
El Ministerio de Transición Ecológica ha decidido que más de la mitad de los complejos energéticos renovables de fuente solar o eólica que Endesa había proyectado para sustituir la fabricación de electricidad que ya no sale de la antigua térmica de Andorra no podrán ver la luz. Esto es, la docena larga de complejos repartidos por diez municipios del Bajo Aragón Histórico, desde Andorra e Híjar hasta las puertas del Matarraña a través de Alcañiz, serán apenas un puñado, probablemente los más cercanos al viejo terreno industrial andorrano, de tal manera que el Nudo Mudéjar de Transición Justa queda, sobre todo, amputado en más de la mitad. Nudo con la lazada floja.
Lo cual, cinco años después de que todo este camino comenzara en cuanto la térmica dejó de funcionar, sobre todo supone un fracaso. A la espera de lo que detallará la resolución del Miteco en su publicación en Boletín Oficial, lo que ha sucedido en todo este tiempo es fundamentalmente un proceso sostenido y crecientemente acelerado de devaluación de este proyecto. Devaluación colectiva, no es necesario buscar un solo culpable. El Nudo Mudéjar nació como «el primer concurso de Transición Justa para otorgar el acceso a la red de transporte de electricidad que se libera tras cerrar una planta de generación». Y se vendió como un plan integral de inversión y empleo «para reactivar económicamente la zona afectada por el cierre de minas y la térmica».
La primera versión de estos proyectos implicaba un compromiso de generación de 4.400 empleos en su construcción y 650 empleos a largo plazo en su operación y proyectos asociados. El proyecto renovable inició su camino con una inversión total prevista de más de 1.500 millones de euros. La inflación acelerada de los últimos años movió la cifra por encima de los 1.800 millones. Pero, desde entonces, rebajas. La mayor de ellas, una cuestión técnica que no se ha ido solucionando en estos cinco años de lenta cocción: el Nudo aseguraba una capacidad de fabricación de electricidad similar a la anterior térmica. Pero no una capacidad de almacenamiento y distribución equivalente; sin los alternadores de la central de carbón, o la energía renovable se usa inmediatamente o se pierde.
No es la única. Los primeros planes de acompañamiento y dinamización, empezando por las actividades formativas que desde Endesa se vienen promoviendo en la zona, no terminan de tener el impacto inicialmente previsto. Tampoco el momento económico que se prevé a corto plazo, con el final de los planes de inversión pública europea tras la pandemia en el horizonte, anima a llenar media provincia con centrales eléctricas eólicas y solares. Pero, sobre todo, la rebaja fundamental está en la consideración política que esta iniciativa ha venido recogiendo dentro del propio Ministerio, en el que la Transición Ecológica parece cada vez más transición antes que ecológica.
La resolución del Ministerio amputa a más de la mitad un proyecto supuestamente ecológico y sostenible, impulsado desde la filosofía de que la electricidad procedente del carbón debía ser sustituida por combustibles renovables, energías limpias, el sol, el viento. Cinco años después de este mensaje, el mensaje ahora es que el Nudo Mudéjar tampoco es lo suficientemente limpio. Afecta a la avifauna, al paisaje, al terreno… Importa ya relativamente, la mayoría de los trabajadores que vivían del carbón en Andorra y su entorno ya no viven en Andorra y su entorno.
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