#JoséAntonioOliván - Adacanumab no consigue las expectativas generadas


Adacanumab no consigue las expectativas generadas

La nueva molécula, aunque con algún resultado, no mejora significativamente la cognición de los pacientes


La prensa científica está que hierve. Después de muchos años de parón farmacológico parece que alguna buena nueva quiera iluminar el panorama desolador de las terapias para la enfermedad de Alzheimer. Pero, más allá del titular, la noticia nos deja fríos y algo desconcertados. La nueva molécula (Adacanumab) parece que consigue eliminar el sustrato patógeno de los cerebros con enfermedad de Alzheimer pero no se ha comprobado que esto suponga una mejoría significativa en la cognición, ni está libre de efectos secundarios, alguno de ellos graves, ni el precio (40.000 euros al año) parece asumible para una familia media ni para un sistema de salud público. Mientras tanto (esperemos que el Adacanumab sea la llave que abra las puertas de futuros tratamientos) nos conformaremos con las terapias farmacológicas actuales que, para ser sinceros, ni son la panacea, ni son baratas.

La enfermedad de Alzheimer es una enfermedad muy compleja y afecta a un órgano que también es muy complejo; la solución llegará, pero no de forma inmediata. Mientras esperamos: con esa vieja mentalidad de “tiene que haber alguna pastilla que me arregle esto” bien haríamos en dedicar tiempo, espacio, dinero y atención a las otras opciones que han demostrado ser efectivas en el cuidado de los enfermos con demencia. Más allá de la química, los programas de detección temprana del deterioro y las actuaciones no farmacológicas consiguen ralentizar la evolución de la enfermedad y mejorar la calidad de vida. La medicina actual no puede entenderse si no es desde un punto de vista holístico: las terapias de rehabilitación y estimulación cognitiva, los programas de exploración emocional, las técnicas de comunicación no verbal, la reducción de la ansiedad y el conocimiento de la enfermedad por parte de los enfermos (aquellos que sean capaces de entenderlo) y de los familiares, redunda en una mejor atención y evolución de la enfer
medad. Más allá de las puntuaciones en un test de memoria, nos interesa que los pacientes con enfermedad de Alzheimer y su entorno estén mejor y sean más felices. Las terapias no farmacológicas consiguen estos objetivos de forma mucho más eficiente que los fármacos actuales. Y créanme, se pueden hacer muchas cosas, en este sentido, por bastante menos de 40.000 euros al año. Las autoridades sanitarias (y no sanitarias) deberían conocer y descubrir la realidad que existe, y potenciarla, más allá de la firma de una receta.■


José Antonio Oliván es neurólogo en el Hospital de Alcañiz y Presidente del Comité de Ética Asistencial del Sector de Alcañiz

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