En 1993, Bill Murray protagonizó El día de la marmota, una película en la que vive una y otra vez el mismo día —el 2 de febrero— hasta que aprende a cambiar su actitud y su forma de ser.
Pues al Bajo Aragón Histórico le pasa algo parecido. Año tras año, nos despertamos el 1 de enero enfrentando los mismos retos que el año anterior y contemplando las mismas promesas políticas incumplidas.
El hospital de Alcañiz comenzó en 2017, pero la finalización de las obras se retrasó hasta 2025. Después vinieron las obras del vial de acceso, que también se alargaron. Y ahora estamos en pleno traspaso de un hospital a otro. En resumen: con el mismo reto que nos despertaba en enero de 2025, nos levantamos en enero de 2026, soñando con que el nuevo hospital funcione a pleno servicio.
Lo mismo ocurre con la transición justa, el proyecto Catalina o los proyectos de hidrógeno verde en la Comarca de Andorra. Cada año aparecen grandes proyectos, inversiones millonarias y la promesa de cientos de puestos de trabajo. Mientras tanto, la villa minera, que en 2015 contaba con 8 000 habitantes, hoy apenas supera los 7 000.
Otro clásico es la renovación del contrato con Dorna para la MotoGP de Alcañiz: buenas intenciones cada año, pero sin ningún acuerdo firmado.
Y, por supuesto, la A-68, el clásico de los clásicos. Una y otra vez nos prometen que las obras se acelerarán, que hay compromisos firmes… mientras todos observamos cómo los trabajos avanzan a cuentagotas. A este ritmo, llegarán a Quinto cuando las ranas críen pelo.
En el Bajo Aragón, parece que vivimos en un eterno día de la marmota: los retos, los retrasos y las promesas incumplidas se repiten, año tras año, mientras los ciudadanos seguimos esperando que, algún día, las cosas cambien de verdad.
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