estas plantas de “interés autonómico”. Obviamente, a parte de las empresas energéticas y sus inversores, hay un sector claramente beneficiado por esta “fiebre”: la ganadería industrial, y más en concreto, el sector porcino. Más del 60% de los residuos utilizados en la producción de biogás son purines, es decir, los excrementos de los millones de cerdos explotados, hacinados y maltratados en granjas. El contaminante sector porcino tiene ante sí una oportunidad de hacerse un lavado de imagen verde, o “greenwashing”, de ganar dinero por los purines que genera, y, de perpetuarse y seguir creciendo para satisfacer la demanda de purines de las plantas de biogás.
¿Qué es lo que no nos cuentan?
La opacidad es un denominador común en todos los proyectos de implantación de plantas de biogás, y vamos a arrojar algo de luz sobre el tema. A lo largo y ancho de todo el estado han surgido plataformas vecinales en contra de la implantación de las plantas de biogás en sus municipios, apoyadas por grupos ecologistas.
Sintetizando mucho, los principales puntos que esgrimen estos colectivos para posicionarse en contra de las plantas de biogás son:
Contaminación de suelos y agua: El digestato resultante puede saturar los suelos de nitratos, filtrándose a acuíferos y contaminando el agua.
Emisiones atmosféricas: Riesgo de fugas de metano (gas de efecto invernadero) y emisión de ácido sulfhídrico, un gas tóxico.
Afectación a la biodiversidad: Posible impacto negativo en zonas protegidas, como la Red Natura 2000.
Tráfico pesado: El aumento de camiones para el transporte de residuos orgánicos provoca ruido, molestias y aumento de emisiones, afectando la calidad de vida de los vecinos.
Fomento de la ganadería industrial: Se argumenta que estas plantas perpetúan el modelo de macrogranjas, en lugar de reducirlo.
Oposición comunitaria: Muchas comunidades perciben estas instalaciones como una amenaza para la salud y el turismo, incrementando el rechazo social.
Seguridad: Riesgo de explosiones o incendios debido a la naturaleza inflamable del biogás.
Deficiencias en la gestión: Miedo a fallos en el diseño o malas prácticas operativas que deriven en accidentes.
A parte de que su producción no es sostenible tal y como nos la están planteando, el biogás no puede considerarse una energía verde mientras se sirva en gran medida de la explotación y del maltrato de animales.
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