

La lavandera blanca (Motacilla alba) es un pájaro pequeño y muy elegante, conocido por su distintivo y constante movimiento de la cola. Debe su nombre a su hábito de frecuentar orillas de ríos y cualquier otro lugar donde abunda el agua. También se la llama pajarita de las nieves ya que en invierno llegan muchos ejemplares del norte de Europa para invernar en la península ibérica y su llegada se asocia con el tiempo frío propio de la estación invernal.
Es un ave pequeña y esbelta de unos 16 a 19 cm de longitud. Se distingue por su plumaje en tonos muy contrastados de blanco, negro y gris. El adulto en plumaje nupcial tiene una cabeza blanca con un capuchón y babero negro. Un rasgo inconfundible es el continuo balanceo vertical de su larga cola. Es un ave principalmente insectívora, que se alimenta de pequeños insectos, larvas y gusanos. Los captura activamente picoteando en el suelo o en aguas poco profundas.
Se trata de una especie muy adaptable que podemos encontrar en casi todo tipo de ambientes abiertos, tanto naturales como humanizados. Prefiere las áreas despejadas y a menudo cercanas al agua, como orillas de ríos, arroyos, charcas, prados húmedos y regadíos. Se la puede ver incluso en zonas urbanas como parques, jardines y aparcamientos.
Es la especie de lavandera más común en España de las tres principales que habitan en nuestro país. Aunque algunos individuos residen todo el año, es mucho más numerosa durante el invierno por la llegada de ejemplares invernantes del norte de Europa, manifestando en esta estación, un comportamiento mucho más gregario, siendo habitual verla en grupos numerosos de varios ejemplares, bien buscando comida por el día o bien entrando a un dormidero donde se juntan al caer la noche muchas lavanderas blancas. Estos dormideros se pueden formar e incluso en zonas urbanas, utilizando algunos árboles de cierta envergadura para ello.
Es un ave que ya aparece representada en momentos de la antigüedad como es la época del milenario Egipto de los faraones.
Si nos remontamos a hace más de 3.300 años durante la época del faraón Akenatón, observamos que cambió la capital del imperio a una ciudad llamada Amarna, donde se construyeron palacios y templos para uso del poder imperial. Uno de esos palacios construidos fue el Palacio Norte donde se ubicó una sala muy peculiar que fue la hoy llamada Sala Verde; esta sala se diseñó y construyó para el disfrute del propio Akenatón y el de su hija llamada Meritatón. Cuando descubrieron la sala los arqueólogos se quedaron asombrados de la exuberante decoración mural que todavía se conservaba y que recreaba un ambiente de agua, de papiros y de nenúfares. Entre esa fresca vegetación representada no faltaban aves voladoras con vistosos colores, que no eran meros recursos para completar el mural, sino retratos muy concretos y fidedignos de aves que los autores habrían observado en las orillas del Nilo o en ambientes próximos a la ciudad de Amarna.
Las pinturas de la Sala Verde se consideran como una de las cumbres del arte antiguo egipcio y particularmente un claro exponente del periodo de este faraón. Fundamentalmente son cuatro especies de aves las que claramente se identifican en esos murales y una de ellas es la lavandera blanca que hoy nos ocupa y se cree que ya entonces debía de ser, hablamos del año 1350 antes de Cristo, muy abundante por esa zona del valle del Nilo, y especialmente debía de serlo como visitante invernal.
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