
La necesidad de que Alcañiz tenga un museo dedicado a su historia y patrimonio salta a la vista. Tanto para autóctonos como para visitantes resulta sorprendente, cuando la conocen, la abundancia y calidad del patrimonio histórico, artístico y arqueológico que la rica historia de Alcañiz y su entorno nos han legado.
Esta necesidad de tener un espacio que gestione todo el patrimonio material e inmaterial que atesora Alcañiz y su entorno ha sido pospuesta demasiado tiempo. El concepto de museo lleva dos siglos vigente, siempre en continuo cambio y adaptación a la sociedad. En cambio, Alcañiz aún no tiene ese derecho de disfrutar y conservar su patrimonio en una institución dedicada a tal fin.
En todo el siglo XX, pero en especial el último tercio y hasta la actualidad se ha suplido esta carencia de museo con parches insuficientes que pretendían darle cierta salida o respuesta a la cantidad de objetos y contextos que hay que explicar para el disfrute turístico, como por ejemplo la antigua oficina de turismo municipal bajo la Lonja, y sus espacios expositivos dedicados a materiales etnográficos, o el claustro del Castillo donde también se exponen materiales provenientes de las excavaciones del mismo.
En esta misma línea, aunque de titularidad diferente y temática concreta podemos pensar en el Centro Iberos en el Bajo Aragón (CIBA), que solventaba la necesidad de exponer y explicar una época como la ibérica y romana tan importante en la zona, pero no la única ni mucho menos a nivel arqueológico.
Teniendo presente la evidente necesidad, creo que es de celebrar la intención del Ayuntamiento de Alcañiz de crear el museo de la ciudad. Ahora bien, a partir de aquí caben algunas consideraciones a tener en cuenta, ya que una institución museística no es solo el nombre.
Empezando por el emplazamiento, en muy interesante aprovechar un conjunto monumental como el de la Lonja-Ayuntamiento de Alcañiz tanto por su localización en el centro de la ciudad como por la dilatada historia del edificio que puede conversar muy bien con los contenidos del museo. Pero un museo no solo es lo que el visitante ve. Al contrario, las exposiciones y actividades que se desarrollan en cualquier museo son la punta del iceberg de un trabajo entre bastidores en las «tripas» del museo donde se estudia, conserva, restaura y almacena todas las piezas y conocimientos. Y aquí es donde surge la primera pregunta: ¿Cabe en este edificio la infraestructura necesaria para desarrollar estos trabajos? Cualquiera que haya estado en su interior sabrá que no. Se puede convertir en un espacio expositivo único, pero no tiene el espacio suficiente para albergar almacenes ni talleres necesarios para el trabajo museístico interno. ¿Se van a crear estos espacios necesarios para el funcionamiento normal de un museo en otro lugar de la localidad? El proyecto actual no lo contempla, y teniendo en cuenta los antecedentes de estos últimos cincuenta años, si se pierde la ocasión, difícilmente haya la voluntad política suficiente para dotarlo de la infraestructura necesaria.
Visto los condicionantes que supone el espacio, debemos considerar el otro gran factor a tener en cuenta, el personal. Si todo lo comentado hasta ahora suponía el aspecto material, edificio, talleres, exposiciones, etc., ahora viene la otra gran pregunta. ¿Se va a dotar con personal al nuevo museo de Alcañiz? Se puede construir un edificio y llamarlo «museo», pero si a ese esqueleto no le aportar músculos que lo muevan seguirá siendo inservible. Dentro de una institución museística existe un organigrama complejo necesario para su correcto funcionamiento, y si no se atiende a este factor, se corre el riesgo de crear una cascara vacía. Donde no se dinamice las exposiciones, o donde la conservación y la restauración de las piezas no se realicen correctamente, entre muchos otros futuros problemas.
En definitiva, se puede llamar Museo de Alcañiz, pero si no se tienen en cuenta las necesidades de espacios y personal, estaremos ante una oficina de turismo ampliada.
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