
Tras su primer viaje apostólico al continente africano, el Vaticano ha querido que León XIV viaje a Europa empezando por España que vive tiempos de palpable ‘increencia’, según expresión utilizada ya desde hace años por los obispos vascos en sus cartas pastorales. A partir del Concilio Vaticano II, los papas comenzaron a salir de su encierro romano y permanente para viajar por el mundo. Estos viajes son una clara sustitución de las misiones populares que, reguladas en el Código de Derecho Canónico, debían predicarse cada diez años en todas las poblaciones del universo católico. Ahora, ya desde hace más de sesenta años y desde que se comprobó que no tenía sentido interrumpir la vida urbana para escuchar a los apóstoles de Dios, los predicadores de misiones populares son los papas porque el Romano Pontífice, deja de ser romano, para congregar multitudes en los cinco continentes.
León XIV, se ha revelado durante siete días repartidos entre Madrid, Barcelona y Canarias, como un misionero popular insuperable. El fraile agustino Robert Prevost, primer papa estadounidense de la historia, se ha dado a conocer por primera vez tras suceder a Francisco, en toda su dimensión como mandatario de la Iglesia. Hasta ahora era una incógnita. Después de su visita a España, ya se sabe que es un hombre imbuido de la misión que le ha tocado desempeñar y que se siente complacido en su papel de mandatario supremo a lo divino. El discreto profesor de matemáticas en cualquier colegio agustino, el misionero defensor de los pobres en Perú, es hoy un Papa que enfervoriza muchedumbres y que encandila lo mismo a deportistas, actores de cine, clérigos, monjas o laicos, igual a hombres que mujeres. Todos han vitoreado en España a León XIV que se fue encantado tras su tríptico de misionero popular en territorio español.
Madrid y Barcelona, eje de España
El arzobispo de Zaragoza, Carlos Escribano, considera que las vías de diálogo en la España de hoy no se pueden abrir creando un «Madrid-Barça, como forma de convivir». Sin embargo, algo así se produjo en la visita del Papa: todo fue un pulso de competencia parecido al que se produce en los clásicos entre madridistas y culés. Fiel reflejo de lo que pasa en la España actual, el Papa hizo el puente aéreo Madrid-Barcelona con un apéndice en Canarias, pero de la España vacía, vaciada o despoblada, León XIV no ha tenido información directa.
‘He aquí la Iglesia, ¡Alzad la mirada!’ fue el mensaje constantemente repetido durante la semana española de León XIV. El Papa vino movido por los observadores que aseguran que en países, ‘alejados de Dios’, como España y Francia a donde el Papa viajará en otoño, se está produciendo un cierto repunte de religiosidad a partir de la pandemia universal de 2020. En el país vecino 20.000 jóvenes y adultos han solicitado entrar en la Iglesia mediante el bautismo o sacramento de la iniciación. Y León XIV recibió, lo mismo en Madrid que en Barcelona, el testimonio de varios catecúmenos mayores de edad, bautizados en la reciente Pascua de Resurrección. No obstante, los conventos y seminarios siguen vacíos. El Papa Prevost visitó en el barrio del Raval de Barcelona una residencia de agustinos con una comunidad de cuatro miembros, los cuatro extranjeros. Los sacerdotes católicos en España son en una gran mayoría foráneos y existen comunidades de monjas en las que ninguna religiosa es española. España, que en el pasado exportó misioneros de ambos sexos por el mundo entero, se ha convertido hoy en un país de misión. Ahora se importan los misioneros que antes se exportaban.
‘He aquí la Iglesia. ¡Alzad la mirada!’ Con esta máxima reiterada una y otra vez entró León XIV el pasado lunes, 8 de junio, en el Congreso de los Diputados para intervenir ante una sesión conjunta de las Cortes Generales. Todos quedaron satisfechos y aplaudieron al pontífice durante el ya histórico y legendario espacio temporal de siete minutos. Sus señorías no dejaron de aplaudir hasta que León XIV se fue del hemiciclo. Todos contentos y entremezclados los unos con los otros, los rojos con los azules, lo que nadie ha conseguido lo consiguió el Papa. Todos contentos pero hubo doctrina para todos. A la derecha, León XlV le reprochó su política migratoria asentada sobre la retórica del principio de ‘prioridad nacional’ que en nada casa con la doctrina social de la Iglesia sobre las migraciones. En Canarias, el momento de su despedida, reforzó sus tesis de acogida a los inmigrantes el mismo día en que entraba en vigor en la UE el Pacto de Migración y Asilo, no del todo alejado de lo que defienden en España PP y Vox.
Y a la izquierda le recordó el Papa que la teología moral tradicional católica jamás permitirá a los hombres y mujeres decidir sobre su propia existencia puesto que son criaturas de Dios. También dejó claro a los católicos de izquierdas, que los hay, cómo nunca la Iglesia católica reconocerá el pleno derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo. Los interminables siete minutos de aplausos en el palacio de la Carrera de San Jerónimo fueron «un nuevo domingo de ramos, que tantas veces se da en la Iglesia, cuando Cristo entra en Jerusalén entre palmas y aplausos, vitoreado por los mismos que luego lo crucificarán», comenta un catedrático emérito de Teología y Sagrada Escritura. La verdad es que la tregua en las broncas políticas cotidianas de España apenas duró unas horas. Los medios de comunicación tampoco estuvieron todos a la altura. Alguien habló de su «sanchidad» y hubo quien dijo que el Papa es tan feo que «tiene cara de rana». Sin comentarios.
