

Vivimos en una zona con una rica variedad de paisajes, destacando entre ellos, uno que no suele ser muy bien comprendido: el paisaje estepario. Entendemos por paisaje estepario, el ambiente geográfico que corresponde a un territorio de vegetación herbácea y arbustiva, propio de climas extremos con escasas precipitaciones. En Aragón tenemos varios ejemplos como la zona de Monegros, las parameras turolenses o las llanuras de la depresión del Ebro y sus zonas adyacentes; este último es nuestro caso y desde la zona oeste del término de Alcañiz junto con los territorios más hacia el oeste componen un paisaje estepario que puede observarse desde la propia carretera que se dirige hacia Zaragoza y hasta el límite provincial. Estas estepas bajoaragonesas conforman un paisaje llano y ondulado con apenas vegetación arbolada y con abundantes matas y matorrales adaptados a suelos yesosos y salinos.
Con esas condiciones climáticas y con vegetación herbácea y arbustiva, la vida animal es también muy difícil y específica, habiendo una amplia diversidad de insectos y arácnidos; pero un grupo zoológico de gran importancia e interés son las aves esteparias, un grupo de aves poco llamativas y poco coloridas que viven en el suelo donde procuran pasar desapercibidas ayudándose de sus colores térreos y grisáceos, mimetizándose perfectamente con los colores de la tierra. Especies emblemáticas de la estepa son la avutarda, el sisón, la ganga ibérica, la ganga ortega, la alondra ricotí, la calandria, las cogujadas, …
Estas aves están perfectamente adaptadas a este tipo de paisajes abiertos, casi siempre áridos, dependiendo su vida y su propia supervivencia de una adecuada sintonía con los usos tradicionales del suelo como el cultivo del cereal en secano y del pastoreo extensivo, usos que durante siglos se han ido realizando. Hoy en día las estepas aragonesas, ibéricas y europeas están desapareciendo a una velocidad alarmante: la alta mecanización del campo con merma de ribazos y zonas improductivas, la disminución de la ganadería extensiva de ovino y la industrialización de grandes superficies agrícolas para la instalación de placas fotovoltáicas son varias de las causas que están contribuyendo a esa desaparición.
Recientemente se han publicado varios estudios científicos que han revelado un panorama muy preocupante, 25 de las 37 especies de aves esteparias europeas, lo cual supone casi un 70 %, han reducido su área de distribución en las últimas décadas, después de haber estado en buen estado de prosperidad durante varios siglos. Las aves esteparias más amenazadas comparten unas características comunes que las hace especialmente vulnerables: Son de tamaño más bien grande, son de vida longeva y sedentaria, siendo sus hábitos de nidificación y alimentación en el suelo. Son por tanto muy sensibles a los cambios en el entorno, cambios que se están produciendo de forma muy significativa y rápida en los últimos tiempos.
En estas publicaciones referenciadas han participado más de sesenta especialistas y han puesto el punto de mira en los retos que se deben afrontar para la conservación de las aves esteparias. Han planteado diferentes medidas de protección de áreas fundamentales y de restauración de ecosistemas degradados, pero la clave está en promover estilos de vida humana sostenibles implicando para ello un compromiso político que implique una cooperación internacional.
El mensaje es claro: sin una reconciliación entre agricultura, desarrollo rural y conservación de ambientes tradicionales, las estepas y sus aves seguirán siendo las grandes olvidadas del paisaje europeo, y por tanto del paisaje ibérico y bajoaragonés.
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