
Cada 2 de marzo se celebra el día Mundial del Bienestar Mental de los Adolescentes con el objetivo de visibilizar la importancia de la salud mental en esta etapa de la vida y sensibilizar a la población sobre los riesgos que supone sufrir algún tipo de problema de salud mental en esta momento vital que supone la antesala de la edad adulta.
En la actualidad, en un mundo marcado por la incertidumbre y los constantes estímulos de todo tipo, la infancia y la adolescencia son etapas especialmente vulnerables a los desafíos que presentan nuestras sociedades. Según el último informe elaborado por Unicef España en 2024, 4 de cada 10 adolescentes manifiestan haber tenido o creer haber tenido un problema de salud mental en los últimos doce meses. De estos adolescentes, 1 de cada 3 no ha hablado con nadie sobre estos problemas y más de la mitad no ha buscado ayuda por creer que lo único que les puede ayudar es que pase el tiempo, porque no confían en los adultos de su entorno, o porque no saben qué les pasa o dónde acudir. Estos datos nos ofrecen una valiosa información acerca del estigma que todavía existe hoy en día sobre los problemas de salud mental, dificultando a los y las adolescentes la identificación de los mismos y acceso a recursos y profesionales que puedan ofrecer ayuda en momentos de dificultad.
Entre los problemas externos que destacan como predisponentes en el desarrollo de problemas de salud mental en la adolescencia, destacan los problemas de bullying y los problemas familiares. Entre los factores internos, destacan los problemas de autoestima y autoconcepto, el abuso de sustancias adictivas, problemas de salud física o problemas económicos. La mayoría de estos factores predisponentes se pueden prevenir mediante una educación emocional que permita a los niños gestionar de una forma adaptativa las circunstancias a las que se van enfrentando a lo largo de la vida. Para ello, es necesario que la sociedad empiece a dar importancia a la salud mental, deje de verse como un tabú y se empiece a hablar de ella, ya que es el primer paso para desestigmatizar un tema tan relevante como la salud mental y emocional. A partir de ahí, es imprescindible que se destinen recursos al sistema educativo y sanitario para promover competencias en padres y niños que favorezcan la prevención de problemas de salud mental desde la infancia. Debemos tener en cuenta que sin salud mental no hay salud.
Todo problema de salud mental implica sufrimiento y muchas veces, los y las adolescentes solo necesitan que se les mire, se les tenga en cuenta y se dé importancia a lo que están viviendo, sin menospreciarlo desde la perspectiva de una persona adulta. La adolescencia siempre ha sido considerada como una etapa de rebeldía y, en realidad, se trata de una etapa en la que las personas creamos nuestra propia identidad, y esto implica rebelarse a veces, y sentirse incomprendido muchas otras. Esto, en sí, ya genera malestar, por lo que intentemos, como sociedad, que los y las adolescentes se sientan acogidos y acompañados en esta etapa que, si se vive de forma adecuada, puede resultar apasionante.
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