Un mundo alejado de Dios
«La Iglesia de Madrid ha marcado un golazo para siempre» le dijo públicamente el Papa, en el estadio Santiago Bernabéu, al arzobispo José Cobo, muy bien visto en el entorno del pontífice americano pero no bien querido entre la mayoría del episcopado español así como en los círculos más conservadores de la Curia del Vaticano. La misión popular de León XIV en la capital de España tuvo uno de sus momentos fuertes en la reconstrucción de la tradicional procesión del Corpus Christi por la calle Alcalá. Se trata de promover el retorno de Dios a las calles de un mundo alejado de Él. Es la misión que la Iglesia Católica se ha propuesto llevar a cabo en los países occidentales de antiquísima tradición cristiana. En ellos están surgiendo movimientos religiosos como la llamada teología de la prosperidad que viene a hacer de contrapunto a aquella teología de la liberación que nació en Latinoamérica. «La teología de la prosperidad, que pretende basarse en la Biblia, es un uso alienante de la religión, que confiere buena conciencia a los ricos, porque su bienestar se considera como un premio divino a sus méritos, y a los pobres les estimula para que salgan de esa situación, interpretada como un castigo divino, siendo trabajadores y ciudadanos eficaces y obedientes». En contra de esta corriente, detallada en el libro ‘La utilización política de la Biblia’ de Rafael Aguirre, parecen haberse pronunciado abiertamente los dos últimos Papas.
En Barcelona, el Papa vivió una liturgia de apertura, emanada de las disposiciones del Concilio Vaticano II. Todo con sello de autor en el cardenal bajoaragonés Juan José Omella, arzobispo de Barcelona. El actual prelado de la principal diócesis catalana vivió en cuerpo de comunidad pastoral con los sacerdotes ya fallecidos, Edilio Mosteo y José Alegre, primero en Daroca y durante muchos años en Alcañiz. El rezo y canto de la hora sexta del Oficio Divino en catalán, con el que se inició la visita a la ciudad condal, fue como una multitudinaria reproducción de aquellas celebraciones de la palabra que en otros tiempos se organizaban por los pueblos del arciprestazgo de Alcañiz, repartiendo entre los fieles unas hojas con los salmos que ellos mismos recitaban a dos coros. El Papa utilizó en varios momentos el catalán porque siente sensibilidad por los fenómenos bilingües en todo el mundo y conoce, por ejemplo, el ‘quechua’ que aprendió en Perú.
Valentina, la invidente que se explica muy bien
El momento culminante de la visita del Papa a Barcelona y para muchos de toda su estancia en España, fue el de la inauguración de la torre de Jesús en el templo de la Sagrada Familia, con motivo del centenario de la muerte del arquitecto Antoni Gaudí. Los Reyes de España y el presidente del Gobierno con 14 ministros asistieron a la misa pontifical tras la que se montó en el exterior de la basílica un espectáculo nocturno de luz y sonido que maravilló al mundo entero y que, según Omella, «nos ha impulsado a renovar el espíritu de comunión y familia que marcaron los Juegos de 1992». En el cielo de Barcelona apareció el busto punteado de Gaudí y rotulada una de sus máximas: «Primer l’amor, després la técnica». Pero el momento más entrañable se produjo al principio de la larga velada cuando una niña de 12 años parcialmente invidente, Valentina, explicó la maqueta de la cruz que corona la nueva torre, con la ayuda espontánea, maternal y regia de la reina Leticia.
Los puntos negros de la visita, que los hubo, se encuentran especialmente en torno al tema de los abusos sexuales practicados por eclesiásticos. El Papa llamó ‘plaga’ a este asunto que solo abordó ante los obispos de la Conferencia Episcopal, a puerta semicerrada. El acto del Estadio Olímpico de Montjuit tuvo algunos momentos de exageración morbosa como cuando una mujer confesó, ante 40.000 personas, haber estado a punto de suicidarse como consecuencia de un estado de depresión. O cuando una estudiante de Derecho de 20 años desveló que su padre estaba en la cárcel por haber intentado matar a su madre y acabar con la vida de quien salió en su defensa. Fue un exceso de celo espiritual que la Iglesia haría bien en controlar.
Lo peor del viaje se produjo en la tarde tinerfeña del último día. Los medios de comunicación han echado un ‘tupido velo’ sobre el hecho de que el Papa tuviera que emprender el regreso a Roma con tres horas de retraso y en un avión Falcon prestado por el Rey. ¿Fue una simple ‘peripecia final’ que se detectara una avería en el avión de Iberia en el que León XIV tenía que regresar al Vaticano? ¿Es posible que en un viaje tan organizado no se disponga de un avión de repuesto? El Papa dio las gracias a la tripulación del Falcon de Felipe VI «por habernos salvado». ¿Qué es lo que pasó de verdad? Preguntas que seguro tendrán respuestas a través de los medios de comunicación en los próximos meses.
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