
En el Bajo Aragón, la pobreza energética no es una palabra técnica: es una manta sobre un sofá, una habitación clausurada por el frío o una noche de insomnio en verano y una factura que llega como un jeroglífico. Elisa Gargallo, responsable del Área de Vulnerabilidad de Cruz Roja Bajo Aragón, atiende cada semana a familias en riesgo de exclusión social que no pueden afrontar los suministros o que se ven obligadas a destinar una parte desproporcionada de sus ingresos a mantener la casa a una temperatura mínimamente habitable. Desde Cruz Roja, la intervención consiste en ofrecer información, asesorar en la tramitación del bono social, talleres de eficiencia, seguir cada caso y, cuando es posible, kits con materiales sencillos para reducir las pérdidas de calor y el consumo. Gargallo insiste en una idea: sin comprensión de la factura y sin orientación, la vulnerabilidad se convierte en un laberinto.
P. ¿Para situarnos, Elisa: cuando hablamos de pobreza energética, ¿de qué estamos hablando exactamente?
R. De la incapacidad que tiene un hogar para pagar los servicios de los suministros. Y también de cuando se destina muchísimos ingresos a pagar las facturas y a mantener la vivienda en condiciones óptimas.
P. ¿Ha cambiado el perfil de quien sufre esa pobreza energética? ¿A quiénes estáis llegando desde Cruz Roja?
R. El perfil suele ser básicamente el mismo desde 2023. Son familias que no disponen de ningún sistema de calefacción, en el caso de invierno, o en el caso de verano, o que tienen un riesgo de exclusión social y son altamente vulnerables.
P. Cuando dices «vulnerables», ¿qué particularidades destacarías en la zona? ¿Dónde se nota más?
R. Te diría que familias donde hay menores. Familias numerosas, donde encontramos a los progenitores y a los menores. Por eso es importante actuar con ellos, porque muchos menores sufren esta pobreza energética. Y es verdad que la mayoría que vienen son mujeres.
P. La pobreza energética no solo se da en invierno, también en verano ¿Se os presenta así?
R. Sí. Tanto por aire acondicionado como para mantener la vivienda en condiciones buenas para pasar el calor. Muchas veces nos encontramos ventanas mal aisladas, que no tienen persianas…y eso influye muchísimo.
P. En la atención diaria, ¿cuál es el primer síntoma que os hace sospechar que hay pobreza energética aunque la familia no lo nombre? ¿Cómo llega el caso a Cruz Roja?
R. Principalmente ellos sí que nos dicen cuál es su situación, su exclusión social. Y muchas veces, como son tan vulnerables, se les hace una información y un asesoramiento en la gestión de cada caso. Como hacemos una intervención integral, se abordan diferentes temas y ahí suelen aparecer la pobreza energética.
P. ¿Qué os cuentan sobre las consecuencias?
R. Sí que es verdad que muchos vienen y se les ve ya cuando acuden a nosotros su problemática. A veces preguntan si hay estufas, por la luz…Y también les damos un kit de ahorro energético: para cerrar bien las ventanas, aislar las puertas. Ellos lo agradecen muchísimo, porque muchos te cuentan situaciones que viven en el día a día y ni te las podrías imaginar.
P. ¿Qué te gustaría que entendiera la gente que nunca ha pasado frío en casa? ¿Qué mitos habría que romper?
R. Es difícil explicar, porque cuando vienen y te explican la situación, ni tú misma te lo puedes creer. Pero te cuentan que una familia está en un sofá con una manta y tienen que dormir ahí porque no pueden dormir en una habitación de lo fría que está. O que pasan el día en la biblioteca porque no tienen calor en casa. Y en verano lo mismo: no pueden estar en casa, no duermen…
P. Hablemos de soluciones concretas. ¿En qué consiste ese kit y cómo puede solicitarlo alguien interesado?
R. Desde Cruz Roja nos dieron unos 30 kits. Llevaban cosas para el ahorro energético: mantas eléctricas, cintas aislantes para las puertas y las ventanas, ladrones… porque muchos utilizan muchos enchufes y eso también agota la energía. Y también se les da un asesoramiento por parte de Ecodes: hacen una encuesta para ver cuál es su situación actual, si conocen lo de pobreza energética y las estrategias que podrían hacer frente. Luego se les hace un seguimiento para ver si su situación ha cambiado, si sigue igual, y para seguir con ellos.
P. Detrás de cada factura hay un mundo. ¿Qué es lo que más confunde a las familias?
R. Básicamente vienen con la factura y no entienden nada. Les tienes que explicar todo lo que conlleva la factura. Tú les preguntas y lo único que conocen es el precio que tienen que pagar. Muchas veces no saben ni por qué tienen que pagar ese dinero. No entienden ni los kilovatios ni nada.
P. ¿Qué tipo de cambios recomendáis para que se note de verdad a final de mes?
R. Que se den cuenta de lo que viene en la factura. Es decir, cuando ven que la factura es muy alta, explicarles por qué ha sido tan alta y estrategias para bajarla. Por ejemplo, no hacer la comida con tres fogones, solo con uno. O estar en una habitación y no encender todas las luces de todas las habitaciones. Y mantener la casa a una temperatura ambiente normal: no ponerla a 25 grados y luego bajar. Darles recursos para que sean conocedores de cómo hacer frente a esa factura.
P. Cuando una familia está al límite y hay riesgo de corte, ¿cómo se activa la protección y qué papel jugáis?
R. Nos coordinamos con Cáritas y con Comarca para hacer frente a esas facturas sin pagar. Si tienen bono social, aunque tengan aviso de corte, no se lo van a cortar porque son personas vulnerables. Cuando no conocen el bono social y deben muchas deudas, la situación es muy preocupante y ya nos coordinamos para ver cómo hacer frente a esas facturas.
P. Mirando al futuro: si pudieras pedir medidas realistas para el Bajo Aragón, ¿qué pedirías? ¿Y qué puede hacer un vecino para colaborar?
R. Información. Información y que la gente sepa de lo que se trata. Mucha gente no sabe lo que significa una factura: le llega una de 60, 70, 80 o 100 euros, se paga, pero no se sabe por qué. Por lo tanto, más información y más asesoramiento.
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