Estamos asistiendo en directo al colapso de los macroproyectos de energías renovables que, durante años, se anunciaron a bombo y platillo como la salvación económica de Teruel. Tanto el proyecto del Nudo Mudéjar en Andorra como los macroparques eólicos proyectados en diversas sierras turolenses se han ido desinflando progresivamente, reduciendo sus dimensiones de forma sustancial o, en muchos casos, abandonando por completo las previsiones iniciales de las empresas promotoras.
Actualmente, las sierras del Maestrazgo respiran más tranquilas. El sentido común dictaba que un entorno de tan alto valor paisajístico y natural no era el lugar adecuado para un desembarco masivo de macroparques eólicos. Más sorprendentes han sido las Declaraciones de Impacto Ambiental (DIA) que han recortado drásticamente el Nudo Mudéjar; un proyecto que prometía superar la potencia de la desmantelada Central Térmica de Andorra y que hoy se ha visto reducido a menos de la mitad de su capacidad original.
Creemos firmemente en la necesidad de abandonar los combustibles fósiles. Por un lado, para detener la emisión de gases de efecto invernadero que alimentan el cambio climático y, por otro, para erradicar la dependencia del petróleo, un recurso que no poseemos, sujeto a tensiones geopolíticas que lo vuelven altamente volátil, oneroso y con fecha de caducidad. Todo indica que la única salida viable para España es una apuesta firme por las energías renovables.
Sin embargo, el modelo actual, liderado por empresas ajenas al territorio con inversiones millonarias y fuertes impactos ambientales, está demostrando su agotamiento al ser paralizado por las normativas vigentes. Es el momento de repensar esta transición y crear una red extensa de cooperativas energéticas y centrales de pequeña escala. Solo así generaremos empleo real en nuestros pueblos, alcanzando la soberanía energética sin que ganen los de siempre ni tengamos que sacrificar, una vez más, nuestro territorio.
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