
Todavía seguimos escuchando a muchas personas utilizar este término totalmente «obsoleto». Envejecer no significa perder memoria, de una manera limitante, ya que muchas personas llegan a edades muy avanzadas con las capacidades cognitivas intactas.
El envejecimiento no causa la demencia y no se debe considerar una evolución normal del propio proceso de vejez, sino que se trata del resultado procesos patológicos. Una «demencia senil» estigmatiza y dificulta el diagnóstico preciso y el tratamiento adecuado.
En la actualidad, el término demencia se está sustituyendo por el de trastorno neurocognitivo mayor. Demencia es el término general que define la pérdida de funciones cognitivas como- memoria, lenguaje, cálculo, resolución de problemas y atención- lo suficientemente grave como para interferir en la vida diaria. No es una enfermedad específica, sino un síndrome provocado por diversas enfermedades cerebrales progresivas y degenerativas, siendo la más común, la Enfermedad del Alzheimer (el 70% de los cuadros de demencia).
Aunque la mayoría de este tipo de patologías son irreversibles, un diagnóstico temprano es crucial para ralentizar el proceso, para aplicar los tratamientos más correctos y controlar de una mejor manera la sintomatología asociada en cada caso. El diagnóstico puede incluir pruebas de neuroimagen (TAC o Resonancia), análisis de sangre, exploraciones neuropsicológicas o aplicación de test de cribado cognitivo y, también, punción lumbar para analizar el líquido cefalorraquídeo (que cubre y envuelve nuestro cerebro) y valorar los biomarcadores específicos; beta-amiloide 1-42, tau total y tau fosforilada, para poder concluir un diagnóstico de Enfermedad de Alzheimer, incluso en fases muy iniciales de la patología.
Sí tú o un ser querido presenta pérdida de memoria, desorientación, cambios de humor como apatía o irritabilidad o cierta dificultad para expresarse…es fundamental:

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