
Es una famosa frase de la obra Hamlet de William Shakespeare, que significa que hay corrupción, decadencia moral o algo va mal en el gobierno o el estado de un país, y se usa metafóricamente para señalar una situación política o social incorrecta. La frase original es "Something is rotten in the state of Denmark" y fue dicha por el personaje Marcelo en el Acto I, Escena IV, al ver al fantasma del padre de Hamlet, indicando que el reino está en decadencia.
Como será que los tiempos parece que sean cíclicos y que vuelven a darse a los largo de la historia circunstancias y acontecimientos que parecen calcados de tiempos pasados o rememoraciones muy realistas de eso que hoy tanto éxito tiene como las recreaciones históricas. Pues pasados más de 400 años algo sigue oliendo a podrido en Dinamarca.
Uno de los mayores fondos de inversión del mundo tiene su sede en Dinamarca y capta los ahorros de miles de jubilados e inversores nórdicos, para generar una rentabilidad y devolverlos con sustanciosas revalorizaciones. Hasta aquí todo forma parte del sistema económico dominante y se puede decir que de la normalidad inversora. Con estos fondos se pueden hacer inversiones en armas, en petróleo, en nuevas tecnologías y un largo etcétera, también hay quien califica sus inversiones como limpias, sostenibles, verdes, aunque la realidad sea muy distinta, pues al final lo que se mira es si la rentabilidad supera el 6% como número mágico.
Hay proyectos aparentemente verdes, como el llamado Clúster Teruel, anteriormente Clúster Maestrazgo, que pretenden colocar energías mal llamadas limpias en espacios de gran valor ambiental, considerando que industrializar espacios naturales no degrada, sino que los llena de vitalidad y energía verde, aunque nada más lejano de la realidad, pues si se podría degradar un espacio se está limitando la vida en el mismo y se están eliminando valores que serían irrecuperables.
Si además todo esto se hace basándose en proyectos que presuntamente se han desarrollado de forma fraudulenta o que han pasado las preceptivas y nunca muy exigentes evaluaciones ambientales con prácticas ilegales e intervenciones de políticos para que no se vieran las afecciones y solo se destacaran los beneficios, aunque fueran inexistentes, lo que coloquialmente se llama con influencia de amiguetes o de gestores comprados. Es lo que parece se ha dado en el Clúster citado y que no lo dicen unos ecologistas raros, sino que lo acreditan los propios funcionarios que debieron tramitar esos proyectos y tiene serias sospechas las fuerzas de seguridad, como acreditan sus informes, que no visitan las empresas si no hay fundados indicios de algún tipo de práctica ilegal.
Si realmente la sostenibilidad y el buen uso de los recursos económicos de los ciudadanos de Dinamarca y de los países nórdicos, es lo que mueve a CIP para obtener una rentabilidad que sea ética , lo que tendrían que hacer ante las sospechas que se han levantado, de forma bastante clara y por la UCO, es analizar todo lo publicado, poner en cuarentena el proyecto hasta que se aclare judicialmente y para mayores garantías abandonar el proyecto y destinar los fondos a acciones más respetuosas y hasta se podría decir que más rentable.
Mientras escribíamos estas opiniones leemos que la primera ministra danesa Mette Frederiksen afirmaba que “estaban robando la infancia a nuestros niños : los gigantes tecnológicos”. Es una clara visión y se puede trasponer a están robando nuestros paisajes y territorios los gigantes económicos, representados en fondos de inversión como Copenhaguen Infraestructure Partner (CIP), pero ahora aplicado a la provincia de Teruel y a sus territorios. Apliquen la visión de la primera ministra de su país y no roben el territorio y sus biodiversidad a los paisanos del Sur.
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