
2025 se cerró en España con la friolera de 46 mujeres asesinadas por sus parejas o sus exparejas. Como consecuencia de estos crímenes, 35 niños y niñas han quedado huérfanos, mientras que tres menores han sido víctimas mortales de la violencia machista. En las pocas semanas que llevamos de 2026, son ya 4 las mujeres asesinadas a manos de sus parejas o exparejas (hasta la fecha en la que estamos escribiendo estas líneas). La violencia machista es una lacra que refrenda nuestro fracaso como sociedad.
Asociada a la violencia machista está la violencia vicaria. La violencia vicaria es una forma de violencia machista por la cual los hijos e hijas de las mujeres víctimas de violencia machista son instrumentalizados como objeto para maltratar y ocasionar dolor a sus madres. El agresor emplea a los niños y niñas como herramienta de control y tortura psicológica hacia la madre. No se trata solo de causar un daño puntual: es una forma de violencia cuyo objetivo es generar el máximo sufrimiento posible, incluso cuando la relación ya ha terminado. En los casos más extremos, esta violencia llega a traducirse en el asesinato de los hijos e hijas. Pero no sólo los hijos e hijas de las mujeres víctimas de violencia machista son utilizados por sus agresores para dañarlas. En muchos casos, sus mascotas también son utilizadas de la forma más vil, cruel y cobarde. En estos casos no solo se causa un daño a raíz del temor por el animal: el impacto sobre la víctima se agrava por la pérdida del vínculo afectivo y el apoyo emocional que representaba el animal para ella. El maltrato a los animales es una forma de violencia psicológica o emocional, además de una eficaz herramienta de abuso y control sobre las víctimas de la violencia machista. Recientemente, el Gobierno ha aprobado un anteproyecto de ley pionero que tipifica como un delito autónomo la violencia vicaria, aquella ejercida sobre terceras personas con el fin de causar un daño extremo a la pareja o a la expareja. El artículo 173 bis fija penas de seis meses a tres años para las personas que ejerzan la violencia vicaria. Pero, una vez más, los animales han quedado fuera de ese anteproyecto, y es por ello que juristas y criminólogos, además de catedráticos de Psicología Social o de Filosofía del Derecho y Filosofía Política, entre otros profesores universitarios de España y de países americanos, han presentado enmiendas al anteproyecto de ley orgánica sobre la violencia vicaria. Su estudio, que apoyamos totalmente, defiende que la norma reconozca, como ya han hecho varias sentencias, que el maltrato animal puede ser otra forma de torturar y hacer daño a la víctima de violencia machista.
No queremos ni debemos dejar pasar por alto ciertos datos que relacionan la actividad cinegética o la posesión de armas de caza con la violencia machista:
En España hay 2.445.392 armas de caza registradas y 49.442.844 habitantes, es decir, hay 0,049 armas de caza por persona. Una cifra ridícula si la comparamos con las cifras de otros países. No hay que ser muy espabilado para entender que en España la tenencia de armas es un hecho casi insólito. Salvo que se sea policía, militar o cazador, la posesión legal de armas (sea para defensa personal, coleccionismo o deporte) es poco frecuente. Dicho esto, cuando se usa un arma para asesinar a una mujer, podemos adivinar enseguida la más que probable procedencia del arma criminal. Incluso cuando el titular de la noticia detalla que la mujer fue degollada con un cuchillo de grandes dimensiones se nos está indicando de manera implícita que el asesino usó un machete que regularmente no forma parte de la cubertería, el menaje o el ajuar de una cocina “normal”. No obstante, la ausencia de datos, el hermetismo cómplice (los tentáculos del lobby cinegético son muy largos) y el tabú con que aún se tratan estadísticamente ciertos sucesos, se hace imposible concretar cuántas mujeres al año mueren por violencia machista siendo el útil del crimen un arma de caza. Los exámenes psicotécnicos, a los que son sometidos los cazadores, son tan insuficientes como deficientes para detectar a algunos sujetos que no deberían ser aptos para manejar un arma de fuego. Armas utilizadas para matar a animales, y también en ciertos casos, para asesinar a personas, algunas de ellas mujeres víctimas de la violencia machista.
Se da la circunstancia de que desde ciertos sectores de nuestra sociedad niegan la existencia de la violencia machista. Sectores que, a su vez, defienden prácticamente todas las modalidades de maltrato animal. ¿Casualidad? No lo creemos.
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