En 1506 el célebre humanista alcañizano Juan Sobrarias pronunció, en latín, un discurso sobre las Alabanzas de Alcañiz ante el concejo de su villa natal. Aunque se trata de una obra fundamentalmente literaria, muy influida por la retórica y la oratoria clásica, proporciona algunos datos de interés sobre la configuración urbana de Alcañiz en el paso de la Edad Media a la Edad Moderna. Así, en un párrafo relativo a la descripción de la villa y de sus murallas Sobrarias dice: «Muchas son las posibles salidas [de las murallas], pues nuestra ciudad tiene siete puertas, de suerte que imitemos por su número a las de Tebas». Gracias a la información que se desprende de distintos documentos, estudios, planos y excavaciones recientes en Alcañiz parece posible determinar, con bastante seguridad, la ubicación de estas antiguas siete puertas en los inicios del siglo XVI.
Para precisar su emplazamiento seguiremos el sentido de las agujas del reloj comenzando por la puerta situada frente al puente, en el inicio de la actual calle Mayor. El Portal del Puente Viejo aparece claramente reflejado como una gran puerta con arco de medio punto rematado por almenas en el conocido grabado de Palomino publicado en 1779, cuando todavía el recinto amurallado medieval de Alcañiz se encontraba bien conservado. Como se puede observar en dicho grabado, el portal se situaba al final del puente destacando a su derecha la capilla del Pilar edificada en 1736.
A su izquierda, en el inicio del Muro de Sta. María, encontramos la segunda puerta también claramente reflejada en este mismo grabado. Parece tratarse, como en el caso anterior, de un portal con arco de medio punto y almenado. El historiador P. J. Zapater lo menciona en 1704 como «Portal del Molino mayor harinero» en su obra La Thesorera. En recientes trabajos de control y excavaciones arqueológicas se documentaron en esa zona restos de estructuras pertenecientes al antiguo convento de San Gregorio o de las Dominicas (construido en 1592) y otros restos de cimentaciones quizás relacionados con esa puerta.
El tercero de los portales, que aparece denominado en documentos del siglo XVIII como «Portal de La Araña», se situaba en la confluencia de las calles Mazaleón y Salinas con la Ronda de Belchite. Probablemente este portal, al igual que los citados anteriormente, debió construirse entre 1365 y 1370, años en los que se amplió el recinto amurallado de Alcañiz (tercer recinto) por mandato del rey Pedro IV como consecuencia de la guerra con Castilla o Guerra de los dos Pedros. La nueva muralla, con torreones a intervalos regulares, se construyó para proteger la gran expansión urbana iniciada un siglo antes con la edificación planificada de los barrios de Santa María (o de los Almudines) y Santiago (o San Jaime). En esta misma zona de la Ronda de Belchite se conserva todavía un largo tramo de muralla de esa época y recientemente se descubrieron restos de uno de los torreones bajo el suelo del refugio antiaéreo conservado entre las calles de Sto. Domingo y Tte. Moore. En un documento del siglo XVIII se señalan en este tramo hasta tres torreones de planta cuadrangular.
La cuarta puerta se situaba en el inicio de la actual calle Subida del Teatro y aparece perfectamente reflejada en una magnífica acuarela realizada en 1847. Esta puerta, conformada por un gran arco de medio punto, se llamó «Portal de San Nicolás», y se situaba próximo al hospital del mismo nombre ubicado en el inicio de la actual plaza del Deán. Con toda probabilidad, esta puerta formaba parte del antiguo recinto amurallado del siglo XIII (segundo recinto) que rodeaba los barrios de las iglesias románicas de San Pedro y Santiago y el entorno de la iglesia de Sta. María. Este portal y las murallas de sus inmediaciones fueron muy afectados, y posiblemente destruidos, por la tremenda explosión del polvorín de la Primera Guerra Carlista ubicado en el cercano almudí, el 2 de septiembre de 1840.
El quinto de los portales bajomedievales aparece denominado como «Portal o Arco de San Antón» y se situaba en la actual plaza de Mendizábal, en el inicio de la calle Alejandre, donde todavía se conserva una pequeña capilla con la imagen de este santo. A mediados del siglo XIX aparece todavía claramente representado en un plano de Alcañiz. Este portal enlazaba con la muralla que transcurre junto a la calle Blasco con tramos todavía bien conservados y claramente visibles en el denominado Pasaje de La Muralla y en el interior de algunas edificaciones situadas entre las calles Blasco y Pruneda.
La sexta puerta (la única que se conserva de los antiguos portales medievales) se sitúa en el sector meridional del casco urbano de Alcañiz. Se trata del «Portal de Herrerías o Arco del Loreto» que, como muchos otros antiguos portales del Bajo Aragón, sería modificado y transformado en portal-capilla en el siglo XVIII. No obstante, el Arco del Loreto constituye el mejor testimonio de los antiguos portales medievales de la ciudad conservando probablemente sus dimensiones originales, que permiten el paso de carros, y la instalación de grandes puertas que se cerraban por las noches.
La última de las puertas, según este itinerario, recibía la denominación de «Portal de San Jaime» y se situaba en el último de los torreones del Muro de Santiago, junto al barrio Mazador. El actual torreón, que tuvo frente a él otro gemelo, formó parte de la antigua puerta de San Jaime tal como se distingue con claridad en los planos de mediados del siglo XIX. En recientes trabajos de control arqueológico se han documentado restos de la base o cimentación de este antiguo portal.
Estas fueron, con toda probabilidad, las ubicaciones de las siete puertas de la villa medieval de Alcañiz que mencionó en 1506 Juan Sobrarias, si bien en distintas épocas también se pudieron abrir en las murallas pequeños portazgos para el paso de personas y caballerías. Todavía quedarían por ubicar las conexiones de la villa con el barrio de San Juan o el Arrabal. Aunque este barrio ya existía desde el siglo XIII es muy probable que su perímetro no estuviera protegido por una muralla de piedra sino por un muro de tapial o tierra o por las propias traseras de las viviendas emplazadas sobre escarpes rocosos en cuyo trazado, no obstante, debió existir alguna otra puerta o portazgo de acceso, posiblemente de menor tamaño y monumentalidad que las anteriormente citadas.
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